PRESENTE en el Presente

 

El latido del corazón no apunta ni al bien ni al mal; sólo afirma y lleva dentro aquello para lo cual estás presente.

Luz Ángela Carvajal

 

Caer en el presente puede llegar a asustar, pues requiere vivir libre de creencias y de  patrones que te han hecho ser lo que en realidad no eras, y esto, supone vivenciar pérdidas, cambios y grandes finales que tú no planeas ni deseas.

 

Darse el permiso de caer en lo que la vida te da en este instante tiene consecuencias irreversibles. Se trata de una invitación a conocer tu verdad y lo que conlleva materializarla en el día a día.

 

Quien dice sí a su reencuentro está tomando el compromiso de responsabilizarse de todos los cambios que conlleven cada uno de los pasos hacia sí mismo. Y esto, es algo que requiere una voluntad y una fortaleza enraizadas en una verdad de corazón,  que sólo tú puedes sentir y a la que sólo tú puedes atender.

 

Para mí, la tierra que permite que mi verdad pueda expresarse en la vida, es la humildad. Cuando me muevo bajo el respeto de todo lo verdadero que he descubierto en mí, sin traicionarme a través de la desconfianza, el juicio y la comparación, mostrándome con pura transparencia tanto al mundo como a mí misma, sin tratar de ser de otra forma, ni de buscar un objetivo que llegue a una altura valorada desde un exterior, entonces, estoy actuando bajo el sostén de mi vulnerabilidad y como no de la humildad.

 

Desde ese lugar ya no hay prisa por encontrar lo que se supone que has de hacer. Lo que cobra importancia es la escucha de lo que en tu interior se está despertando gracias a cada situación que te brinda la vida en cada momento. No necesitamos más. El hecho de estar presente en el presente, simplifica todo. Pero estamos tan poco acostumbrados a vivir la facilidad, que nos cuesta confiar en ello y soltar lo que ya no sirve.

¿Cómo voy a ser coherente conmigo mismo en relación a esta persona si “ayer” mi realidad con ella era otra?

Sé que muchas veces es duro. Pero es mucho más duro sostener unos patrones que son opuestos a tu sentir. Perpetuar una realidad que ya no es cierta en ti, sólo te enfermará.

¡¿Cuántas veces pedimos señales?! ¿Cuántos rezos nos han acompañado en nuestra vida? ¿Pero qué ocurre cuando de pronto llega la claridad? ¿Somos capaces de actuar con integridad sin perdernos en las consecuencias?

Por mucho que tratemos de mantener algo que ya no es, no podremos impedir que el final aparezca. Sin embargo está en nuestra mano el poder vivirlo de una forma suave, amorosa y bañada en respeto. Cuanto más espacio demos a lo que es real, más ayuda sentiremos por parte de la vida.

 

Tratar de adelantarse a lo que ha de venir nos produce estrés y nos desconecta de lo que en realidad está ocurriendo. Tratar de atrasar lo que ya ha ocurrido dentro de nosotros genera tensión y malestar, desconectándonos de lo que está llamándonos tanto dentro como fuera de nosotros.  Por lo tanto, ¿qué es lo que esperamos de nosotros?. Tomar el mando de lo que está ocurriendo o dejarnos invadir por el miedo y la pereza del cambio.

 

El presente es el regalo y tu presencia en él su materialización.

 

Lo que la vida nos entrega tiene un motivo más allá de nosotros mismos. Cuando nos damos la oportunidad de vivir nuestra coherencia momento a momento estamos abriendo las puertas para que otros también lo hagan y así, generar un espacio de permiso y de autenticidad en tu entorno que se expandirá sin límite por toda la humanidad. La autenticidad es igual de contagiosa que el miedo, y paradójicamente parece que nos asusta mucho más. Sostener nuestra luz y nuestro poder requiere tal nivel de contacto con la belleza de la vida que nos parece imposible poder soportar frecuencias tan altas.

 

Pero ya estamos ahí. La información está al alcance de todos. Basta un pequeño encuentro como el de este martes para reconocer que no vale la pena seguir impidiendo lo inevitable. Estamos despertando a nuestro corazón, la humanidad vive en cada uno de nosotros, y cuando humildemente nos adentramos en ella, podemos contactar con lo que estamos desaprovechando, cada vez que nos negamos estar ahí.

 

Las tentaciones son muchas, siempre han estado ahí, y siempre estarán mientras estemos viviendo en esta dimensión. Sin embargo somos nosotros los que decidimos dónde poner la atención, y cómo vivir en esa atención. Si nos dejamos arrastrar por la historia y el drama no estamos escuchando el auténtico presente. Lo que nos muestra claramente si estamos siendo manipulados por la situación es nuestra relación con la pausa dentro de su movimiento, sentir que estamos donde decidimos estar, como queremos estar. Si podemos situarnos como observadores y como protagonistas al mismo tiempo podremos tener una perspectiva mayor de la realidad y alcanzaremos una comprensión mucho más verdadera que viviéndola desde una sola mirada.

Quien vive sólo como el que siempre es movido por los acontecimientos, siempre vivirá en el rol de víctima y de pasividad sin adquirir una responsabilidad sana con su vida. Quien vive sólo desde el hacer y la rentabilidad nunca sabrá lo que es descansar en la confianza de lo que es. Quien vive en ambas visiones siempre se permitirá una escucha verdadera interna antes de actuar en una u otra dirección, estando siempre abierto a lo que venga de la mano de la vida sin esperar a un hecho concreto, confiando en que lo que proponga el presente será lo que corresponda. Quien viva en ambas perspectivas e incluyendo las vidas de cada persona en este planeta, ampliará su comprensión a grados impensables. Pues será consciente de la perfección de la red de la vida. Quien se encuentra en esta posición, no encuentra un camino sencillo, pero lo vivirá como si lo fuera, pues no habrá ningún intento de modificarlo, lo acogerá como su camino sagrado e intransferible. Reconocerá su misión en esta vida y agradecerá cada nuevo reto como vía de encuentro con su esencia y de unión a la esencia de la que todos formamos parte.

 

Aquel que se hace presente en el presente íntegramente se libera de las cadenas de la incoherencia y el desamor. Disuelve los miedos y se entrega sin dudas al legado de su propósito. No necesita hacer nada y lo sabe. Sin embargo reconoce su relación con lo que cada momento trae y juega con ello complementando la belleza del instante. Acoge la responsabilidad de lo que ha venido a ofrecer al mundo. Y no abandona su sentir ante ninguna tentación que desconecte su verdad.

 

Lo único que podemos esperar de nosotros mismos es nuestra presencia. Si la habitamos sabemos en cada momento lo que toca vivir, pues seremos parte de él y la brújula del sentir nos conectará con la red de todo lo que ya es.

Sé que puede parecer muy filosófico pero es real y palpable. Está accesible a todos, sin embargo necesitamos eliminar mucho ruido para alcanzarlo. Gracias a la fuerza grupal todo es mucho más sencillo, y el poder se multiplica exponencialmente.

 

La información está en nosotros, sólo necesitamos darnos la oportunidad de abrirnos a ella.

 

Sé que podéis comprenderme más allá del significado de las palabras.

 

No esperes a estar presente y a disfrutar de lo que es ser tú mismo dentro de la belleza de la vida. Atrévete a sentir lo que se crea a tu alrededor cuando tomas esa posición.

 

Es muy complicado cuando lo piensas y especialmente sencillo cuando lo experimentas. No hay excusas, anoche lo vivisteis y ya no hay marcha atrás.

 

Que la luz que os forma siga nutriendo el fuego de vuestro compromiso y vuestra voluntad. La vida espera por vosotros, es inevitable. Un día os eligió ahora toca que nosotros también lo hagamos. ¿Te escoges como capitán de tu propia nave?

 

Será un honor seguir surcando océanos a vuestro lado.

 

Todo mi amor y admiración

 

Bella semana de corazón a corazón

 

Noelia