Soltar lo que crees amar, lo que amas y lo que no

 

La vida constantemente nos está ofreciendo un cambio de perspectiva. ¡Hay tantos ángulos diferentes que esperan por ser descubiertos!. Sin embargo permanecemos tan enganchados a costumbres y patrones de respuesta automática ante las situaciones, que nos perdemos vivir el riesgo de dar en el blanco.

 

El sábado mientras veía una película hubo una frase que me penetró:

Si de verdad lo amas, prepárate a perderlo.

Tragué saliva y viajé a mis entrañas. Estaba siendo consciente de todos esos espacios especiales de mi vida, de todas esas experiencias que siguen vibrando en mí debido al impacto que tuvieron en su momento. En realidad trabajamos muchísimo para aprender a soltar lo que nos desgarra, lo que nos ata y nos produce negación de lo que somos. Pero, ¿qué ocurre con aquello que nos llena, que nos hace sentir bien, que nos complementa, que  nos impulsa, que nos reconoce y nos permite brillar, que nos hace recobrar la ilusión perdida, que nos ama…?

 

Esta frase me hizo posicionarme frente a mi propia realidad y como si fuera la propia vida quien me cogiese de la mano la acompañé a mi interior para observar el detalle de todo el viaje transitado desde las últimas semanas hasta este momento:

  • Entra en la llamada de la nueva versión de ti mismo
  • Reoriéntate hacia tu luz
  • Lo que soy en lo que es…

 

De pronto hubo un escalofrío interno que me llevó a conectarme con más intensidad internamente. Es cierto, cada imprevisto que he vivido ha encontrado algo nuevo en mí, he soltado la lucha por mantener el tipo y la forma usual de respuesta. He abandonado el intento de estar a la altura para el otro, he podido reconocer lo diferente que puede ser Noelia en situaciones repetidas de un pasado. ¡Hasta soy capaz de no desenfundar el rifle a la primera zancadilla de la vida!. Es más… ha desaparecido cualquier sensación de enfrentamiento y adversidad. Lo que es, es; y lo único que me pertenece es mi decisión de cómo colocarme en ello. Ya no soy yo y la circunstancia. Soy yo dentro de la vida. No existe separación. Sólo movimiento. Relación. Encuentro. Lo que se espera es mi forma de crear el encuentro. Cómo me adapto, cómo me amoldo, cómo me posiciono dentro de la forma única e irrepetible que ha adquirido la vida para mí.

 

Así que, si el viaje consiste en entregarse a una sucesión de encuentros con la vida, cuanto más profundo vivamos cada uno de ellos, mayor facilidad tendremos para soltarlos y así, entrar en los siguientes libres de residuos, abiertos a lo nuevo que se abre ante nosotros.

Sin embargo hay algo de cada encuentro que sigue acompañándonos. Aparentemente es inapreciable, pues no se trata de algo visible en la superficie, las relaciones con la vida nos modifican internamente. Abren espacios y vías que producen perspectivas más amplias de lo que sucede fuera. Cuanto más profundamente contactamos con lo externo más íntimamente nos dirigimos hacia nuestra esencia. Y cuando llegamos a ella, mayor perspectiva percibimos del mundo que nos habla a través de circunstancias inesperadas y desafiantes.

 

La vida está llena de matices, si nos movemos con una visión estrecha no lograremos disfrutar de todos ellos. Nos limitaremos a decidir por sensaciones de placer o bienestar mal entendidos. Por ello es imprescindible entrar en el encuentro de cada momento libres de condicionantes que nos hagan movernos a favor de un patrón u otro.

 

Aquella frase me recordó la necesidad de no echar amarras a ningún puerto, pues todo lo que precisas ya está en ti. Soltar lo dañino es agradable y hasta cierto punto sencillo; dejar ir lo que amas no puede ser menos. Pues si es parte de ti, jamás te abandonará, si cambió algo en ti, ¿para qué retener el recuerdo?.

 

Sé que puede parecer un punto de vista muy global pero es la base para cualquier ejemplo.

Es la pura esencia de la corriente de la vida. Viajar en presente requiere un desapego constante, sumado a la integración del encuentro que ya fue. Es imprescindible enraizar en nosotros la vivencia con todas sus texturas liberándonos del “para siempre”: Ya fue, ya está en mí, sigo el rumbo. Entro desde un nuevo yo a lo que es. Lo siento, me nutro y lo dejo ir.

Si algo ha de acompañarnos, lo hará por su propia decisión. La forma en la cual podemos mantener un vínculo es permaneciendo en la distancia adecuada para permitir el equilibrio entre ambos, desde la entrega propia a uno mismo.

 

Últimamente me observo con humor y me lo paso bomba. Me pillo en largos momentos visualizando lo que ocurrirá: me levantaré temprano para meditar, hacer mis ejercicios y recoger lo que necesito en la tienda antes de llegar a la estación; cogeré el tren y llegaré a tiempo para preparar la clase tranquilamente; podré bailarla y así estar en el mejor estado para canalizar al grupo… ¡Y gracias a la vida todo se va al cajón de planes rotos! De pronto, el fontanero aparece en el momento clave antes de marchar, la tienda está cerrada, el viaje en tren no es suficiente para crear la clase y entonces cuando llego al primer destino… ¡novedad! No estoy sola, tengo la oportunidad de compartir una comida con dos personas maravillosas y conocer más profundamente un proyecto de vida que despierta hasta la parte más nublada de mí misma. Y entonces, Pepito Grillo entra en escena recordándome que la clase está inacabada, mientras una niña con coletas, fascinada por lo que está suponiendo ese momento, me mantiene íntegra en el compartir. Desde lo alto, disfruto de la escena sintiendo la belleza de soltar todo el control de la situación y de sumergirse en la teoría del “vive lo que está aconteciendo, ahí reside la respuesta”.

En realidad no hubo ni respuestas, ni visiones claras. No eran necesarias. Aquel espacio vivido estaba en mí. Tras la despedida, volví al ordenador y sentí mi nueva posición. Un encuentro había creado su reflejo interno; su vibración me invitaba a moverme y a sentir un espacio de una forma muy diferente. La clase se creó y el resultado superó cualquier expectativa que pudiera haber anotado en mi plan detallado.

 

Y esto no acaba aquí, tengo escenas para largo…

He estado preparando una conversación pendiente durante semanas. Le hablaba al espejo, a la silla, a la cama, al ordenador, a la pared… cada conversación evolucionaba; en cada uno de los espacios había menor necesidad de volver al principio. Llegué a un punto en el cual me imaginaba estar delante de la persona simplemente mirándole a los ojos. Cuando llegó el momento, por supuesto, no fue ni como mucho lo ensayado. Fue mágico y totalmente inesperado, fuera de mi alcance.

 

¿A dónde quiero llegar? Necesitamos estar preparados para soltar amarras ante cualquier situación. Vivimos de viaje continuo. No hay un puerto en el que atracar. La vida continúa y nosotros con ella. Es imprescindible estar ligeros de equipaje para que cada encuentro sea nutritivo y llegue a tocar en nosotros la tecla precisa, para la cual estuvo planeado tal encuentro.

Cuanto más dificultad pongamos por nuestra parte, mayor número de veces tendremos que pasar por el mismo tipo de espacios.

Es como si fuéramos un piano y la vida el pianista. Hasta que no abramos la tapa y dejemos que la vida nos afine tocando la nota que corresponde no podremos pasar a la siguiente tecla.

Sólo al final del viaje podremos ser conscientes de la sinfonía que la vida preparó para nosotros. Y al mismo tiempo, de la ofrenda que dimos al mundo a través de nuestras relaciones con la propia vida.

 

Para descubrir lo que podemos llegar a ser dentro de lo que es, necesitamos no sólo estar abiertos a ser modificados por lo que ocurre sino a no perder de vista nuestra luz, pues así seremos capaces de soltar tanto lo que somos en lo que es, como lo que está siendo en consecuencia…; sólo soltándolo estamos dando permiso para que brille en todo su potencial y así, unirnos con nuestra propia luz.

El amor tiene la habilidad de multiplicarse cuando se divide. Si se apresa se apaga.

 

Está en nuestra mano cómo vivir la entrega a la corriente de encuentros con la vida, cuidando tanto nuestra entrada como nuestra salida en ellos. El aire si para su movimiento deja de ser aire. Para permanecer en la frecuencia lírica de la vida, donde el alma actúa a través de nuestros cuerpos, precisamos mantener vivo ese aire tanto dentro como fuera de nosotros.

 

Os animo a que observéis durante la semana en qué momento frenáis el movimiento de la corriente y de qué forma os desenvolvéis en ella. Anotar situaciones os ayudará en vuestra comprensión interna. Si estamos desconectados pero nos conectamos a este movimiento, el despertar aparece; sólo es cuestión de dejar que la vida encuentre el interruptor. Y esto precisa un simple ingrediente llamado confianza, tanto en lo que la vida te trae como en tu sentir profundo. Ten el coraje para vivirlo. Todo tiene su lugar, todo está interconectado y nada caerá en saco roto. El sentido crea una red que arropa la esencia de cada ser en este planeta. Lo único que puede herir es ir en contracorriente de tu propio alma. Confía en lo que observa y amamás allá de tu visión. Siéntete arropado por la Existencia y da gracias de antemano pues el momento del encuentro ya está dándose.

 

La vida no deja de sorprenderme y espero que nunca lo haga pues me entrena para que siga despierta y dispuesta a ser tocada y afinada más allá del nombre que esté sobre su propuesta.

 

El amor se manifiesta bajo formas insospechadas, nunca dejes de abrirte a las diferentes facetas con que se muestra ante ti.

 

Con profundo respeto y admiración

Gracias por todo lo compartido

En mi corazón

 

Noelia