Y sin embargo… TE AMO

 

Cuanto más nos acercamos a nuestra propia coherencia actuando de forma íntegra con ella, el exterior parece volverse loco. ¿Cómo es posible que cuanto más sinceros y transparentes somos con nosotros mismos provoquemos un movimiento de alejamiento en el entorno?

 

En esta semana he tenido varios episodios que me han sorprendido.

Me he visto en medio de conversaciones en las que se criticaba la forma de ser y de actuar de alguien que para mí era un gran maestro. Ante esas afirmaciones que parecían sentencias mi cuerpo no podía dejar de sorprenderse, o más bien mi mente. Cuando el vómito de juicio paró, mi cuerpo permanecía en silencio, todo aquello era algo que no tenía nada que ver con lo que yo había vivido. Fue precioso sentir que no me afectaba. Podrían despotricar a gusto, pues todo iba cayendo en el vacío. ¿Cómo podían cuestionar mi vivencia? Ni siquiera me lo planteaba. Mis palabras fueron escasas y honestas. Sin más intención que la de transmitir mi perspectiva de esa realidad. Con mucho amor, di las gracias por la compañía y seguí con mi día. Cuando volví a encontrarme con esta persona, mi apertura hacia ella era incluso mayor. Nada emborronó la claridad de la comunicación.

 

Para mí fue un regalo. Pues las conversaciones siguieron y los temas debatidos seguían alejándose de mi verdad… y sin embargo, el profundo respeto de la escucha y la presencia no me abandonó en ningún momento.

Es posible estar presente en aquello que difieres y además, puedes continuar expresando amor.

 

¿A dónde me llevó esto? A la vida y a todas aquellas situaciones que nos transportan a lo que no queremos vivir, a sentirnos ahogados por la falta de entendimiento y de integridad, a lo que nos corta nuestra libertad y provoca reacciones desconocidas en nosotros mismos.

Muchas veces lo llamamos caos, y muchas otras nos cuesta encontrar una etiqueta… no importa, sé que todos sabemos de lo que hablo.

 

El hecho de sentir la verdadera sensación de habitar el silencio desde el no juicio, sino todo lo contrario, desde el profundo comprender de la propia falta de información y la no consciencia, me mostró que era posible y que ya no había excusa para vivirlo en los momentos más comprometidos. Aquellos en los que la diana no es la persona que amas, sino tú mismo.

 

Unos días después, recibí un nuevo golpe. Esta vez iba directo a mí: una larga lista de desacuerdos, críticas y juicios me llevaban a una celda sin pasar por el banquillo de los acusados. Estaba acostumbrada a ello, pero esta vez me vino de forma inesperada.

 

“Estar a la escucha aceptando el silencio”

 

Mientras leía la sentencia, volví a resonar con aquella conversación de días anteriores. Esta vez me tocaba un cambio de perspectiva. Lo observé y escuché lo que el eco de esas palabras despertaba en mí.

Fue una joya. Comprendía que no necesitaba justificar mis acciones sino más bien dar las gracias porque a consecuencia de esa reacción había podido descubrir que ciertas formas de ser y de mostrarme ante la vida puede provocar este tipo de sentir y por ello, es necesario enriquecer mi propia comunicación con nuevo vocabulario y con acciones que lleguen con más claridad y no creen malentendidos.

No había intención de cambiar ningún tipo de perspectiva en el otro. Tan sólo ser capaz de nutrirme de aquello que no soy consciente, y que precisamente esa situación está sacando a la luz. La necesidad no es el ataque sino lo que ha hecho que esto tenga lugar.

La experiencia es la única que puede mostrarnos todas las posibilidades. Es a través de ella que podemos descubrir el abanico tan inmenso que las personas podemos ofrecer ante una misma situación.

 

La escucha es la clave. Si la pones en práctica todo cambia de enfoque.

La escucha hizo que no entrara en el debate de mi defensa ni justificación. Acepté el silencio.

La escucha permitió que viera lo que había detrás de la situación. Acepté que todavía puedo seguir aprendiendo de estas situaciones y encontrando lo que no soy consciente.

La escucha consiguió que no hubiera culpa ni tristeza por la falta de comprensión.

La escucha no pidió más. El aprendizaje era el tesoro de ese desencuentro y malestar. Lo tenía, ahora sólo quedaba un paso, ponerlo en práctica.

 

¡Cuántas veces nos enganchamos con la propia vida creando un bucle destructivo de reproche y justificación!.

Unas veces la situación externa es obvia. Otras, no tanto.

 

Sea cual sea la situación y de dónde venga… sostén la escucha. Sólo en ella nuestro agua mantiene un estado de calma imprescindible para que seamos capaces de sentir la vibración que refleja lo que ocurre en nuestro interior.

¿Seremos capaces de sostener el silencio?

Para mí todo lo que produce un caos interno tiene como objetivo pulir nuestra capacidad de amar, amándonos. Ser capaces de acoger la tormenta, sentirla en la piel y dejar que circule por ella hasta reposar en ese lugar que todavía desconocemos en nosotros.

Estar abiertos a atender con hospitalidad el silencio que nace cuando nos topamos con una nueva verdad. Por una parte el silencio que corta cualquier enganche con lo que te desestabiliza, por otra el silencio que no espera el cambio de un exterior, y sumado a ello, el silencio que necesitas para seguir profundizando en la herida o en el impacto que te ha producido el contacto con lo inesperado.

 

Hay ocasiones que el caos es la gran cantidad de acontecimientos desestabilizantes que se solapan en tu vida. Otras, la falta de respuestas.

El caos puede ser regido por el ruido o por su ausencia. Unas veces es la tormenta la que te atormenta, pero muchas otras es la sequía la que te angustia.

No se trata de lo que ocurre sino de cómo lo vivimos. Por ello… pase lo que pase, el antídoto sigue siendo el mismo:

 

“Estar a la escucha aceptando el silencio”

 

Hay un dicho que me ha acompañado estos días: Cuando no sepas la respuesta, abre un libro.

 

Para mí, es la vida la que se encarga de darnos el capítulo necesario para que despertemos a una nueva parte oculta en nosotros. Cuando nos siente atascados, nos envía el ruido. Cuando nos ve dormidos, nos saca de la calma. Es así. La vida abre capítulo pero somos nosotros los que necesitamos pasar página habiendo leído entre líneas. De no ser así, viviremos La Historia Interminable, repitiendo capítulo con diferentes personajes.

 

Por ello, ahí va la invitación:

Permanece a la escucha, aunque no puedas entenderlo.

Permanece a la escucha, aunque no puedan entenderte.

Permanece a la escucha, incluso cuando no la encuentres.

Pues sólo a través del silencio podremos reconocer el ruido, y sólo en el ruido encontrarás la esencia del silencio.

 

Que el caos sea una oportunidad para acercarnos a él cuidando la escucha, abiertos al silencio de la no expectativa de cambio externo y a la suma delicadeza de ahondar en nuestro sentir.

 

Y no olvidéis que cuanto más silencio encontramos en nosotros debido a una relación más íntegra y coherente con nuestros principios y nuestra verdadera responsabilidad, mayor tsunami ocasionamos en nuestro entorno, pues cuando un punto se alinea y se coloca en su lugar correcto, el resto, se ve obligado a modificar su posición, y esto, no es tarea sencilla.

Verse requiere esfuerzo. Gratificante y liberador, pero esfuerzo.

 

En nosotros está permanecer en la escucha y en el valor de mantener lo válido y real en nosotros.

 

Bello viaje y tierno aprendizaje.

Que la suavidad del agua flexibilice cada espacio con el que impactemos.

Y que la propia vivencia, sea el regalo.

 

Con silencio y profunda gratitud

 

Noelia