NO TE ENQUISTES: La alegría es una elección

 

Si nos pusiéramos a imaginar estoy más que segura que todos podríamos alcanzar una clara visualización de una tierra repleta de cicatrices enquistadas y de heridas incapaces de sanar. Incluso sería sencillo imaginar un aspecto duro, compacto, y quebradizo, falto de agua, nutrición y cariño.

 

Seríamos muchos los que podríamos sentir así a este planeta. Sin embargo, ¿cuántos podríamos vivenciar así nuestro propio cuerpo?

 

Cuando la rigidez debida al sufrimiento, al desgaste, al maltrato y a la manipulación llegan a una medida desbordada, no hay espacio para que haya relación con nada más allá de sí misma.

 

El Planeta no tiene espacio para auto regenerarse. El continuo acoso que sufre por nuestra parte está impidiendo entrar en su pausa y en su capacidad de sanarse así mismo. ¿Y nosotros? ¿Qué estamos haciendo en nuestro propio hogar?

 

¿Cómo estamos respetando el equilibrio armónico de su funcionamiento? Somos un planeta al igual que la Tierra, y nuestra relación con él muestra nuestra relación con nosotros mismos.

 

En este presente la cantidad de conflictos nos están llevando a un caos global que parece no encontrar salida. No sólo se trata de la Tierra física. Nos estamos descomponiendo en el terreno relacional. ¿Hasta dónde vamos a llegar?. ¿Qué necesitamos para despertar?.

 

La Tierra está materializando el sufrimiento de una humanidad. Pero esta humanidad está formada por infinitud de individualidades, y en cada una existe un universo interior que materializa su sufrimiento en su propio cuerpo.

¿Y si de pronto, comenzáramos a vernos como parte de ese planeta con un poder genuino?  El poder de la responsabilidad y de la capacidad de responder a la llamada interna.

 

El sufrimiento es un estado caduco. Ya no forma parte de esta nueva época. Necesitamos desengancharnos de los vínculos del temor, la ira y la frustración. La historia hizo su parte y ahora estamos viviendo en la resonancia de lo que seguimos manteniendo y descuidando.

¿Y si redujéramos el campo de visión y navegáramos por nuestra humanidad interna? ¿Y si comenzáramos a arar nuestra tierra para soltar todo el lastre de heridas y de rencor? ¿Y si pudiéramos navegar en ríos internos de perdón y dulzura?. ¿Y si diéramos una oportunidad a que las relaciones de corazón nos entregaran la abundancia que espera por ser ofrendada?

 

El elemento del aire, muestra en nosotros, un flujo constante de dentro a fuera. La forma de conectarnos a la vida comienza desde la respiración. Y esa respiración trae consigo una vida…. una vida compartida, una vida conectada.

El aire es un vehículo interconector. Lo que uno deja otro acoge…. Generando así un tejido invisible que nos hace ser parte de lo mismo sin ser conscientes de ello.

Cada uno vive la vida como así decide, sin embargo la vida es vida para todos.

Todo depende de cómo utilizas aquello que entra a través de ti y cómo liberas aquello que sale a través de ti.

Viajar a Colombia este año ha cambiado completamente mi percepción y mi forma de relacionarme con la vida. Nunca hubiera imaginado que un espacio de pobreza, terrorismo y dolor, pudiera dar cabida a tanto gozo y alegría.

Cuando un saludo comienza con la palabra hermano, hay un cambio súbito de frecuencia de escucha y de consecuente respuesta. La consciencia de corrupción es tan grande que no hay un esfuerzo por un cambio externo, sino más bien aparece un cuidado impecable en las relaciones en el entorno más próximo. Y no sólo eso, no existe una excusa lo suficiente grande para dejar de cantar o de bailar. La música aparece tanto de forma consciente como inconsciente pues ellos se encargan de cuidar cómo suenan internamente, cómo acogen a quien se cruza en su camino, cómo comprenden aunque no compartan los ideales y cómo guardan su verdad a través de sus acciones.

 

Fue un ejemplo de vida simple y revelador.

Cuando cada mañana nos dirigíamos hacia el lugar donde íbamos a aportar nuestro granito de arena, internamente aparecían cientos de movimientos que me hacían sentirme desordenada y oscura por dentro. Me pesaba la vida y no tenía fuerzas para mantener la sonrisa. Me sentía triste e incapaz. Y entonces aparecía la magia.

En cada lugar nos recibían con música. Y por lo tanto… ¡tocaba bailar! Aquello era un diálogo directo hacia todas mis heridas y reprimendas internas. Darme a aquella música, con todas esas personas, celebrando ese momento, disfrutándonos a través de una decisión que cada uno tomó por separado, hacían de aquel instante un espacio único y transmutador.

 

Unos minutos eran suficientes para depurar mis ríos y manantiales embarrados, para sentir una mente completamente abierta enfocada en el objetivo de ese momento y como no, para abrir el corazón a historias que te hacen sentir parte de lo desconocido y lejano.

 

Esto me marcó hasta tal punto que para mí la alegría, no es un estado que aparece, sino que es un espacio que nutres, cuidas y como no, elijes. 

No necesitas buscarla, sólo reconocerla.

 

Vayamos a la sesión de anoche.

¿Acaso dije que tocaba bailar la alegría? ¿Propuse sonreír, reír o divertirse? Más bien, di una imagen de la realidad que produce dolor y tristeza. Entregué la responsabilidad de desenquistar las cicatrices, de tomar la batuta de nuestra propia calidad de la tierra. Propuse un viaje hacia la esponjosidad de la tierra, hacia su porosidad. Invité a darnos al encuentro con el otro como vía para abrir las interconexiones a través de la autenticidad de las relaciones que fluyen naciendo y muriendo en cada nuevo encuentro. Y sin pretenderlo, se convirtió en una fiesta, en un espacio donde la vida se reconoce y se celebra así misma en comunidad.

 

Para mí, éste es el sentido del aire, hacernos partícipes de la vida desde la liviandad de sus situaciones, desde el aprendizaje y el amor que despiertan.

Las relaciones constituyen en nosotros ese aire, siendo las encargadas de mantener esa circulación interna para que nuestra tierra no acumule residuos de creencias o interpretaciones que creen rigidez en la perspectiva de visión y de sentir la vida. Dinamizando el movimiento de las emociones en nosotros para así no engancharnos a sus impactos. Despejando el cielo de nuestra mente; creando una perspectiva abierta a la diversidad.

 

 

Con el azul en las manos… y en las manos el amor… y entre los dedos la llama… y en la llama el corazón.

Ulha Maleva

 

¿Sabéis? Siempre me han llamado soñadora etiquetándome como rara y carente de realidad. La verdad es que nunca me ha condicionado. De hecho me ha llevado a investigar más a fondo en esa rareza y en esa fantasía. Sí, me declaro soñadora y además amante de la belleza. Y es precisamente ese vínculo el que me trae más directa a la vida, aterrizándome en la realidad. Sin embargo para mí la realidad va más allá de lo aparente, no son los desastres y las injusticias. El hecho de encontrarme dentro de este gran viaje me hace sentir parte de algo hermoso, bello, y en lo cual tengo un espacio por cuidar. De pequeña me frustraba la dificultad del ser humano para materializar el amor a través de sus actos. Me sentía incomprendida. Aislada. Por ello, tomé un compromiso: cuidar la relación conmigo misma. Y entonces, me vi como mi peor enemigo, dándome de bruces contra la guerra que mantenía conmigo misma. El exterior me tiraba una pelota, pero yo era quien la cogía y la proyectaba como un misil en mi contra.

 

Este lunes, cumplí 37 años y fue la primera vez que vivencié la gratitud de ser lo que era y de recibir a la vida como lo hacía. Ya no hay lucha. El aire circula entre mis mundos como perro por su casa, dándome claridad de nuevos momentos y vinculándome con lo que está ocurriendo fuera.

 

El aire me está dando la posibilidad de viajar a través de mí manteniendo plena conexión con la vida. Y puedo asegurar que es fascinante. He descubierto que me puedo elegir, y no hay nada como ello. Aunque sienta tristeza ante lo que ocurre, pese a no entender, y vivir el dolor… la plenitud me acompaña. Cuando nada modifica tu estado, has llegado a ti. Sigo viendo la belleza y la perfección en cada aspecto. Pero para ello es imprescindible situarse en un espacio personal unificado e integrador.

 

Os reto a que sigamos explorando con el aire durante esta semana. Ofreciendo a la vida nuestro corazón a través de un agua que no retiene ni se detiene. Regalémonos vincularnos a este momento y así encontrar el tesoro: nosotros mismos.

 

Bella semana para todos.

 

Que la danza siempre encuentre el espacio para su compartir y su encuentro.

 

Todo mi amor

 

Noelia