Tú eres el VIAJE que viaja

 

En el momento en que olvidas que tú eres un viaje que viaja, te estancas, y entonces, dejas de ser lo que eres para convertir tu realidad en algo ajeno a ti. Toda ausencia de ti tiene sus consecuencias. Sin embargo, todo olvido tiene un gran aprendizaje en su fondo, basta recuperar al viajero para que el viaje retome el rumbo y con él su sentido. 

 

¿Alguna vez has parado a sentir que el viaje no sólo es parte de la vida sino que el viaje eres tú mismo?. 

 

Para mí, cada uno de nosotros somos un viaje genuino y perfecto creado por dos viajes complementarios. Tu madre y tu padre, ofrendaron sus viajes para que su unión creara una nueva dimensión de sus propias corrientes de vida. Cada uno de nosotros somos la unidad creada a través de dos flujos de vida, que a su vez provienen de otros dos ríos de conciencia… ¡¿Puedes imaginar la magnificencia y la belleza del tejido creado por las corrientes que conforman la vida?!.

 

La característica principal de todo río es que mantiene su fluidez independientemente de la dificultad o de las cualidades del terreno por el que pasa. Podríamos destacar que el río siempre está de viaje. ¿Y si ese río fueras tú? ¿Y si fueras el único que puede responsabilizarse de su bienestar y de su existencia?.

 

Fluir no significa dejarse llevar sino más bien disolver toda resistencia al presente y sus características. Fluir es sinónimo de entrega a lo que es. Y en ese lo que es, entras tú. La fluidez no es pasiva, requiere de la voluntad del que la cuida. Quien fluye aporta su esencia y se responsabiliza de mantener su pureza ante cualquier experiencia. Para fluir es vital mantener vivo el movimiento en presente. Y cuando nos sentimos en ese tránsito reconocemos la similitud y la sincronicidad entre fluir y viajar.

 

¿Alguna vez has reflexionado sobre la cantidad de problemas que disolveríamos si recordáramos que nuestra misión es viajar y mantener vivo el viaje en nosotros?. ¿Puedes imaginar la energía que ahorraríamos al darnos cuenta de que tratar de mantener vivo un pasado en nosotros impide fluir y mantener una aptitud de apertura ante los cambios?.

 

Quien viaja, no sólo viaja en el terreno externo sino que se viaja así mismo. Si el agua no circula en ti, tú no puedes circular en la vida. Si te aferras y te estancas a un pensamiento, a una forma de ser, de actuar o de concebir la realidad, impedirás que la fluidez del viaje pueda darte lo que necesitas. 

 

En el momento en el que olvidamos que estamos de viaje, damos nuestro poder a las circunstancias cediendo nuestro lugar a cualquier aspecto que pueda parasitarnos. Cuando perdemos el rumbo, perdemos el agua en nosotros, nuestro sentir se seca porque la fluidez se ha estancado.  

 

La mente y sus imparables cadenas de condicionantes son capaces de hacerte creer que eres lo que no eres. Y una vez instaurado en la deriva de su control, el camino de regreso a tu fuente se hace más duro y complicado. 

 

Sin embargo, la vida proporciona multitud de creativas señales para mantenernos despiertos a lo que en verdad es esencial en nosotros. El momento de retorno está instalado en el presente. En cuanto permites que la consciencia se convierta en tu compañía regresas a ti y desde ahí, todo es posible.

 

Así que… ¡vayamos de viaje juntos gracias al viaje que cada uno cuida en sí mismo! Juntos las pruebas traen regalos hermosos, la dureza se desvanece con mayor rapidez y el gozo respira presente.

¡Bienvenido a ti!:

Cuando nos hacemos conscientes a nosotros mismos de qué lugar estamos ocupando momento a momento y de lo que hacemos en él, empezamos a ser capaces de identificar qué actuación es parte de un patrón que nos arrastra, o qué forma de ser aparece ante determinadas situaciones. Si nos permitimos observar con atención y con profundo respeto todo lo que comienza a manifestarse cuando nos hacemos visibles a nosotros mismos, o lo que es lo mismo, cuando nos damos el permiso de vernos sin velos ni trampas, podemos descubrir todo lo que existe en nosotros. Cada espacio de ti mismo tiene su propia inteligencia y su propia autonomía para relacionarse. ¿Alguna vez has sido consciente de la cantidad de vida que hay dentro de ti?. Cuántas veces te has preguntado después de actuar de una forma concreta tras una situación: ¿Yo he dicho eso?, o, ¿he actuado de esta forma?, ¿cómo es posible?. La rapidez con la que la información que vive en nosotros toma lugar en nuestro día a día es tal que ni nosotros mismos somos capaces de identificar qué parte de nosotros está liderando en esa situación. 

 

Decidir verse es un regalo que sólo uno puede hacerse, siendo completamente intransferible. Sólo tú puedes hacerlo por y para ti. Al tomar consciencia de ello, abrimos una puerta al sentir. Ya estamos aquí, a solas y con todo lo que hay en nosotros. Con ello, el sentir se hace presente y lo que veo y lo que siento me habla. 

 

En este instante preciso es cuando sintonizamos con nuestra sabiduría de la consciencia del agua en nosotros. El agua genera en cada uno una disponibilidad a la sensibilidad. Nos abre a nuestra capacidad de resonar con todo cuanto se hace presente y visible, si justo ahí, mantenemos una aptitud de serenidad, podemos aprovechar toda la información que llega a nosotros para un beneficio propio.

 

La serenidad es un estado que precisa profundidad, dulzura y plena fluidez. Si mantenemos estas cualidades en la acción la serenidad nos acompañará siempre y gracias a ella comenzará un bello viaje de comprensión y de claridad en todo cuanto suceda.

 

Muchas veces nos aplazamos por sentirnos incapaces de cambiar hábitos o conductas sumamente arraigadas. En ocasiones incluso podemos saber de dónde vienen y si son procedentes de nuestra corriente familiar. Pero el hecho de saberlo, no modifica el enganche a la reacción. Podría decir que cuanto más atención ofreces a disolver el patrón más fuerza coge.

 

Claramente, creemos que lo que creemos nos crea; y dicha situación nos encarcela y nos debilita. La clave radica en la esencia de la creencia. Atención a lo que viene: si creemos que lo que creemos nos dirige y nos lleva allá donde su propio control convenga, estamos creando una afirmación que nos está entregando una opción clara y concreta para dejar de estar ahí. ¿Qué ocurriría si salieras de la butaca del creer que el creer nos crea la imposibilidad?.

 

Cuando el sentir aparece en nuestro presente todo se simplifica. Lo único que necesitamos es acompañarlo con los amigos adecuados. Si en lugar de pretender modificar algo que creemos necesario, nos centramos en respirar de forma tan consciente y profunda que podamos recorrer y unificar cada uno de nuestros rincones, manteniendo su presencia fluida momento a momento, súbitamente, el cambio ya ha sucedido. La respiración para nosotros es el vehículo de la consciencia. En el momento en el que sientes que respiras en ti, por ti y para ti, ya has retomado la atención presente de la consciencia. Desde ahí, nada puede arrastrarte y todo puede enseñarte pues siempre estarás en el primer lugar de la fila, para tomar una decisión en la circunstancia que aparezca. Ahora, si añadimos los matices de conocer todo cuanto se despierta en ti ante esa situación, y puedes sentir el puro diálogo descontrolado de los patrones que buscan pasar a la acción cueste lo que cueste, estás ante el mejor espacio para seguir aprendiendo de todas tus facultades.

 

Tomemos una pequeña pausa para una reflexión. 

 

Cuando nos vemos, podemos apreciar si nuestros puntos débiles son la reacción a través del enfado, de la intolerancia, de la imposición de criterios, del orgullo, de la frustración, de la infravaloración, del miedo, del control, de la impaciencia, de la inseguridad, de la incapacidad de sostener la incertidumbre o el fracaso… Si profundizamos en esa visión podemos observar tales aptitudes en nuestros padres, y si seguimos podemos recorrer una larga cronología. 

 

Toda la información es muy valiosa si la llevamos a un lugar nutritivo. 

 

Desde la visión del agua me encantaría proponer una vía de relación con todos estos aspectos que nos impiden dar nuestra mejor versión para que precisamente sintamos que gracias a ellos podemos acceder con mucha mayor precisión a las cualidades desconocidas que están en nosotros.

 

Utilizando como idioma el movimiento, podemos reconocer rápidamente que todas las acciones tomadas desde un lugar que nos condiciona suelen tener una cualidad de dureza, rigidez, tensión y rapidez. Si a estas cualidades les entregamos la vivencia del agua, lo que ofrecemos a ese movimiento es una consciencia fluida, suave, continua, adaptable, respirada, siempre presente en todo cuanto acontece y se muestra.

 

¿Qué ocurriría si nosotros nos encargáramos de aportar aquello que falta en nuestra forma de ser ante las circunstancias?. Por ejemplo, si está sucediendo algo que te mueve por dentro y se están despertando los lobos en ti, no te enfoques en controlar los aullidos sino que pon de tu parte, esa cualidad suave, delicada, dulce, fluida que vive en ti. En el momento en el que eres tú quien aporta eso que sabes que no está o no se da por sí mismo, estás haciendo que ese momento en concreto, sea completo y armonioso. Si lo vives, descubrirás que tu movimiento amoroso disuelve el grito del animal herido. Una nueva consciencia toma cuerpo y lugar. El agua se adapta a lo que ocurre y fluye ofrendando todo lo que es, sin condición ni reservas. Si actuamos desde el mismo lugar, no será la corriente heredada la que decida por mí, sino que gracias a esa corriente que ya me tiene al corriente de todo lo que hay en mí y me muestra lo predecible que puedo llegar a ser, puedo también, sentir lo que falta, lo que completa, lo que también está en mí y en un pasado no tuvo protagonismo; es momento de aportar mi parte y de no resignarme a lo que asumo como única vía de relación, de acción o de ser. 

 

Caer en las suposiciones que otros tienen sobre nosotros o sobre las que nosotros tenemos sobre nuestra realidad, sólo nos aísla de lo que en verdad es. 

 

Por ello, en esta ocasión me encantaría acompañarnos a reflexionar sobre qué es lo que falta en mí, para que este momento sea fluido, amoroso, comprensivo, dulce, sereno y pleno. Qué estoy dando a este momento, qué parte de mí es la que habla por mí, qué parte de mí respira por mí, qué parte de mí se coloca en la torre de control. 

 

Cuando todo nuestro interior encuentra su lugar y se mueve en una misma dirección, la unidad habla en nosotros, y desde ese espacio, todo cambia. Pero sólo tú puedes vivirlo por ti. Sólo tú puedes identificar lo que significan estas palabras en tu cuerpo, en tu corazón, en tu pensamiento, en tu acción. 

 

Cuando es la consciencia la que nos habita, lo que vivamos es secundario, pues sabemos que el “cómo se vive” está cuidado, protegido y guiado por lo más amoroso y unificado que existe en nosotros. Acceder a ella a través del territorio del agua nos acerca hacia espacios llenos de belleza en nosotros y descubrimos que también somos capaces de ser válidos cuando actuamos desde otro lugar y conseguimos otro tipo de resultados.

 

El agua nos abre una puerta misteriosa hacia nuestra relación con la interiorización en soledad. Esto conlleva contactar con ciertos tesoros. Dichos tesoros no son visibles ni validados desde fuera. Son sensaciones con un peso tan grande que cuando las vives, tu vida cambia por siempre. No porque hagas algo diferente, sino porque tu forma de percibir lo que realmente es valioso e importante ha cambiado. Dejas de buscar y eliges un camino de encuentro, donde dedicar cada momento a la paz que has encontrado en determinadas experiencias. Tus sueños se convierten en otras prioridades. Y tu mundo exterior parece estar en otra dimensión o vivir en otro juego, pues tus inquietudes siguen otra ruta. La satisfacción es interior. El valor te lo da tu propio sentir. Y desde ahí nada vuelve a ser lo que era, y todo se centra en ser lo que es.

 

El viaje del agua es simplemente fascinante. Te animo a que te sumerjas en él y descubras los misterios que subyacen en tus profundidades.

 

Recupera la sensación de estar de viaje. Despierta la fluidez en tu sentir, en tu pensar, en tu actuar. Deja que la consciencia del agua impregne cada espacio que te habita y desde ahí, estamos preparados para acompañarnos en el gran viaje, donde tú eres tanto el capitán como el tripulante o el viaje. 

 

Que la respiración sea tu sostén y el movimiento el reflejo de tus aguas, desde ahí hagamos una inmersión en este momento, con suavidad, con dulzura, con presencia.

 

Seguimos la ruta… la vida la muestra con suma impecabilidad.

 

Que el agua siga viva consciente y en movimiento.

Siempre conectados,

Noelia

 

Imagen perteneciente al retiro A solas conmigo: encontrando mi Soledad

Autora: Marta Casanovas Abril