Seguir CONECTADO aunque duela

 

No te vayas nunca del corazón… llévalo contigo siempre.

Y nunca lo saques del pecho para guardarlo en los bolsillos.

Llévalo a tus labios cuando beses… a tus brazos cuando abraces… a tu alma cuando decidas amar.

Y hazlo de tu piel y de tus huesos.

Y hazlo del espacio que vive entre tu piel y tus huesos.

Y hazlo de tu respiro para que pueda salir de ti… y pueda ser del respiro compartido con los otros.

No te vayas del corazón… nunca. Si lo haces… ya no estarás contigo.

Ulha Maleva

 

Hace falta mucha humildad para querer verse a sí mismo. Y no precisamente cuando ves lo mejor de ti, sino cuando ante ti se muestra lo que no hubieras querido conocer de tu realidad.  Sé lo que es descubrir tus puntos débiles y sobre todo aquellos que por mucho que te trabajes siguen pulsando en ti como si formaran parte de tu propio corazón:

 

– He vuelto a caer… De nuevo lo que creía haber soltado…

 

Es necesario un buen baño de humildad sumado a una voluntad bien enraizada, para seguir en marcha la labor que un día decidimos encarnar aquí en la Tierra.

 

Este fin de semana ha sido para mí uno de los espejos más cristalinos para reconocer dónde me estoy moviendo y cómo quiero seguir haciéndolo.

En un abrir y cerrar de ojos me vi tomando una decisión que no hubiera tomado de haber sido plenamente consciente de que la primera decisión que me llevó a ese lugar me iba a conducir a ese espacio en el que me encontraba. Sé que puede parecer un verdadero laberinto de palabras pero es así.

Cuando tomas un paso en una dirección con unas condiciones, y de pronto observas que todo toma otra perspectiva… aparece un espacio vacío en el que puedes ver realmente quien eres y cómo actúas con lo que eres. Toca decidir qué haces ante lo que no habías decidido.

En aquel lugar, escogí darlo todo. Ya que estaba allí, iba a probar lo que era capaz de aportar sin más expectativa que el darme íntegramente tal cual soy pese a un estado físico bastante condicionado por el bloqueo y el dolor.

 

¿Qué aprendí de esta bella oportunidad?

Tuve plena libertad para escoger. Y lo hice según mi forma sentir. Opté por el camino de mayor desgaste físico pero que más sintonizaba con mis valores. Era consciente de que era la última vez que iba a pasar por esa elección. Pude ver que en el fondo había un gran movimiento de valoración. Sentí mi valía. Observé hasta dónde llegó la repercusión de mi trabajo y fui consciente de que ya era el momento de parar esa forma de moverme en la vida. En un pasado, esta forma de ser estaba condicionada por un patrón de búsqueda de aprobación externa, en aquel momento no había enganche a ninguna opinión externa, fui totalmente libre ante mi elección. Fue realmente bello observar que no existía un condicionante que me arrastrara a actuar de una forma determinada; era mi pleno estado de consciencia, el que pese a sentir un agotamiento y un dolor físico que limitaba mi capacidad de dar lo mejor de mí, el que optaba por llegar hasta el final como despedida de una forma de actuar de esas características.

 

Tuve un sentimiento íntegro de no necesidad a ser vista o reconocida. Agradecí inmensamente que el exterior me percibiera como casi invisible, pues me llevó a descubrir que la única persona que necesitaba verse era “yo misma”. Me vi, me reconocí y me agradecí el hecho de no entrar en culpa, juicio o frustración por lo que estaba sucediendo.

Me sentía tan agotada como satisfecha conmigo misma.

 

La palabra humildad me acompañó durante todo el fin de semana. Reconocí la necesidad de alcanzar la verdadera maestría de la comunicación en la vida: saber estar en la misma frecuencia que la persona con la que estás. Muchas veces nos ocupamos tanto de evolucionar y de crecer que nos olvidamos de lo esencial: incluir a cada persona que aparece en tu vida como el maestro que te recuerda dónde toca estar en cada momento. ¿Qué consigo con estar tan conectado al más allá si aquí y ahora no puedo compartir ni una palabra entendible con la persona que tengo al lado de la mesa? La accesibilidad es un don que te acerca a la vida y disuelve la exclusividad separatista.

 

La vida está para ser disfrutada y compartida. Y nuestro valor en ella comienza con la conexión a su corazón. Para lograrlo el único medio es estar conectado al nuestro propio y esto es posible cuando lo conectamos tanto internamente con cada una de nuestras sensaciones y pensamientos como a cada espacio que se abre en nuestras vidas. Estar conectado es estar presente en un vínculo que te une a la realidad viva del instante; hacer que el momento sea de ambas partes incluyéndote, en él desde tu propia unión contigo mismo.

 

Tras el fin de semana la lección siguió pasando páginas. Un momento de conexión me llevó a otro espacio que me desconectó de lo que estaba compartiendo. Viví claramente cómo la fuerza de una memoria de un hecho pasado cambiaba instantáneamente mi forma de ser, actuar, pensar y sentir. ¿Dónde estaba? Me había desconectado de mi corazón y me había conectado al dolor grabado en mi corteza cerebral. ¿Cómo se había despertado? Con un simple movimiento. ¿Qué produjo? Una cascada de pensamientos y miedos que me llevaban directa a un océano de victimismo y falta de validez.

¡Me volví a descubrir! Una situación de aquel fin de semana me había hecho posicionarme frente a la valoración, logrando su integración. Sin embargo, un día más tarde, uno de los ámbitos en los que más flaqueo había destapado la grieta. Había un espacio concreto en el que todavía había lagunas de valoración y falta de confianza. Esa persona que tenía delante estaba dándome la oportunidad de verme una vez más, con humildad y claridad, en mi punto débil. Sabía que si lograba mantener la conexión con ese dolor, las cosas cambiarían, y algo interno dejaría de ser alimentado. En ese caso, mantener la conexión con lo que me había desconectado de la belleza del presente, era vital para volver a conectarme con lo real y no con lo que mi mente me traía como recuerdo y posible consecuencia.

 

Verse no es sencillo. Requiere valor y una buena dosis de humildad. Una vez pasado el impacto ante lo inesperado, todo corre de nuestra cuenta y esto, es un lujo. Somos dueños de cómo reconducir aquello que nos domina. Sólo creando nuevas vías a través de nuestras acciones podremos crear nuevos caminos a nivel neuronal para así, ir difuminando la vía de reacción de víctima, e ir destacando el sendero del aprendiz a nivel fisiológico.

 

Es preciso abrazar internamente cada espacio que nos condiciona ser nuestra auténtica versión. Y esto significa verse y reconocerse actuando con respeto y suavidad, libre de culpa o crítica hacia nosotros mismos.

 

He aprendido que mi mayor necesidad no es estar conectada sino no desconectarme de aquello que me desconecta. Es preciso no verme seducida por el torrente de razones que me invita a huir de lo que se despierta en una situación embarazosa en la que me hago pequeña o me salgo de mi poder.

 

Para mí estar conectado es estar unida en cuerpo y alma a lo que está ocurriendo.

Para ello me doy tanto a lo que pasa dentro como fuera de mí.

Si lo que viene es miedo, dolor o huida; lo incluyo en lo que ocurre y sigo moviéndome en relación a ello. Si me permito mantener el vínculo, con la toma de consciencia de que hay una voz o un patrón que me controla, inmediatamente, habrá un interruptor que se desconecte, y sí o sí, será el del patrón parásito. Es justo ahí, que comienza la belleza del no caer en el pozo, siendo capaz de sostener el reflejo de lo que no quieres seguir alimentando para posicionarte bajo una elección consciente, donde sólo el corazón pueda liderar el movimiento de tus acciones.

 

Cuando nos abrimos a aprender y a pulir nuestra conexión coherente, aparecen grandes maestros que nos muestran con sus acciones el camino del cambio, el de tu auténtica libertad.

 

Gracias a ellos, podemos escoger y mostrar ser quienes somos.

Hoy quiero dedicar estas palabras a esas personas que me ayudan día a día a reconocer lo que estoy siendo a través de mis decisiones y lo que todavía me queda por descubrir.

 

La generosidad se muestra bajo muchas manifestaciones, no te cierres a aquellas que a primera vista te desgarran o te producen rechazo, pues siempre detrás de lo que parece un percance, aparece una bendición esperándote si decides colocarte en ello con la coherencia de tu corazón.

 

Que la vida nos acompañe con suavidad en las pruebas y nos dé claridad para abrirnos a ellas.

 

Con amor

 

Noelia