TOMAR TIERRA es un acto de fe

Cuando tomamos la decisión de seguir un proyecto de vida, el camino se convierte en la prueba iniciática de tu objetivo. Durante ese tránsito la envergadura de las pruebas por las que pasamos es de tal nivel que podemos llegar a creer que hemos tomado la vía errónea. Sin embargo, es la forma en la cual la vida nos fortalece, reforzando el compromiso con nuestra propia llamada interior.

En sí, el camino es un peregrinaje. En él, así como el comienzo se rodea de facilidad y abundancia, la última etapa se envuelve de los desafíos más difíciles de sostener convirtiéndose en un auténtico acto de fe y de esperanza, donde la entrega a lo que se te va de las manos, pero cuya llamada sigue siendo parte de ti, es lo único que puedes seguir aportando.

 

Darnos el voto de confianza es un acto de valor. Se necesita coraje para apostar por uno, sobre todo cuando nada parece acompañarte. Pero es justo lo que en verdad merece la pena.

 

Todos hemos escuchado más de una vez la expresión “Tomar tierra”.

Pero, ¿cuántos la hemos investigado hasta el propio corazón de esas palabras?.

 

Tomar tierra, también tiene un espacio reservado a nuestros sueños, a nuestras intuiciones y a nuestros dones. En cada uno, hay partes difíciles de explicar, tanto es así, que nos resulta casi imposible concederles una vía de expresión en nuestro ámbito cotidiano, siendo necesario un espacio puramente creativo para encontrar que hay algo más allá de un deber social que cumplir.

 

Para mí, no hay mejor aterrizaje a tierra que el de darse a la tierra. Y con ello incluyo el hecho de materializar aquello que vive dentro de nosotros y nos da sentido. Para llevarlo a cabo, no es preciso conocer el objetivo de tu vida; ni tan siquiera el propósito que hizo que vinieras en este momento y no en otro. Más bien, se trata de mantener un diálogo coherente entre tu sentir y tu forma de vivir.

 

La vida es un viaje de decisiones. En él podemos escoger ser parte de las ideas de otros, pasando la vida buscando y satisfaciendo una posición bien valorada, o ser parte de nuestra propia locura interior, encontrando la forma de aportar su parte, creando una relación simbiótica con la propia realidad.

 

Tomar tierra no es más que darnos el permiso de creer en nosotros y de soltar lo que se aparte de nuestro propio voto de confianza. Hace falta gran anclaje para confiar en tu propia llamada y averiguar la forma de darle un lugar; siendo preciso un compromiso de lealtad plena a ti mismo para mantener el viaje hacia tu destino sin caer en la derrota ni la desilusión ante los frentes del camino. Sólo amando puedes aprender. Pues sin esa fórmula magistral, todo se convertirá en una lucha por un sueño que acabará cayendo en saco roto, pues desde la oposición, no podemos recibir la oportunidad de seguir dándonos a la tierra como forma de nueva enseñanza hacia el grado superior de maestría.

 

A veces, ni siquiera es necesario cumplir el sueño porque el sueño era el propio camino. Cosa nada fácil de comprender si no estás en una auténtica posición de cocreación con el presente.

 

Lo único claro, es que hemos venido aquí para ser parte de la vida aprendiendo de nuestras propias elecciones. Ser parte requiere vincularse y para crear lazos de unión es esencial tener una toma de tierra con la realidad. Quien se une a la realidad, da un espacio para que el sentido de su propia verdad interna forme parte de lo que ocurre fuera. Y quien emprende esa labor, sabe que trabaja para algo más que para él mismo. Siendo justamente ese matiz el que le llevará a darse con valentía a cada etapa del reto, manteniendo su semilla intacta como punto de referencia cada vez que la tentación de abandono aparezca en la adversidad.

 

Siempre que nos damos la oportunidad de crear junto a la vida, reconociéndonos en esa creación, comienzan a resurgir espacios de miedos, dudas, envidia, incapacidad, frustración, soledad, reproche, culpa, victimismo… que nos han acompañado durante nuestra vida.

De alguna manera, al comenzar tu nuevo proyecto de vida o incluso al modificarlo o pulirlo, todo lo que ha sido parte de tu pasado y ha hecho su función mostrándote partes de tu propia desconexión o de tu lado menos preciado, vuelve a manifestarse. La razón es clara. Cuando uno se vincula a su camino y se une a su compromiso poniéndolo en marcha, el equipaje se hace visible brindándote la oportunidad de colocarte desde tu nueva realidad.

No se trata de negarlos, sino de a pesar de… seguir con tus pasos incluyéndolos.

Será entonces que a través de tu propia acción, lo que no pueda sostenerse en esa nueva estructura de la realidad, se desplomará y se apartará de ti.

No necesitamos hacer nada para desprendernos sino hacer todo por conectarnos a esa llamada creando su realidad.

En ese estado nada puede atraparnos y todo se mueve en tu propio beneficio.

Aunque parezca lo contrario, pese a que las cosas te lo estén poniendo difícil, recuerda que es la forma en la cual la vida nos prepara para enraizar hasta su corazón nuestra propia confianza.

 

La vida es un acto de fe constante que nos permite materializar lo no visible que sólo nosotros podemos escuchar.

 

En este momento puedo reconocer cada etapa de mi vida como ese pacto interno al cual siempre he sido fiel. Puedo distinguir su evolución; lo que fue en un pasado no es para nada lo que ahora es, y sin embargo gracias a ello ahora puedo saber que mi lugar está donde ahora me encuentro. Lo que será en un futuro no lo puedo adelantar. Lo que sí puedo asegurar es que si ahora cuido este compromiso y continuo fiel a su pulso en mi forma de vivir, lo que haya por venir estará cuidado a través de una tierra fértil, coherente, íntegra, transparente y unificada. Cuidar este momento es un acto que incluye el respeto y el amor por lo que fue y lo que será.

Sólo desde este sueño presente puedo crear su realidad.

 

Mantener ese pacto interno conlleva muchas muertes. Cuando uno apuesta por su unificación, la frecuencia que desprende es de unas características concretas, todo lo que no está en esa frecuencia se desprenderá: amistades, vínculos sociales o laborales, relaciones… y es ahí que necesitamos mantener la conectividad, el respeto y la gratitud por lo que hemos elegido. Las pruebas van directas a la diana de nuestros puntos maestros, y no precisamente de fortaleza, pues ya están desarrollados, sino de debilidad.

 

Siempre antes de realizar un sueño, el Alma del Mundo decide examinar todo aquello que se aprendió durante la caminata. Ella hace esto no porque sea mala, sino para que podamos, junto con nuestro sueño, conquistar también las lecciones que aprendemos siguiendo en dirección a él. Es el momento en que la mayor parte de las personas desiste. Es lo que llamamos, “morir de sed cuando las palmeras ya aparecieron en el horizonte”.

Paulo Coehlo

 

Si pudiéramos tomar consciencia de lo que cada uno irradia cuando se entrega a sí mismo, y de las redes de luz que se interconectan, nos volveríamos guardianes incondicionales de su belleza. Hasta que eso sea posible, que nada nos aparte de esa luz que toma tierra por puro acto de fe, reconociendo su capacidad y su deber, hacia sí, y hacia la humanidad.

 

Gracias por vuestra honestidad.

Gracias porque gracias a cada uno, puedo encontrar en mí un nuevo mundo que me invita a explorar nuevas perspectivas en mi interior.

 

Con puro amor y agradecimiento

 

Noelia