Regreso a la Inocencia

 

Hay momentos en los que todo el mundo sabe lo que te conviene. Todos opinan sobre la mejor forma de llevar tu vida y de tomar tus decisiones. Oleadas de amor en forma de “deberías” que más que producir calma, seguridad y compañía, abren el espacio para la duda, el ruido y la frustración.

 

En las últimas semanas he sentido que el exterior resonaba con gran fuerza dentro de mi cabeza y de mi corazón. La sensación era como si estuviera en una discoteca donde el ruido sólo me invitara a recuperar el silencio en la profundidad de mi cuerpo.

Tantas voces bondadosas al servicio de la ayuda, pueden resultar el mejor terreno de cultivo para tu auténtico silencio.

 

Cuando todo lo que viene del exterior te habla de algo muy diferente a lo que tú mismo sientes como realidad, y se mantiene en el tiempo, puede llegar a disminuir el volumen de tu propio sentir hasta llegar a un punto de anulación.

¿Qué es lo que realmente corresponde hacer?

¿Qué es real y auténtico según mi propio camino?

 

Muchas veces no se trata de que el ruido externo disminuya sino de que tu voz sea escuchada, pues en cuanto la reconoces, no hay espacio alguno que pueda desligarte a ella.

Sé que las cosas se complican cuando nada en absoluto concuerda con lo que tu percibes.

Saber que todos tienen su razón, que todos pretenden aportar lo mejor de sí mismos, y que la forma de darte su amor es esa… es una capa de consciencia que no puede desvanecerse. Es importante darle tierra a ello. Incorporarlo en la realidad. Pero tras ello, regresar al silencio que hay más allá. No se trata de escuchar los ecos de sus voces, sino de acompañarlos hasta sentir el silencio que aparece tras ellos; una vez allí, la magia ocurre, tu voz expresa tu sentir-

 

Esta semana me ha regalado grandes dosis de oportunidad de escucha.

Me han llevado al precipicio en aquellos aspectos que más tocan mi sensibilidad.

Opiniones y críticas llenas de amor y de miedo; respuestas de enfado y de ausencia. He tenido un gran abanico de frentes que me han hecho ver cada rincón de mi propia confianza y como no de mi cuidado en ella.

 

La verdad es que ha sido mucho más sencillo danzar las críticas que los consejos.

Comprendo que no me comprendan y es algo que siento acoger con amor y desapego pero, ¿y los consejos?.

Durante unos días me di el permiso de escuchar lo que había más allá. ¿Qué es lo que produce en mí…. qué espacio se genera? El ruido no se creaba a consecuencia de las formas en las que se proponía cómo debía vivir mi vida, sino que se hacía presente al observar que no encontraba una forma de llevar a cabo lo que sentía necesario desde mí.

Nada externo me ayudaba. Que no me comprendieran no me creaba ningún conflicto.

Lo que me producía desgaste era la dificultad para encontrar la vía, el camino, la dirección, la forma…. para que lo que estaba descuidando pudiera atenderse.

 

Tras espacios de escucha en mi sentir, descubrí algo. Mi primera diana no era encontrar la solución, sino admitir que no sé hacerlo. Que en este momento mi vulnerabilidad y mi falta de estrategia y resolución me llevaban a un espacio de inocencia que me hacía navegar en mi espíritu de aprendiz. Sí, Noelia, no tienes idea alguna de cómo hacerlo, pero sabes qué, estás unida a ti, te tienes, te sientes, reconoces tu verdad, comprendes la verdad del exterior que te observa, no hay culpa, no hay crítica, no hay enfado… sólo cansancio. Reconoce esa rendición, no hay nada que ahora sepas hacer de otra forma, tienes un objetivo claro, sabes que no vas a dejarte de lado, pero necesitas aprender… lo nuevo es nuevo porque nunca antes lo has vivido, por ello, deja que lo nuevo te dé nuevas perspectivas, y permite que tu silencio acalle a la prisa y a la necesidad de que otros te sientan que estás en el lugar correcto.

 

Bastó un minuto de conexión con mi respiración para sentir como el mundo externo se tamizaba en mi interior… la única respuesta que necesitaba se mostró: la inocencia me acogió y desde ahí… con un aspecto cansado, y una paz paciente y observadora, puedo mostrarme ante el mundo y seguir mi camino, pues no necesito retirarme para alcanzar mi estado ideal, no temo que otros vean mi humanidad y mi inocencia. Soy tan aprendiz como todos. Mi rostro habla de mí, y a la vez que da luz a la suavidad de la dificultad, muestra mi gratitud por poder aprender de ella y mi compromiso para seguir a mi voz dentro de ella.

 

Gracias a ese ruido de fuera, encontré lo que podía apaciguar mis propios desencuentros.

La vida y yo somos un equipo. Sin ella… mi ignorancia sería sublime y mi inexperiencia desbordante.

 

Por ello… gracias a la vida y a nuestra inclusividad en ella podemos recuperar el sentido del camino que un día iniciamos. Reconociendo que nuestra misión más eterna es la de ser Aprendices en ella.

 

La luz siempre regresa, retorna por distinto sitio al que marchó.

Se mueve en caprichosas oleadas… se detiene, a veces, fulgurante o fugaz sobre una mariposa o, con más tiempo sobre los pájaros o sobre las flores… o sobre el lienzo de un atardecer lento… intenso… inacabable.

O la luz… se queda en tu sueño y te despierta porque te permite ver lo nunca visto.

Y entonces… descubres un rayo de luz sobre tus ojos… lo notas porque estás despierto, has amanecido… eres luz.

 

Ulha Maleva

 

Gracias por hacer de este viaje la mejor ocasión para apostar tanto por la vida como por uno mismo.

Que la sutileza de la materia, nos recuerde la delicadeza de nuestra luz y lo sagrado de nuestra presencia en acción.

 

Con todo mi amor y gratitud

 

Noelia