Saber que no necesitas saber

 

Saber que no necesitas saber… ¡Vaya título el de hoy ¿eh?!

 

Debo de estar inspirada. Y aprovechando sigo… Todo cuanto necesitas está en ti. ¡Jajaja! ¡Cómo si no lo supiéramos! Vaya cuento chino. Sí, sí, es un cuento chino. Lo leí de pequeña. Fue un tesoro de mi infancia. Y ya veis… que sigue formando parte de mi vida. 

 

La verdad es que la información nos va llegando a lo largo de nuestra vida pero parece ser que priorizamos el valor de cualquier cosa antes de lo que en verdad es esencial. Hace tiempo que dejé de pelearme con ello. Me convertí en una persona demasiado intransigente y mi cuerpo físico me avisó de que necesitaba cambiar. Poco a poco fui aprendiendo a flexibilizar mi visión de relación con la vida. Y junto a la visión… me volví más fluida y menos exigente. Reconozco que esas raíces de perfección que forman parte de mi equipaje se hacen presentes, sin embargo, cuando lo hacen encuentran compañía. Ya no están solas, y esa compañía es tan interesante y variada, que la danza se convierte en una gran obra. Ya no es la variación a solas con la exigente e incansable perfección sino que se expresa como un gran momento de encuentro de otros muchos espacios que ahora he podido dar lugar. 

 

A veces complicamos las situaciones por aferrarnos a una visión concreta. Y muchas de esas veces es casi imposible salir de ahí. Hoy me gustaría traer a escena una dosis de facilidad, de honestidad y de una compañía que siempre está a favor de tu beneficio. Su presencia no sólo simplifica, sino que revela y muestra la verdad sin filtros ni intermediaros, ofreciendo sin condiciones lo esencial para ti en ese momento, lo que en realidad necesitas saber y no sabes de ti mismo. Bienvenida consciencia.

 

Justo el momento previo a la preparación de la sesión de este martes, entré en la página de Facebook de Luz Ángela Carvajal y encontré este regalo: 

“No se cuida verdaderamente aquello de lo que no se es consciente. Antes que el cuidado, como actitud que sirve y sana, está la consciencia que vincula y hace parte lo que es de la vida una. El servicio a la vida empieza por ser consciente de ella en sí mismo y en todo lo que la sostiene, mas no es consciencia de cosas, sino de lo sagrado que reverbera. Es distinto servir, reparar y adiestrar sujetos-objeto, que servir, sanar y revelar la esencia que en ellos hay. Para servir y sanar la vida es necesario atravesar el portal de la consciencia.”

Luz Ángela Carvajal

 

Nuevamente estaba sintiéndome acogida por esa inteligencia superior que mueve sus hilos más allá de nuestro alcance. La vida nos reta a estar despiertos a través de las experiencias, pero al mismo tiempo no hay instante en el que no esté velando por nosotros. Para llegar a percibir ambas perspectivas es preciso colocarnos en un lugar idóneo para ello, y ese espacio no es otro que el de la consciencia.

 

La consciencia es el ingrediente imprescindible para comprender, aprender y evolucionar. Pero cuidado, me gustaría matizar un aspecto concreto. No se trata de alcanzar ser algo que no somos, ni de llegar a un nivel intelectual o de sabiduría concreto. Se trata de ser conscientes de todo cuanto somos para alcanzar el verdadero estado de presencia consciente que actúa en beneficio de un bienestar global. No existe mayor meta que la de encontrarse a sí mismo. Conquistar el verdadero territorio que te compone, reconociendo cada nivel de consciencia que lo engloba. Sólo así alcanzamos la libertad y con ella, el verdadero sentido de la existencia.

 

Pero volvamos a un nivel más cercano. Cuando nos introducimos en la frecuencia del éter como medio hacia la interiorización de la consciencia, lo que hacemos es detenernos en nuestra propia tierra, es decir nuestro cuerpo físico. ¿Y cómo lo hacemos? Llevando nuestra atención a las sensaciones que experimenta nuestro cuerpo cuando entra en movimiento bajo unas pautas concretas. Cuando nos acompañamos, estamos unificando toda la parte consciente en nosotros y dirigiéndola hacia una dirección específica. Al hacerlo, todos nuestros sentidos colaboran en presente y se focalizan en una prioridad. Esa prioridad, cuando resuena con una intención en particular, como en este caso es la apertura de nuestra propia consciencia consciente, lo que produce es una serie de reacciones químicas en nuestros sistemas capaces de hacernos ser conscientes de lo que antes no podíamos conocer de nosotros mismos.

 

Y continuemos bajándolo a tierra. Concretemos. Cuando identificamos en nosotros aspectos autodestructivos o formas de comportamiento automatizadas que no nos benefician, tratamos de deshacernos de ellos a través de métodos o acciones que más que debilitarlos, les hacen crecer, por lo que solemos sentirnos derrotados incapaces de desprendernos de tales patrones. Asociamos el problema a algo concreto, y al final, sin ser conscientes entramos en un vínculo de autoengaño que nos lleva a una posición de sumisión y abandono.

 

Es muy común sentirnos sin fuerza voluntad, y de forma casi instantánea una ola de culpabilidad baña todos nuestros sistemas. Tras ello, una parte de nuestro juicio nos coloca la etiqueta de imposible y caemos en su veredicto. Si paramos el movimiento de cualquier encuentro en la primera toma de contacto, siempre estaremos dominados por el patrón de reacción que se haya activado en ese instante, y nunca podremos llegar a sentir qué hay más allá de ese primer impacto. Si por el contrario lo tomamos como una verdadera oportunidad de conocernos e intimar con el “conflicto”, la realidad que vivamos será totalmente diferente. Para que esta bella danza de encuentro se pueda desarrollar sin tensión, es importante entregar a ese espacio nuestro don de la atención, la observación y la escucha, y así reconocer todos los niveles de ese vínculo. Para conseguirlo necesitamos soltar la etiqueta que encasilla el hecho en sí. La razón necesita caer en el pozo del no saber para comenzar a saber. Al igual que para conocer a una persona es necesario desprenderse de todos los prejuicios que pueden aparecer en tu mente sobre ella, a la hora de relacionarnos con cualquier “conflicto” en nosotros, es más que imprescindible flexibilizar la rigidez de la imposición racional. 

 

El éter es un espacio de síntesis. Todos los elementos forman parte de él. Por lo tanto, en el éter habitan todas las cualidades que podemos identificar en la tierra, en el agua, en el fuego y el aire, que a su vez se potencian por el hecho de crear una unidad en este campo de consciencia etérico. Por ello, para desarrollar esa forma de ser y de estar tan exquisita como es la que nos ofrenda el éter, necesitamos mantener vivas en nosotros cada una de las virtudes de los 4 elementos. ¡Casi nada, ¿eh?! Lo sé, pero tenemos toda la vida y más para seguir desarrollándolo. La vida es un sendero que se recorre, no un objetivo que cumplir. En el éter no hay tiempo. Hay presente. Hay presencia. Y por lo tanto consciencia. Ése es nuestro viaje. El viaje hacia la consciencia… y todo comienza por uno mismo. Ser consciente de nosotros mismos. Y para ello es esencial aprender a ser conscientes de lo que somos conscientes y de lo que no, para poder llevarlo al terreno de nuestra consciencia consciente. 

 

Seguimos aterrizando. La consciencia tiene la misión de rescatar el sentido, el significado y la esencia de cada situación en la que nos vemos involucrados. Más allá de lo que sentimos o pensamos de ello, lo importante es traspasar esas capas superficiales hasta llegar al centro de esa escena… ¿para qué se hace visible?, ¿cómo te está cuidando?.

 

Muchas veces nos alejamos de las situaciones que nos generan malestar porque no queremos vivir malentendidos o espacios de desencuentro con otra persona. ¡Cuántas veces hemos tomado decisiones que no sentíamos para evitar conflictos!. ¡Y qué decir de dejar de seguir un camino en concreto o una dirección que vibraba en tu corazón, para no desestabilizar tu entorno o para mantener una estabilidad externa!. Tomar consciencia implica transitar espacios de gran carga emocional donde las situaciones muestran tensiones, desacuerdos, discusiones y muchas veces distanciamientos. Es así, es parte de nuestro viaje. Pero cuidado, es importante no soltar el viaje en el instante que más necesita de tu presencia. No se trata de evitarlo ni de soltarlo cuando no puedes más. Llegar a la esencia es un viaje de gran aprendizaje del que sales fortalecido, pero para ello, necesitas ver lo que no has visto hasta ahora; necesitas conocer lo que estaba oculto para ti; necesitas tomar el lugar que hasta ahora pasaba inadvertido para ti. Cuando somos conscientes de algo que está fuera de lugar o que necesita ordenarse, necesitamos nuestra compañía completa para continuar con ello, para recoger toda la información que es precisa conocer, para así, llegar a comprender e identificar qué mensaje te trae y qué es lo que ahora toca hacer con esa nueva perspectiva de esa realidad.

 

Si salimos corriendo a la primera de cambio. ¿Quién va a ser consciente por ti?. Una vez que una realidad se hace visible, es la señal que nos indica que ya estamos preparados para responder a todo lo que aparezca tras haberla identificado. Y atención: facilitémonos el viaje. Soltemos las distracciones ajenas que son las que están evitando que lleguemos a vernos al completo. Ganemos tiempo y energía. Es hora de encontrar lo que aquellos que nos precedieron no pudieron y al mismo tiempo nos ofrecieron para seguir descubriendo, situémonos en todo ese gran relevo que nos corresponde y comencemos a darle sentido y visión. 

 

Y aquí remarco las primeras palabras de Luz Ángela: no podemos cuidar verdaderamente aquello de lo que no somos conscientes. 

 

Es hora de ser conscientes. Pero no para una causa ajena. No para lograr una medalla o un puesto hacia el exterior. Es momento de ser conscientes para nosotros. En el instante preciso en que tomamos realmente consciencia de ello, tu forma de vivir cambia por sí misma. Ya es un asunto de vida o muerte. ¿Acaso se puede llamar vida aquello que no se tiene así mismo?. Somos un instrumento para la vida. O lo que es lo mismo para la consciencia. En ella emprendemos varios viajes para seguir aprendiendo a reconocernos en los espacios más raros y difíciles. Es ahí que reforzamos esos dones que no son parte del cuerpo pero que sí se manifiestan a través de él. En nosotros está el derecho y el deber de ser ese cauce para la consciencia consciente que participa de cada ser en este planeta. 

 

Y volviendo a la tierra… No voy a entrar en mayor detalle sobre la consciencia y la existencia. Retomo lo accesible a todos en nuestro día a día, aquello que es verdaderamente manejable y fácil de incorporar: acompáñate hacia la esencia de cada momento, enciende la linterna de tu parte consciente y no te quedes en la primera visión de la situación, deja que te toque, sigue su movimiento, aporta tu escucha, y déjate conducir hasta la información que se despierta en ti; estoy más que segura que es muy diferente a lo que viviste al accionarse el botón que se encendió en el primer impacto. Da una oportunidad a ese nuevo vínculo. Lo que ves puede generarte dolor, pero si llegas al fondo, podrás sentir el mayor estado de unidad y de paz que nunca has podido sentir contigo mismo, y quizá… puede que aparezcan grandes cambios que no creías que tuvieran relación, como la aparición de una clara fuerza de voluntad para seguir aquello que en verdad va en la dirección de tu bienestar.

 

Que esta semana se convierta en una aventura hermosa contigo mismo y tu compañera de viaje. 

Que la consciencia se quede por siempre.

Un abrazo de corazón

Noelia