Vístete de vida, vístete de ti

 

Nuestras discusiones sobre lo que la vida nos va trayendo día a día pueden llegar a convertirse en nuestra forma habitual de relacionarnos con ella. ¿Hasta qué punto vamos a continuar estando en desacuerdo con este momento, y sobre todo, “con tu momento”?. Pues si a ello sumamos el número de ocasiones que observamos lo que les ocurre a los demás y a nosotros no… Vamos, que sí o sí, encontramos un pretexto para discutir con la vida y reclamar ciertas mejoras ante una larga lista de imperfecciones que forman parte de nuestra realidad.

 

A veces para facilitar las cosas necesitamos soltar muchas creencias sobre lo que ocurre y  sobre lo que sería mejor que sucediera.

 

Pedimos facilidad pero también pedimos lo que queremos, y que sea ya. El primer desorden está en este punto. ¿Sabes si lo que quieres es en realidad lo que quieres?. ¿Estás seguro de que conseguirlo va a hacer que todo sea fácil?. ¿El hecho de que todo llegue inmediatamente es lo mejor que te puede pasar; te va a liberar de algo?.

 

Antes de pedir necesitamos descubrir nuestras verdaderas necesidades y para ello es imposible saberlo sin estar conectado al momento presente en tiempo real. Cada momento es un nuevo espacio que aparece, no sólo de cara al exterior sino en nosotros mismos. Tratar de apresarlo con deseos o condiciones de un mundo ideal creado desde una perspectiva con base en un pensamiento, sólo puede traer mayores problemas y discusiones. 

 

La vida nos ahorra un gran camino si soltamos la queja y nos abrimos a ella. Desde niños hemos oído el reproche: “no puedes decir que no te gusta si no lo has probado”; puede que me equivoque pero no seré la única que lo haya pronunciado a un niño en algún momento. ¿Y nosotros?. ¿Corremos el riesgo de probar la oportunidad de vivir eso que se presenta o rápidamente negamos toda posibilidad de encuentro entre la realidad y tú?.

 

Cuando nos adentramos en el territorio del aire podemos reconocer grandes preguntas que nos conducirán a importantes reflexiones en cada uno. 

 

El aire se despoja de todo cuanto dificulta su trayectoria y le impide ser lo que es.

 

El aire nos brinda la opción de aligerar nuestra lista de deseos a través de la realidad. Pero cuidado, la realidad no es una tortura ni un castigo. La realidad es el puente más directo que nos entrega la vida para llegar a lo real en cada uno. Nuestra pasarela está lista para nosotros, paciente, confiada, serena, alegre, comprensiva y llena de amor. Está ahí, pero no puede venir hacia nosotros, pues nos desplazaría de nuestra propia capacidad de encontrarnos y de elegirnos. 

 

Póntelo fácil. Descubre qué despierta la facilidad en ti. Siente si en verdad es necesario que el exterior cambie para que la facilidad sea tu compañía. Observa qué es lo que impide soltar la dificultad y el conflicto. Muchas veces la insistencia por mantener ciertos criterios o verdades nos oprimen la posibilidad de disfrutar de la fluidez del soltar lo que ya no es. ¿Qué crees que puedes perder si permites que este momento pese a la intensidad de la situación pueda ser fácil, sincero y sin obstáculos?.

 

Los hechos son realidad y no dependen de ti. Tu toque especial puede hacer que la realidad de la realidad sea un verdadero gozo para ti. Recuerda que vives para ti. Que la vida pasa y tú tienes una posición privilegiada en ella. Descubrirlo no sólo es gratificante sino que es lo mejor que te puede ocurrir.

 

Vístete de vida, y comprueba qué eres dentro de su propuesta. 

 

Sólo así podrás descubrir qué es estar dentro de la realidad y lo que en verdad eres, necesitas y sumas en esa realidad. ¿Qué aportas?. ¿Qué nace en ti?. ¿Estás de acuerdo con ello?.

 

Justo en ese momento puedes identificar si ese personaje es el que tú has decido ser o si eres parte de algo que te cuesta incluso entender. Sea lo que sea es un privilegio pues has encontrado lo que estabas buscando y sin saberlo. 

 

 – Vístete de vida para que puedas vestirte de ti –

 

Nunca olvides que para poder vestirte de ti, es preciso vestirse de vida, y ello conlleva desfilar en pasarelas de alto riesgo, de dolor, de pérdida, de enfermedad, de desilusiones, de caídas y de fuertes emociones. Sea cual sea la que te ha tocado, sigue confiando en ella sin despistarte deseando lo que no está en tu camino. Cada vez que te enfocas en lo ajeno te niegas tu mayor encuentro. Continúa contigo, incluso con tus propios desacuerdos hacia ti mismo y si te das lugar en la vida poniéndotelo fácil tú mismo escribirás las respuestas y las preguntas que te sigan inspirando hacia el siguiente evento.

 

Vestirse de sí mismo requiere darse un lugar exquisito desde la consciencia más alta que en ese momento eres capaz de alcanzar. No se trata de una acción con punto y final, sino que se trata de un gran viaje que dura toda la vida. Cada etapa te trae nuevas oportunidades para seguir desvistiéndote de ideales y alcanzar una mayor cercanía a tu autenticidad. Cuanto más desvistes tus deseos más cerca estás de tus necesidades, y entonces más cerca estás de ti y de lo que ya no te sirve.

 

Sé amable, sincero y comprensivo con todo cuanto se hace visible y sigue vestido de vida… sólo así podrás encontrar el sentido de ese encuentro y la finalidad que te ofrece. 

 

Vístete de vida y sabrás cómo embellecerla… a través de ti.

 

¡Disfrutemos de la pasarela de la vida!

Juntos siempre es más sabroso y gratificante.

Gracias por hacer que la posibilidad sea realidad a través de ti.

 

Noelia

 

Imagen perteneciente al retiro A solas conmigo: encontrando mi Soledad

Autora: Marta Casanovas Abril