Sensibilidad PROFUNDA

 

Cuando la realidad te somete a una serie de pruebas que resultan difíciles de seguir, corres el riesgo de desconectarte de lo que ocurre por sobresaturación. Y entonces hay algo que nos puede traer de vuelta a casa dentro de lo incontrolable. Y no es otra cosa que ser capaces de acercarnos a la realidad.

Puede que resulte de locos pensar que si la propia realidad es la que te bloquea que sea precisamente nuestra proximidad a ella la que ponga paz a la vorágine en la que estás inmerso. Precisamente es así, allá donde está el veneno te espera el antídoto.

 

Antes de salir corriendo de los espacios que nos trastocan de pies a cabeza, es preciso que atendamos a la sensibilidad que se desata en nuestro interior. Si llevamos lo percibido directamente a nuestra mente, comenzará a sacar unas conclusiones basadas en unas creencias o condicionantes adquiridos, que pueden estar completamente fuera de toda coherencia.

Tratamos de analizar con demasiada rapidez todo lo que nos pasa. Hay momentos en los que nos adelantamos a los hechos, prediciendo la forma en la que vamos a sentir lo que está por venir y negándonos a experimentarlo por un prejuicio sin base. En otras ocasiones, sentimos tanto, que tratamos de quitarnos de encima toda carga que no podamos explicar. Y así pasamos la vida… controlándola.

Llegamos a tal punto que controlamos nuestro propio control, autoengañándonos en la propia sensación de fluir en ella.

 

Afina la sensibilidad, déjala estar, dale continencia en el corazón, no la pongas prematuramente en la lente de la mente. Mientras más permanezcas con ella sin adjetivos, sin conclusiones, más profundidad conquistas y en esa profundidad encontrarás de nuevo la bondad.

Luz Ángela Carvajal

Sé que nos encontramos en un momento muy bonito donde todo se acelera y donde la locura se manifiesta en cada rincón del planeta.

Sé que muchos no pueden sostener el hecho de vivir en el entorno que están, por excesiva sensibilidad ante lo que está ocurriendo en él.

Sé que estamos deseosos de que “de una vez por todas” despertemos a la humildad y pongamos en marcha la bondad en el mundo.

Y también sé que precisamente por ello, necesitamos enraizarnos todavía más.

¿A qué me refiero?

Es preciso que podamos sentir que esas montañas rusas que se entrelazan en nuestras vidas, sean para nosotros la tierra fértil que nos sostiene con amor, en la cual podemos descansar sin necesidad de cambiarla.

Hasta que no seamos capaces de adaptarnos a la adversidad encontrando nuestra armonía interna dentro de ella, no podremos sentir el movimiento a la inversa.

 

Sólo acercándonos a la vida conseguiremos sentir que la vida ya lo está haciendo.

Sólo colocándonos en la misma frecuencia podremos escuchar lo que se emite en ella.

 

La realidad no es un movimiento que resuena en oposición a nuestra naturaleza. Se trata de una corriente de suma precisión diseñada bajo una conciencia superior con una misión: conducirnos a un despertar común.

La realidad nos está esperando, busca de nuestra ternura, de nuestra cercanía, de nuestra apertura a recibir aquello que es preciso para el cambio en cada uno de nosotros.

 

Muchos diréis, ¿pero qué es la realidad? ¿no es un espacio relativo totalmente diferente a cada uno?. Por supuesto. Cada uno percibe la vida bajo su propia realidad. Y es precisamente el tesoro que cada uno guarda para sí.

Si en lugar de divagar y analizar lo que en realidad es la propia realidad, nos dedicásemos a observar lo que percibimos de ella y lo que despierta en nosotros, respondiendo con cuidado a lo observado, tendríamos tantas certezas que no habría mayor necesidad que la de escucharse a través del sentir.

 

Mi vida ahora mismo, me está mostrando una necesidad vital de reposo. Los que me conocen, me dirían que ese reposo significa tomarme unos días de vacaciones, de desconexión y de total dedicación a mí misma. Es evidente y muy lógico. Pero para mí, no es lo que en mi interior se está expresando. Para evitar agarrarme a ningún condicionante navego a mi danza. La fluidez, la frecuencia de la Tierra, de la Gran Madre, me muestra algo muy diferente. Ella me dice escucha, sigue ahí, contacta con tu dolor, deja que hable y escucha tu pesadez, tu necesidad de ser sostenida, tu anhelo de ser comprendida… Cuando me dejo sentir en mi propio sentir, soy consciente de que lo que primero necesito cuidar es mi sensibilidad. Apartar el juicio sobre ella. Seguir su trayectoria para que a través de cada hecho que me sacude o me satura, pueda contactar con más detalle en ella.

Así lo hice, ¿y qué ocurrió?, encontré un gran apego a mi incapacidad de responder a cada situación como yo suponía que debía alcanzar. ¿Y si lo que realmente me estaba mostrando aquel terremoto era que no necesitaba tener una respuesta a tal decisión, ni se me pedía ser la mejor en ningún momento, ni era preciso ser comprendida? ¿Y si precisamente el no llegar a cuidar como me gustaría es lo que esas otras personas, al otro lado, estaban necesitando sin saberlo?

 

Mi sentir era claro, y lo que lo sostenía también. En el momento en el que lo unía a un pensamiento basado en una meta a alcanzar o un objetivo que cumplir dentro de los cánones de eficacia que tanto conocía, me destruía y me pasaba cada segundo sintiendo: no soy capaz, no llego, soy un fracaso, de nuevo vuelvo a ser juzgada y vuelvo a la casilla de salida, sola, con la medalla de nueva metedura de pata.

 

El problema no es lo que siento, sino a qué lo relaciono. Mi actitud ante él lo conducirá a un lugar u a otro. La realidad se muestra sin juicio en sí misma pese a preferir una humanidad muy diferente, ella aguarda, confía y permite que el amor tome su forma en cada escenario, en cada cuerpo, en cada momento. La realidad no manipula, ofrece la oportunidad de que cada uno sea en ella lo que así decida. ¿Por qué no ser nosotros una prolongación de ese buen hacer? ¿Y si actuáramos en nosotros de la misma forma?

 

Sí, sé que puede asustar, mucho que soltar… que no controlar… que permitir caer… que recibir sin juicio y dejar marchar.

 

Bajo los pies, la tierra caliente del amor… en el centro el corazón del hombre.. y más arriba el cielo que contempla.

Y piensa el hombre en sus ancestros como tierra del amor… y siente el hombre con su corazón… la compasión del cielo.

Ulha Maleva

 

A lo que estoy invitando es a una confianza en ese exquisito observador sensible. Ese radar que todos tenemos, y nos acerca a cada espacio, el cual, antes de disparar ningún juicio sobre su sentir, confía en lo que no puede describir, permitiendo actuar en esa locura. Juega por unos días a que la brújula del sentir inspire a las acciones dirigidas por la mente, que no estén condicionadas por prejuicios ni diseños relacionados con creencias o pensamientos de otros. Permite que tu proximidad a tu sentir te acerque a la vida, para que así, su contacto en ti, resuene sin filtros internos en tu propia percepción. Confía en la poesía que sólo tú puedes escuchar y sin búsqueda de interpretación danza con la vida. Permite que la realidad cambie por simple cambio de perspectiva en ti.

 

Será precioso conectarse desde esa nueva mirada allá donde estemos.

 

Con puro amor acompaño el enraizamiento de vuestra sensibilidad

 

Gratitud infinita

 

Noelia