Quién decide EN TI por ti

 

Vives como vives las palabras que recibes.
Vives como vives las palabras que das.
Vives como vives las palabras que intercambias.
Y si tu palabra es de miel haces miel… y si tu palabra es de hiel haces hiel.
Y puedes pensarlo… y puedes sentirlo.
Y puedes decirte que es verdad… y puedes decirte que es mentira.

Ulha Maleva

 

En la última semana me he visto chapoteando en una urgencia de toma de decisiones imposibles de llevar a cabo. Me sentía ahogada ante tantas partes de mi vida que pedían una respuesta rápida en el mismo corto espacio de tiempo. Nunca me había sentido tan incapacitada para hacer algo. Me sorprendí tanto a mí misma que no quise saltarme lo que estaba viviendo, quería exprimir al máximo mi falta de seguridad. ¿Qué es lo que me frenaba a inclinarme por una u otra cosa? Muy sencillo, era muy consciente de que estaba eligiendo desde dónde iba a tomar esa decisión.

 

Primero me centré en una. Encontré rápidamente qué necesitaba para dar un paso u otro. Era sencillo. Pero no se daba. El exterior acentuaba mi duda. Por mucho que tratara de escuchar nuevas perspectivas todo se desordenaba más. El tiempo apremiaba, debía decidir, sin embargo mi decisión era no dar el paso hasta que algo en mí tomara un espacio de descanso interno.

Fui consciente de que por mucho que me concediera un pequeño espacio en soledad no conseguía resultados. Así que opté por la comunicación. Hacer visible mi debate interno permitió que cada parte comenzara a tener un sentido y un orden. Lo había conseguido, mi decisión no dependía de nada externo, sin embargo necesitaba mi apertura a ese exterior para encontrar mi seguridad.

 

Primera enseñanza a través del “tener que decidir ya”:

No temas concederte el espacio de la no claridad. Si expones honestamente tu sentir, consecuentemente aparece una escucha interna que ordena su perspectiva. Abrirse al caos, te centra en ti.

 

Súbitamente apareció la segunda de la lista. Aquí lo vi claro, estaba jugando con muchas capas de mi vida, una simple proposición creó en mí un resumen de cómo vivo diferentes relaciones de mi vida.

El miedo a volver a vivir algo pasado me hacía creer que en verdad no era algo que yo elegiría.

El pánico a ser rechazada y no ser suficiente me decía que estaba demasiado agotada para hacer algo así, y además no era lo que mi cuerpo necesitaba.

El miedo a distorsionar mi entorno generando dificultad y desacuerdo, me llevaba a la pereza de darme algo que no he decidido y que no me aseguraba que iba a ser nutritivo. ¿Y si aceptaba la proposición y todo mi equilibrio externo se ponía patas arriba? ¿Sería capaz de sostener ese caos provocado por una decisión a la que fui invitada a tomar?

 

Segunda enseñanza a través del: Tú decides.

Son tantos los miedos enganchados a situaciones vividas en tu pasado que se despiertan ante una simple pregunta, que has de estar muy despierto para ser consciente desde dónde dar el paso y quién te acompaña en él. Tú decides, no sólo hacer una u otra cosa, sino ser condicionado por un patrón o lanzarte al vacío desde lo realmente nuevo en ti.

 

¿Y si disfrutara?. Antes de responder a esa simple y bella propuesta, volví a reconocer otro patrón del pasado. No me sentía merecedora de disfrutar algo que no había planeado mientras en mi hogar, cada segundo sumaba mayor conflicto y necesidad. Para mí lo difícil era soltar la dificultad, y darme a la facilidad. Estaba acostumbrada a ello. A lo largo de mi vida, todo había sido un auténtico rin, donde a diferencia de cualquier combate, quien estaba del otro lado era yo misma. Claro que las situaciones eran diseñadas bajo un patrón de complicidad extrema, pero yo… creí que era lo que merecía.

En lugar de ver un camino de iniciación, o un tránsito de entrenamiento, lo integré como la única opción.

Y ahora, en este momento, estaba ante un espacio que a simple vista era sencillo y suave, pero mi gran bagaje en la catástrofe… me arrastraba hacia un: para qué meter la pata una vez más y producir más dolor.

 

Esto fue la gota que me despertó por completo. No iba a dejarme llevar por el victimismo. Había recorrido un duro camino con un sentido y no era precisamente apartarme de lo “bello y no conocido”. La vida me había mostrado mi capacidad de confianza y de superación ante cada adversidad. Había comprendido qué era cuidarse. Había integrado en mí lo que era amor y lo que era manipulación. Gracias a cada aspecto de dolor, había aprendido a identificar qué es qué y quién es quién en cada qué. Entonces, ¿qué estaba evitando? ¿el disfrute? ¿la facilidad?

 

Estaba tan desacostumbrada que casi me meto en una caja fuerte del no es posible.

¿Hasta dónde es capaz de llegar el miedo?

 

Tercera enseñanza: ¿y si te lo merecieras?.

No podemos confundir las etapas del viaje con su sentido. Si nos aferramos a una situación, viviremos todo bajo ese patrón, olvidando que sólo fue un paso necesario para que el segundo apareciera. Al igual que no nos negamos a la dificultad y la acogemos como maestro, necesitamos abrirnos a la facilidad y disfrutarla con humildad. Todo nos habla y todo nos encuentra.Primero vívelo y después saca tus conclusiones, negarte a fluir en la belleza sólo te estancará en la que vive en ti, agotando su propia luz.

 

Y como no hay dos sin tres, apareció la existencial. Esa decisión que nadie me invitaba a tomar ni era urgente vivir pero que no había situación que apareciera que no me pusiera delante de ella. Y en este caso, eran las circunstancias las que estaban condicionando una decisión vital en mí que tomé hace mucho tiempo y por la cual sigo haciendo lo que hago.

Me sentía estar subiendo por una escalera, en la cual cada peldaño fuera dando más y más fuerte en el núcleo del conflicto. ¿Tú también? Una más… vamos, ¿quién es el siguiente?

Y así, presente a presente, se unía con una experiencia pasada. Mi corazón pasaba las escenas como fotogramas. ¿Qué podía hacer? Tan sólo estar presente. Cuanto más entregaba… más repulsión se creaba. Era cuestión de tiempo. El final cambiaba de paisaje, pero el hecho era el mismo.

No importaba qué parte de mi vida jugaba, el final siempre era el mismo.

 

El dolor está pero el amor también. Mientras observaba todos los hechos entrelazándose en su propio sentido, experimenté una pregunta interna muy claramente: ¿para quién bailas?.

Ahí quedó todo. Cerré el álbum de recuerdos dolorosos y me fui de nuevo a lo que realmente importaba.

 

El exterior no iba a quitarme aquello para lo cual bailo, aquello para lo cual vivo, aquello para lo cual sigo fiel a mi integridad. No iba a apartarme de mí. Y si tuviera que cambiar drásticamente lo que había creado durante un largo camino, lo haría, porque no sería más que un simple cambio de orientación, mi base, mi tierra, estaría acogiendo el sentido de mi corazón de la misma forma, y aunque la tristeza apareciera, las lágrimas serían el oxígeno que alimentase el fuego de mi verdad.

 

Cuarta enseñanza: en el valor de lo externo.

La no comprensión de lo que se mueve fuera o lo que produce tu movimiento te acerca con más fuerza a tu elección. Tu verdadera decisión necesita ser independiente de las respuestas que produce. Sólo tú puedes saber si es fiel a ti. No necesitas que los demás te vean si tú te haces visible a ti mismo. Esperar a que los demás actúen bajo tu códice de integridad es una misión imposible y sin sentido. Espérate a ti, y cuando te hayas reunido no te trocees. No dudes. Sé tu elección y deja que la vida vaya conduciéndote por el sendero que más necesites; no tengas prisa, no la interrumpas y permite que cada situación te entregue una visión clara de dónde estás, en ti, para ti.

 

Tres decisiones que volvieron a hacerme transparente a ese momento.

Tres decisiones con cuatro enseñanzas que me mostraron un camino hacia mi responsabilidad.

 

Pulir nuestros actos, a través de la toma de consciencia permite que la capacidad de respuesta desde nuestra autenticidad sea cada vez más exquisita, libre de patrones o condicionantes de un pasado bañado en miedos y dudas de validez.

 

Que cada espacio de la vida se presente con la claridad de un lienzo en blanco para que podamos identificar cada uno de nuestros trazos y responder a lo que suceda desde una claridad interna pura y liberada de apegos.

 

Juntos en este camino pulsando al unísono más allá de las circunstancias

 

Con amor

 

Noelia