Sigue a las Estrellas y te encontrarás

Tomar perspectiva te acerca al encuentro

 

Sentir que hemos perdido el rumbo, o que lo que se destapa ante nuestros pasos no es algo entendible ni mucho menos agradable, puede confundir la validez de nuestra dirección.

En ocasiones no podemos alcanzar a sentir que nada de lo que hacemos es lo que va con nosotros porque buscamos que nuestras acciones traigan consigo un placer interno o una sensación de bienestar.

Estar confundidos no es estar perdidos. No entender no significa que estemos en el lugar incorrecto. Y hay algo que puede demostrar si nuestro lugar es el que toca.

 

Cuanto más cerca estamos de nosotros mismos, de ese lugar en el que las circunstancias externas no tienen implicación alguna, mayor consciencia de falta de entendimiento aparece.

 

Si nos centramos en una sola situación, o en un solo estado, acabamos perdiéndonos. Pues es como si tratáramos de entender el universo al ver una sola estrella. ¿Si te mostraran una estrella, tendrías una idea de lo que es?

En primer lugar, sería inviable alcanzar su magnitud. No podríamos imaginar la cantidad de componentes que lo forman, desconoceríamos su movimiento, su color, su estructura y ordenamiento, sus leyes y confines por explorar… Vamos, que no veríamos más allá de una tilde en todo un libro.

 

Para encontrarnos, necesitamos conocernos. Y para conocernos, necesitamos “pasar a través de la experiencia”. Desde ese lugar, no será necesario un entendimiento metódico sino un saber interno silencioso y verdadero. La comprensión no es entendimiento, pero sí implica un encuentro con la esencia, con lo que se explica por pura existencia. Tomar contacto con ello ya nos basta, pues nos sintoniza con la frecuencia y ahí no hay necesidad de explicaciones.

 

Para encontrarnos, es preciso confiar en la vida y en el camino que diseña para llegar a nuestro objetivo. Si cuando nos subimos a un avión no nos ocupamos de conocer su funcionamiento ni la causa por la que pueda transportarnos a tal velocidad con esa facilidad por el aire, ¿por qué pasamos el día cuestionando el sentir que aflora en determinadas situaciones?. ¿Por qué dudamos de lo que precisamente más habla de nosotros?. ¿Por qué negamos el proceso de transformación y de toma de consciencia?

 

Al igual que nos subimos al tren y confiamos en que nos lleve al destino elegido, ¿por qué no dar la misma oportunidad a la propia vida con su gran mapa de causalidades?.

¿Y si lo que está ocurriendo en la Tierra fuera la proyección del mapa que el cosmos diseña exhaustivamente para nosotros?

 

En esta semana he tenido muy presente la falta de un ingrediente inseparable en mí. Me sentía incompleta, no me reconocía. ¿Dónde se había escondido? La alegría no daba muestras de regresar. Había partido sin dejar rastro.

 

La luz es una realidad de esperanza… de viaje sin fin… interminable y duradero… como un corazón hecho de viento… como una voz rellena de silencio… como un color que viene y que va… que entra y que sale y mientras tanto… decide ser de un cielo y de una tierra… decide ser de un cuerpo encendido en una realidad de luz.

Ulha Maleva

 

El simple hecho de enfocarme en que no podía hacerla brotar, traía múltiples escenas del pasado que me convertían en un ser humano que no merecía facilidad ni disfrute. En unos segundos cada pensamiento era una negación a la belleza de la vida y en un minuto ya estaba negando mi propia capacidad de saber vivir.

¡Qué fácil es caer en el desconocimiento de la oscuridad! Y digo oscuridad por llamarla de alguna forma.

En aquel momento comencé a jugar porque sabía que Noelia, no era ni por lo más remoto, esa montaña de basura que había creado en segundos: ¿Y si fuera oscuridad, y si fuera algo para lo cual otros utilizan para brillar, y si mi misión era permanecer en la sombra para que otros tomaran fuerza y poder?

 

Entonces me fui al cosmos. Y allí renací. Observé la gran cantidad de espacio vacío que desde su oscuridad unifica cada ser luminoso, entregando sostén e intercomunicación. Vivencié el poder de su existencia. ¿Qué sería de cada elemento en una galaxia si el vacío no estuviera ahí?

Y es más, ¿desde dónde podemos apreciar la belleza de la luz?. Cuanto más silencioso e inapreciable es el espacio del observador, mayor es el brillo del punto de luz.

Ahí está la clave. Cuanto más silenciosos nos mostremos ante nuestra propia distorsión interna, más claramente aparecerá la luz que la habite.

 

Todo lo que nos haga decantarnos por una sola perspectiva de la existencia, hará que seamos incompletos no sólo en la visión de la vida, sino en la visión de nosotros mismos. Si todo se compone de tiempo y espacio, y no damos ni tiempo ni espacio a que lo que emerge en nosotros, “independientemente de su etiqueta”, muestre lo que ha venido a enseñar o a cumplir, nos aferraremos a ello de tal forma que la negación de la fluidez de la vida nos apartará de cualquier disfrute del presente.

 

La frecuencia lírica me ha mostrado que la alegría es un estado unido a muchos otros, y el hecho de que no se manifieste, no la niega sino que la sitúa al mismo nivel que el resto. En el momento en que dejamos de buscarla, emerge por su propia cuenta. Te coge distraído, y entonces, compruebas que lo que necesitas cuidar no es su permanencia sino el espacio que la nutre, que no es otro que la plena fascinación por el momento emergente.

 

No tenemos que esperar a morir para llegar al cielo. Cada momento es el instante apropiado para traerlo a nuestra vida. Dejando que la vida pase a través de nosotros y se exprese en cada acción.

 

Sé que puede parecer tanto poético como inalcanzable; hasta puede que incomprensible. Pero no importa, no busco un efecto legible al control.

Si te es más sencillo, puedes tomarlo como si estuviera hablando con esa parte de ti que ni tú mismo conoces demasiado. Esa parte de ti que habla en verso y siente en imágenes. Ese espacio en ti que con una caricia penetra en la inmensidad de un agujero negro. Ese yo que vive en ti y se manifiesta a través de tus acciones.

Ese yo que se siente universo y decide ser cielo en la tierra y hacerte descubrir que tú, también lo eres.

 

Éste es el idioma de la frecuencia lírica, un sendero donde el alma encuentra su hogar en la Tierra.

 

Que el sentir te una a las estrellas y te aproxime a su sabiduría soltando toda negación a lo que cada momento se expresa en ti. Que cada nuevo sentir sea una nueva pieza del puzle del cosmos. No decaigas, pues su magnitud no tiene fin.

 

Con plenitud abrazo la belleza cósmica que rebosáis.

 

Todo mi amor en la danza que la vida mima para nosotros, para que nos unamos a su mimo y su destreza.

 

Sigue a las estrellas y te encontrarás.

 

 

Noelia