Recupera tu SOSTENIBILIDAD: Fe-Compromiso-Autenticidad

¿Dónde colocas la fe, el compromiso y la autenticidad en tu día a día? ¿Cómo conviven esos tres aspectos en ti? ¿Cómo pueden tejer un espacio común donde cada uno mantenga su cualidad y al mismo tiempo potencie las cualidades del resto?.

Estas tres palabras tienen mucho que despertar en nosotros. Cuando la realidad nos impacta hasta un punto de llegar a perder de nuestra referencia interna, es primordial encontrar esos puntos clave que vuelvan a recuperar rápidamente la estabilidad interior. Todos sabemos que las circunstancias externas pueden hacernos perder grandes cosas a nivel externo. Sin embargo aunque esto suceda si mantenemos una base interior plena siempre encontraremos opciones para continuar desde otras perspectivas y nunca perderemos el sentido, o nuestro contacto con esa voz que nos otorga confianza y esperanza. En el momento en el que perdemos esta fortaleza interior comienza el peligro real, pues dejamos de sentirnos completos, capaces e incluso merecedores. En cuanto la falta de perspectiva interna se hace visible, la fe se desvanece, perdemos la capacidad de discernimiento, no somos capaces de reconocer lo que es coherente, real, bueno, correcto… es como si una gran niebla espesa se apoderara de todo control en nosotros y nos impidiera acceder a nuestra capacidad de sentir.

Mantener nuestra tierra en buen estado es una responsabilidad esencial para cada uno. Así como en un terreno de cultivo es imprescindible adecuar el suelo a lo que va a desarrollarse gracias a él, nosotros necesitamos reconocer qué aspectos son los que mantienen nuestra solidez y armonía, no sólo a nivel físico, yendo más allá de él, situándonos en esa tierra que nos da estabilidad y fortaleza interna, una tierra no visible pero sí sentida con claridad. Una tierra llamada Fe.

Muchas veces el estado físico depende de una sostenibilidad que no se hace visible a los ojos sino sensible al corazón. Ahí es donde comenzamos a reconocer cómo sostenernos a través de lo que nos mueve y no de lo que nos conforma. 

El sostén no es directamente proporcional a la solidez física sino a la gran capacidad interna de flexibilizarte con las circunstancias y de sentirte capaz de mantener la paz en cualquiera de sus formas.

Si te pararas a sentir por unos instantes qué es lo que te proporciona firmeza y estabilidad en los momentos más difíciles de tu vida, ¿qué dirías que es?. Tan importante es mantener un buen equilibrio en nuestra nutrición, como mantener una clara armonía en el vínculo de esos aspectos que nos anclan a nuestra seguridad. 

Para mí, el compromiso es un gran maestro que no deja de sorprenderme. En verdad lo percibo como un gran agujero negro del que siempre estoy obteniendo nuevas respuestas, nuevas situaciones que me acercan a más significados de esta palabra en mi vida y en mi forma de vivirla. 

Recientemente sentí la relación tan clara que el compromiso mostraba con la flexibilidad.

En muchas ocasiones solemos tomar decisiones basadas en conclusiones nacidas por una apariencia o por una escucha de la razón que no ha llegado a indagar más allá y optamos por tomarlas como válidas para solucionar la necesidad de ese momento.

Sin embargo, podemos aprovechar la circunstancia que vivimos para adelantar camino e investigar un poquito más allá de la primera razón que nos ofrece la mente. Y así, quizá llegar a un fondo que resuelve el verdadero conflicto.

Se podría comparar a poner un parche en un recipiente roto u optar por preguntarnos si realmente necesitamos ése recipiente.

¿En cuántas ocasiones nos hemos visto dejando de hacer aquello que nos genera paz, bienestar, alegría, serenidad…., por estar agotados? ¿Y durante cuánto tiempo hemos prolongado esta decisión, dejando de lado esos hechos que nos refrescan y nos regeneran?

Es mucho más fácil desprendernos de lo que nos beneficia que mirar al fondo de lo que nos está dañando, pues esto implica cambiar cosas que no son tan sencillas como decir no a un paseo, un baile o un masaje.

¿Alguna vez os habéis parado a contabilizar la cantidad de veces que negamos aquello que nos nutre en una semana? ¿Y alguna vez habéis probado a priorizar esos espacios observando lo que ocurría en aquellos que considerabas inamovibles y sagrados?

Cuando nos paramos a observar posibilidades de cambio de horarios, calendarios, actividades, etc, de manera casi instantánea aparece la conocida justificación. Y aquí es donde necesitamos estar muy atentos. Quien justifica es una razón condicionada que está al servicio de todo tipo de miedo, inseguridad y control. Cuanto más nos rijamos por esta guía menos simpatizaremos con lo que en verdad tiene el don de guiarnos hacia lo auténtico en nosotros. 

Cuanto más valor demos a lo que creemos razonable, menos contacto tendremos con nuestra sensibilidad real. Si dependemos de una norma que ni si quiera nos pertenece nos volvemos inflexibles y completamente estructurados. Lo que significa gozar de una claro distanciamiento con lo que se supone que hemos decidido vivir como almas. O dicho de otra forma, estaremos completamente despistados sin saber para qué hacemos lo que hacemos ni para quién lo decidimos hacer. Nos convertiremos en autómatas que obedecen órdenes carentes de sentido propio. ¿Dónde está el compromiso ahí? ¿Quién decide comprometerse? ¿Con qué estás comprometido?.

Hay una película muy linda recién nacida llamada “La boda de Rosa”, en ella la protagonista decide casarse consigo misma. Restablece sus votos. Los hace visibles para todos para así facilitar el anclaje de su propia decisión. Hasta ese momento había vivido para los demás, pero no había encontrado un espacio para escuchar su propia voz, su sentir verdadero. Para llevar a cabo ese compromiso, necesitó mantener más presente que nunca su cuidado con su flexibilidad. Es preciso hacerse flexible al cambio para mantener el compromiso vivo, pues si no lo haces, cualquier aspecto que dificulte la posibilidad que resuena en ti, deshará el vínculo. Aquello que se hace duro se vuelve quebradizo. Aquello que se nutre de cada situación y la utiliza para fortalecer su adaptabilidad y su presencia dentro de lo desafiante, crea una unión inquebrantable que consecuentemente refuerza la fe de uno mismo frente a la trama de la vida, revelando con facilidad lo que es auténtico en sí mismo.

Podría decir, que la forma de cuidar mi propia estabilidad o mi sostenibilidad dentro de la imparable cascada de desafíos de la vida, es a través del cuidado de mi compromiso real.

Cada uno necesita encontrar el suyo. No es tan difícil, sólo necesitas caer en tu sentir. Si encuentras el sentir de tu agua, éste te llevará a tu tierra, a ese espacio que te sostiene en paz en cualquier circunstancia y desarrolla la presencia de la fe. Si afianzas tu sentir y le das valor, espacio, movimiento y expresión. Sentirás que la fe en ti se refuerza, viviendo en una confianza que te acerca a tu lado más auténtico. 

En esta semana te propongo que investigues con estas tres palabras. Observando y escuchando cómo danzan juntas en ti. Quién comienza a proponer un movimiento, y cómo se distribuyen en él. 

Existen muchísimas formas de vivir un mismo hecho e infinitas posibilidades de que sea perfecto. Así que, por qué no descubrir qué es auténtico para ti, qué refuerza la fe en tu capacidad, qué te acerca a sentir sin filtros engañosos. 

Dar espacio al sentir asusta y suele negarse no por el hecho de carecer de valor, sino por el gran cambio que implica vivir a través de su voz. Son muchas las generaciones que se han apoyado en la razón, y justo ahora, la vida, nos propone que de una vez por todas, volvamos a ese compromiso que en su día tomamos, de vivir desde nuestra autenticidad, descubriendo cada día, poco a poco, lo que ello significa y necesita. 

Así que, en esta ocasión, os animo a emprender la gran aventura de ir en búsqueda de vuestro tesoro. Ese compromiso que se escucha cuando te paras a sentir. Puede que esa acción te haga abrir ventanas y descubras nuevos horizontes, nuevas necesidades y puede que te haga salir de tu razón. Entonces recuerda, no se trata de construir fortalezas sólidas externas, sino de generar un espacio interno de completa seguridad y sostenibilidad. Esto es la tierra de tu alma, un espacio que te entrega hogar y te hace “ser capaz de ser tú” en cualquier espacio que decidas habitar.

Porque nada de lo que creíamos es, y ya ha sido demostrado… ¡entremos en la autenticidad que siempre ha vivido en nosotros para construir juntos una autenticidad externa global!

El camino es fascinante, no hay desperdicio en él, no pierdas detalle, y recuerda, sólo necesitas sentir el privilegio de tenerte, desde ahí, todo está ganado. 

 

Con un corazón rebosante en amor,

Seguimos tejiendo.

Noelia