¡Recuperemos el AGUA en nosotros!

En estos momentos, la vida nos está concediendo una nueva forma de relacionarnos con lo que ocurre. Hasta el momento parecía que podíamos llegar a controlar las situaciones, y aunque no lo consiguiéramos completamente siempre encontrábamos la forma de disimularlo e incluso de llegar a creernos la estrategia que habíamos diseñado para salir victoriosos ante lo que nos ocurría. En un pasado, las reglas del juego con las que cada uno manejaba sus circunstancias, en cierta forma funcionaban. Sin embargo, ahora, en este 2021, todo lo que nos era útil ha dejado de tener validez. Aferrarnos a conseguir lo que buscamos sólo nos aparta del verdadero encuentro. ¿Y entonces qué?.

Centrarnos en buscar nos aparta del encontrar, pues sólo nos enfocamos en la búsqueda de lo que queremos, y como eso no llega, pasamos de largo los encuentros de gran valor que ocurren a cada segundo. Pedimos y pedimos a la vida, pero, ¿acaso nuestros ojos están en un estado de apertura real?, ¿estamos dispuestos a escuchar lo que no esperamos?, ¿estamos abiertos a sentir lo que no vemos bajo unas condiciones no deseadas?, ¿nos permitimos saborear lo que no puede llegar a nuestras bocas?. La vida continuamente emana su sabiduría a través de situaciones ya sean de nuestro agrado o no. Su fuente es inagotable. Sin embargo para ser capaces de recibirla como tal, no podemos situarnos en una frecuencia que no resuena con ella, porque nunca será accesible para nosotros. ¿Cuántas veces nos desgastamos tratando de alcanzar ese estado donde la teoría de la abundancia y la generosidad de la vida se materializa!. ¡Cuántas veces nos hemos frustrado por vivir una larga cadena de fracasos ante constantes intentos!. Al sentir la ansiedad de que nunca llega… todo lo aportado a ese intento se vuelve en contra y perdemos el rumbo completamente. Endurecemos nuestra forma de relacionarnos con nosotros, con nuestro alrededor y con la vida en general. Perdemos la fe, la confianza y el propio contacto con la llamada a ese fluir que forma parte innata en el ser humano. Desde ahí, cualquier hecho será la mejor excusa para unirse a la batalla contra lo que ocurre, apartándonos completamente de nuestro propio corazón, el lugar donde pulsa nuestra fuente vital.

Ante una situación así es muy importante recordar momentos en los que nos hemos sentido incapaces de entender lo que ocurría, y al final hemos encontrado un nuevo camino que nos ha llenado de respuestas nada esperadas. La forma de acceder a la información cuando hay unas condiciones de desconocimiento, es entrar en una escucha que nada tiene que ver con los oídos, ni con la parte neuronal implicada; es una escucha que traspasa el órgano de los sentidos y su propia transcripción físico-química; estamos hablando de la escucha del corazón. 

Esa escucha se siente, y nada tiene que ver con el contacto físico cutáneo, se trata de un sentir que se sabe, sin saber cómo, y sin necesitar explicación sobre ello. ¿Acaso una madre duda sobre lo que su bebé necesita?. No hay libro que pueda describir lo que en ese momento ese ser está pidiendo, sólo la madre es capaz de acceder a ese diálogo. Existe una conexión más allá de lo explicable a nivel técnico y lógico. La ciencia del corazón lo sabe. Basta con sintonizar las frecuencias y la información llega. Al igual que sólo puedes sintonizar con una emisora cuando buscas su frecuencia, en cada circunstancia de la vida puedes descubrir la misma experiencia. 

Sintonizar con la frecuencia de la consciencia del agua tiene unos requisitos. Llegar a ellos es más sencillo de lo que parece. Cada una de las cualidades que observes del agua, son la llave que te llevarán a sentirte en ella. Incluye cada uno de sus aspectos y te colocarás en su frecuencia. Continuidad, frescura, adaptabilidad, suavidad, flexibilidad, fluidez, pureza, transparencia, ilimitada… ¿Y si dedicáramos una simple hora a relacionarnos con lo que ocurre desde estas cualidades?, ¿qué ocurriría?. 

Obviamente, incorporar el agua en nosotros, significa soltar todo lo que nos aporta una estabilidad, una referencia, una justificación y cualquier creencia limitante que aunque actuando en nuestra contra nos satisfaga. El agua nos sensibiliza a nosotros mismos, y en consecuencia a todo lo demás. Muchos temen ablandarse para evitar perder lo que tienen, sin mirar más allá de su propia creencia de lo que supone incorporar la suavidad y la fluidez en su vida. Somos muchos los buscadores, pero pocos los que aceptan las condiciones de la búsqueda, por lo que al final se convierte en un viaje que construye una fortificación tras otra, cerrando cualquier posibilidad hacia un encuentro.

El agua sabe que la sabiduría no puede adquirirse por conocimiento sino por experiencia. Tratar de vivir la vida desde el entendimiento nos aparta de su esencia, de su corazón. Para mí es esencial que en estos momentos que todos vivimos pongamos atención en recuperar ese pulso que nos une como agua, como esa corriente de vida que nos da lugar y nos permite sentirnos parte de ella, para reconocernos y ser a través de ella. Necesitamos afinar un sentir que traspase los órganos de los sentidos para asentarlo como base innata en nosotros. La coherencia cardiaca no sólo es un aspecto del cuerpo físico sino que ofrece una frecuencia que unifica desde los valores únicos y genuinos que nacen en el corazón, que son pura conexión directa con nuestra esencia, con nuestro alma. 

El agua nunca sabe lo que vendrá, tan sólo está presente en el terreno por el que está pasando en ese momento. Vive en presente. En un río, el agua está al mismo tiempo naciendo, fluyendo en su cauce, circulando en cascadas, acariciando piedras y desembocando en el océano. Jamás hay una parte desconectada. Sabe que no puede viajar aislada. Si nosotros tomáramos esa consciencia de río nos daríamos la opción de vivir de forma inclusiva, no por partes donde la mente, el cuerpo o el corazón tomara el mando. El agua no se reserva para un momento concreto. Se da en su totalidad y con ello viaja, no hay nada que guardar por si algo inesperado sucediera. ¿Seremos capaces de tomar el testigo del agua y sin reservas recuperar su naturaleza en nosotros?.

Muchos buscan un fin en la vida pero pocos son los que se entregan a vivir lo que ocurre desde lo más simple del día dando lo más puro de su coherencia en sus hechos y cuidados. ¿Y si el hecho de recuperar nuestro estado implícito de la consciencia del agua fuera la respuesta a muchísimas de las preguntas que nos persiguen durante años?

Con estas palabras hago transparente mi necesidad de expresar y compartir la importancia de integrar la consciencia del agua en nuestro día a día. No es casualidad lo que nos ocurre a nivel global. Es un momento cumbre. Si colocamos nuestro propósito diario en luchas, en tratar de aislarnos o en indigestarnos ante tanta locura, estaremos perdiéndonos un viaje completo, que no sólo nos incumbe a nosotros, sino que se trata de una oportunidad de llegar a reconocer lo que en verdad somos.

Porque el agua comience a depurar y revivir todo lo que quedó en el olvido en nosotros.

Que la Sabiduría pueda reconocer su fuente en cada ser humano y juntos, reconstruyamos su corriente.

 

Sonriendo esperanza, 

Noelia