UNA PALABRA TUYA BASTARÁ PARA SANARTE

 

Os propongo acompañarme en un juego.

Imaginemos que el cerebro actúa como un buscador de la información archivada a través de las vivencias. Teclea la palabra NEGACIÓN. Ahora permite que las diferentes escenas se posicionen en una lista. ¿Podrías decirme la cantidad de horas de tu vida que han sido dedicadas a la negación?.

 

Socialmente a través de diferentes frentes, se han encargado de tenernos encarcelados en pensamientos de culpa y de contención. La palabra pecado ha constituido un fuerte anzuelo para caer en las jaulas de las prisiones del control.

 

Conforme vamos despertando en nuestro caminar. Tomamos consciencia de la cantidad de falsas creencias que nos han condicionado, manipulando la verdadera danza de la libertad. Las formas de vida han sido tan arraigadas que se han incorporado al genoma transmitiéndose generación tras generación. Y entonces… llegamos nosotros. ¡La que tenemos liada!.

 

Es cierto, estamos repletos de historias que llenan mochilas que no nos pertenecen. Portamos infinitas cargas de temor y contención. Nuestro cuerpo físico almacena tantos datos de negación a la vida, que llegamos a confundir lo real con la apariencia.

 

Y gracias a ello, podemos disfrutar del proceso de reconocimiento íntimo y verdadero. Una aventura donde cada etapa se convierte en un gozo al liberar cadenas de una prisión que creías merecer.

 

Al echar la vista atrás, me topé con un gran descubrimiento. Sabía que había múltiples patrones que se repetían y que de alguna forma u otra era la responsable de crear un cambio para que no continuara arrasando la corriente del futuro.

Conocía la importancia de soltar lo que otros no supieron, de cuidar lo que nadie comprendió y de respetar cada paso que me precedía. De hecho, era parte de lo que estaba haciendo en mi día a día.

Sin embargo, encontré un aspecto muy específico que hacía que las cosas cambiaran de perspectiva. La forma en la cual me había movido dentro de esa sanación de la corriente de la cual venía, era a través de la negación.

Negación de mi cuerpo, negación en mis relaciones, negación en la propia búsqueda de mi sentido. Todo lo que había conseguido había sido impulsado por la negación. Debido a que mi cuerpo no era el adecuado para la danza, negué su naturaleza y lo moldeé bajo las necesidades de un exterior.

Para conseguir mi sueño, negué mis necesidades de adolescente, las cuales no tenían nada que ver con las del resto de mi entorno.

Muchos me decían que había sacrificado mi vida por un sueño. Pero yo no simpatizaba con ello. ¡Tan sólo hacía lo que amaba!. De hecho, lo que en verdad mi campo de actuación era negar mi propia necesidad tan fuera de lo común, para poder encajar a pesar de mi rareza. Me dejé llevar por el deber y dejé de sentir lo que era el pulso real que resonaba en cada espacio.

Sólo podía darme al sentir a través de la danza, fuera de ese ámbito los muros de prohibido el paso eran tan naturales que yo misma llegué a crearlos, creyendo que era mi propia naturaleza.

 

Y la historia siguió… y con ella, la maestría en camuflar la negación.

“Sabía” tanto, que anteponía el conocimiento a la experiencia. Dejaba de vivir para no pasar por lo que predecía. ¿Para qué perder el tiempo si sabía lo que iba a ocurrir?

 

Podría pasarme horas contando experiencias pero no es lo que pretendo.

Tan sólo quería aportar un pequeño apunte más. Hubo un momento en mi vida en el cual solté el control sobre el cambio. Dejé de buscar el cuerpo perfecto. Me aparté de la carrera de obstáculos por llegar a un lugar donde nunca era suficiente. Comencé a bailar para mí, a escribir para mí, a vivir para mí… y entonces, descubrí que me volví accesible.

Flexibilicé mi físico sin hacer nada para ello, encontré personas que vivían en la misma frecuencia, que me aceptaban y me consideraban su amiga. Para mí fue un punto de inflexión claro. Emprendí el camino de saborear lo que era Noelia. Conforme más accesible me hacía a mí misma más accesible me hacía al mundo.

 

Y la vida continuó… Los desafíos se intensificaban y al mismo tiempo mi fortaleza para no abandonarme en ellos. Cada experiencia despertaba un aspecto de mí del cual no estaba orgullosa, sin embargo acercarme a esa oscuridad me hacía pulir cualidades que antes había negado para no perder fuerza. La dureza externa, mostró la mía propia, dándome la oportunidad de descubrir mi dulzura, mi suavidad y mi ternura, a través de la escucha y el acogimiento, lo cual se compara a la ausencia de negación.

 

El camino no ha sido fácil, de hecho continúa. Y que así sea, pues cada vez que me vuelvo a topar de bruces con un nuevo patrón que me aparta de mi auténtica naturaleza y de mi más profunda necesidad de expresión, hay un espacio interno que me entrega una sonrisa mostrándome que todavía hay más por seguir descubriendo, por seguir acogiendo, por seguir mostrando y expresando.

 

Mi camino me ha traído a una realidad clara. Mi cuerpo físico es la tierra que sostiene toda la vorágine que vive a nivel emocional en su interior. Cuanto más fiel y más coherente es el vínculo con mi físico, mayor claridad y espontaneidad emana de mi mente para poder expresar las emociones que se despiertan en cada momento.

Así como me posiciono en mi cuerpo, así me posiciono en la vida: a nivel familiar, laboral, social, relacional…

 

De tal forma que todo se simplifica.

Si te alineas internamente el resto se hará por resonancia armónica.

Pulsa en tu tierra y la tierra que te rodea expresará su corazón.

Experimenta íntegramente y serás tierra fértil para que otros corazones encuentren su lugar.

 

 

… y una palabra tuya bastará para sanarte.

Ulha Maleva

 

Nadie puede hacerlo por ti.

Y a la vez, puedes hacerlo para muchos… pues basta que un punto de la red se encuentre y se ilumine, para ser referencia y “plaga” para el resto.

 

Que tu voz sea escuchada y transmitida a través de tu tierra.

Que nunca niegues aquello que vive en ti; que la experiencia sea la que te dé la respuesta y no el temor camuflado tras el control.

Conectada a cada uno, abrazo vuestra humildad y me inclino ante vuestra belleza.

 

Todo mi amor

 

Noelia