VUELTA «al Hogar»

Dar a luz en la oscuridad… renaciendo en la muerte.

Ser consciente de que nada de lo que antes fue sirve y de que lo que era ya no es, es un gran paso. Pero no termina ahí. En realidad sólo es el comienzo del primer paso hacia la acción. Cuando sentimos esa realidad de “nada de lo que sabía sé, ni nada de lo que conocía es útil”, podemos llegar a vivir un gran espacio de vacío sin base alguna. La sensación podría compararse a una falta de tierra, una ausencia de un punto de apoyo, de referencia, de hogar…

 

Es cierto. Morir en vida tiene grandes consecuencias. Y más aún cuando la mayoría del planeta decide hacerlo al mismo tiempo… Volver a nacer en un mismo cuerpo requiere una firme voluntad de permanencia frente a la frustración o la falta de entendimiento de tu propia manera de funcionar.

¿Estás en un momento en el que sientes que necesitas aprender a vivir de nuevo?

Esa señal es la clave. Si lo vives así, bienvenido a la vida.

 

No ha aprendido las lecciones de la vida quien diariamente no ha vencido algún temor.

 

Para ser capaces de volver a encontrar nuestro cuerpo como nuestro hogar es preciso transitar un soltar total del enganche al pasado, sumado a un agradecimiento profundo hacia él.

Un cambio real a nivel interno genera cambios paralelamente a nivel físico. Provocando que se vea afectada tanto nuestra forma de movernos como de expresarnos hacia el mundo. Puede que nos veamos sin fluidez de palabra o sin posibilidad alguna de escoger lo que antes deseábamos. Los gustos evolucionan, las preferencias tienen otro nivel de consciencia. Es como si el que dirigiera toda la orquesta de nuestra vida hubiera tomado un rumbo muy diferente al acostumbrado, siendo completamente íntegro a una verdad profunda a la que sólo tú tienes acceso.

 

En estas circunstancias podemos llegar a creer que ya no tiene sentido nada de lo que hemos hecho hasta ahora. El viaje es otro, y sus necesidades también.

 

En este espacio tan delicado, es imprescindible darnos la atención que precisamos pues, el propio movimiento de soltar y de desapegarse de ello, nos impulsa hacia una tierra de nadie. Y si nos dejamos en ella, podemos, literalmente, perder el rumbo y el sentido.

 

Morir es un regalo. Y hacerlo de forma consciente uno de los mayores logros de todo ser humano. Tras ello, viene la gran decisión: me quedo o me marcho. Porque morir es sencillo, lo que nos cuesta es conectarnos al viaje de nuevo sabiendo todo lo que hemos hecho con nuestra libertad, tanto a nivel individual como colectivo.

 

Pero si morir es un regalo, nacer es el mayor acto de amor que puedes concederte en este momento. Y esto, me lo digo a mí misma. Pues así lo vivo. Crear hogar donde antes ha habido conflicto, dolor, tristeza, desengaño, frustración y miedo, es la forma más hermosa de dar a luz.

 

Dar a luz, supone un movimiento de total inclusividad pues son tus sombras, tus profundidades y heridas las que te reciben de nuevo para comenzar desde una perspectiva diferente.

Tu luz es acogida por la penumbra y esto hace que tu hogar esté estructurado por unas memorias que te condujeron al gran cambio en vida sin tener que derribarlo. Has sido capaz de mudar tu vibración sin cambiar lo externo. Para así desde esa nueva claridad acompañar a la oscuridad a través de actos guiados por el amor, a crear nuevas realidades físicas sin una intervención directa sobre ella en sí.

 

¿Seremos capaces de aprovechar este nuevo día para sentir que ese nuevo yo que habita en este cuerpo, cuida de él, confiando y amando cada parte que le cobija?

¿Seremos capaces de dar luz a cada uno de sus rincones donde se archivan memorias pasadas?

¿Podremos confiar en nuestra nueva oportunidad de dar fruto desde nuestras propias semillas que un día se crearon y por temor se resguardaron al cobijo del temor?

¿Podremos inspirar a que lo oculto se exprese sin miedo a que la luz lo encasille como oscuridad?

¿Encontraremos la voluntad precisa para disolver los límites ficticios que aíslan y escalonan lo indivisible?

¿Nos daremos el regalo de volver a nacer en este cuerpo, fieles a la integridad de unificar nuestros pedazos rechazados, acogiendo y reconociendo nuestro hogar?.

 

Es imprescindible que nos demos la oportunidad de dar luz a nuestra tierra, confiando en que nuestro cuerpo es el terreno más propicio para que nuestros dones florezcan acompañando el sendero que la vida trace para ellos.

 

A veces creemos que lo que hacemos es sólo una gota en el mar, pero el mar sería menos sin esa gota.

Santa Teresa de Jesús

 

 

El temor puede paralizarnos si nos salimos de él, pero si lo incluimos como parte de nuestro hogar emergerá el movimiento delicado de la ternura. Pudiendo desde ahí, ser exquisitamente cuidadosos con nuestra relación con el exterior.

Si vemos el miedo como un radar que nos sintoniza con lo que está ocurriendo fuera, podremos rápidamente sintonizar nuestra frecuencia amorosa internamente para que nuestros actos puedan inspirar al resto hacia la vuelta al hogar de la confianza y el amor.

 

Sin más palabras, me despido con un enfoque sensible y cuidado hacia la forma en la cual restablezco mi vuelta a casa, unificando mi luz a la oscuridad que se percibe cuando estoy fuera de mi cuerpo.

 

Enciéndete y sentirás que tu cuerpo sólo es el espacio para que tu luz se reconozca en cada rincón.

 

Con profundo respeto me uno a cada uno de vuestros caminos desde el amor de aprendiz.

 

Gracias por la oportunidad

 

Noelia