NO TE ANTICIPES; EL VACÍO DEL PRESENTE TE ESPERA

 

En el momento en el que has encontrado en ti “esa sensación de estar completado”, la vida sigue el juego y te propone fortalecer esa unión en ti.

En esta semana diferentes conversaciones me llevaban a un mismo punto de cierre: “no me entiende… no puedo acceder a su corazón… no me ve… y además me juzga… ¡no comprendo! Ahora que estoy más en mí que nunca se me pone en duda mi posición y además aparece un juicio en ello”.

Me venían pensamientos de pérdida y sensaciones de tristeza ante esas situaciones que se repetían en diferentes contextos, justo ahora que era más yo que nunca…. ¿por qué no hay encuentro? Siguiente paso… sigue confiando en lo que no ves y sí sientes y ofrécete al presente para que haga su trabajo.

 

¿Qué es lo que estaba ocurriendo en verdad?

El juego no consistía en si era o no comprendida, en si era vista o reconocida… eso ya fue, ya caducó y ahora que me siento completa, no es algo que me mueva, de hecho, tan sólo lo observo, no deja huella. Ahora no se trata del otro, se trata de mí con ello.

 

Entonces… ¡revelación!. Lo único que está ocurriendo es que el momento del presente te está ofreciendo una escena con una danza determinada. Si entras con los conceptos, los recuerdos y las creencias de lo que fue en un pasado, lo único que vas a conseguir es sufrimiento, desencuentro y completa confusión.

¿Qué ocurriría si pudieras entrar en silencio? ¿Cómo podrías ofrecer ese silencio a lo que el exterior te entrega como escenario? ¿Qué sería experimentar lo que sucede sin meter tu historia? ¿Cómo sería ser parte de ello sin anticiparte con las creencias de lo que será, ofreciéndote desde el vacío de tu sentir, de tu pensar y de tu actuar?

 

Me pillé. He encontrado algo que en mí es una tendencia bastante frecuente y que sin ser consciente la he tomado como natural sin serlo en absoluto. Me anticipo a lo que está siendo. ¿Cuántas veces doy por hecho algo respondiendo de una forma que para mí es la más adecuada sin ni tan siquiera haber puesto un paso en ese espacio?

 

Si nos anticipamos al presente no podemos entrar en su vacío, por lo tanto estamos reaccionando a lo que creemos que va a ocurrir para que no nos pille desprevenidos, moviéndonos entre comillas, en una seguridad manipulada.

¿Y si ralentizáramos nuestros movimientos? ¿Y si invirtiéramos el orden?

 

Vivir con una persona cuyo estado cambia cada segundo sin poder prever si continuará caminando, hablando o comiendo; sin asegurar si el próximo movimiento será una sonrisa o una bofetada; ha sido el entrenamiento más exquisito para comprender lo que es la vida en presente.

 

Jamás hubiera imaginado que mi padre fuera a enseñarme tanto, y mucho menos que ese aprendizaje no tuviera fin.

 

 

Nunca nada se acaba, ni siquiera lo que parece terminado.

Ulha Maleva

 

En los últimos años me ha mostrado lo que es realmente la vida.

Me ha ofrecido una danza en la cual no puedo controlar, predecir, ni mucho menos esperar nada en absoluto. No existe ninguna respuesta igual a otra ni un momento parecido al siguiente. Todo es presente y ese presente no depende de nada de lo que yo haga.

Me he recorrido el mundo entero buscando aprendizaje y la forma de encontrarme conmigo, de amarme, perdonarme y reconocer qué soy.

Pero honestamente, todo ello no ha sido posible hasta que mi padre entró en ese espacio tan especial donde la “enfermedad” se ha convertido en el gran viaje del núcleo familiar.

Ese viaje es un encuentro constante con el eterno presente. Y en él hemos aprendido que nada ha acabado y que todo, está en un estado emergente, cambiante, y por supuesto, impredecible.

Nos ha enseñado a no esperar. A no dar nada por hecho y a, de una vez por todas, entregarnos a lo que está ocurriendo sin soltar el timón de nuestro propio barco.

 

Mi padre nos ha ofrecido su vida para que reconozcamos la forma en la cual se acompañan nuestras propias vidas. Nos ha dado la oportunidad de vivir realmente la unión desde una perspectiva muy diferente. Nos ha invitado a una danza que no archiva ni da por supuesto, sino que entra al vacío del momento y se deja mover en ese infinito que encuentras cuando nada pones de ti más allá que tu corazón y tu ser.

 

Hoy, 30 de octubre, es su cumpleaños, 66 años. Y ¿sabéis qué? No tengo regalo. ¿Qué se le puede regalar a una persona que lo tiene todo sin recordar nada? He comprendido que el mejor regalo que puedo entregarle es poner en práctica sus enseñanzas, dando tierra a su sabiduría:

 

No te anticipes a lo que te ofrece cada situación. Escucha, siente cuál es su movimiento en ti, únete a ello, sé parte y entonces sigue lo que en ti se genere como respuesta.

Deja que lo que ocurre te muestre la realidad sin filtros de tus propios pensamientos. Actúa desde el sentir sin esperar respuesta. Sostén el silencio en cada imagen que continúe tras tu acción. Que el amor sea siempre el lienzo en blanco para lo que haya de darse. Sólo ahí puedes ser parte del momento, sin drama, con pura compasión y unidad.

 

Nada de lo que en un pasado fue para ti un guión a seguir puede ayudarte ahora. Más bien conseguirá perderte. Ahora se trata de otras reglas. Toca confiar en lo que no ves, y más aún en lo que parece imposible.

Toca aceptar de verdad, es decir, ser parte de lo que se es en lo que es, permitiendo que el propio presente deje manifestarse la fuente inagotable de dones que tanto te caracterizan.  

 

No adelantes tu sentir, siente tu sentir… y deja que el movimiento del momento lo transforme, lo complete, lo libere y lo depure.

 

 

Si paro a observar mi semana, encuentro una larga lista de encuentros que me llevaron a un caos de varios minutos en el cual se aceleraron sensaciones y pensamientos antiguos ante situaciones parecidas, tratando de llevarme a la deriva.

¿Cómo no vamos a resistirnos a entrar al vacío, si cada vez que nos topamos con él comienzan a emerger miedos, seguridades insostenibles, dudas, partes ocultas o apartadas por falta de comprensión…? En presente, entramos en el espejo del ahora y lo que no puede danzar en esa frecuencia etérea se muestra tratando de encontrar un lugar para cobijarse y ubicarse. Ese momento, es pura magia.

Pues está en nuestra mano darnos a él y permitir que toda nuestra estructura emocional y mental vuelva a tomar un nuevo orden. Un orden que sea coherente con ese nuevo “yo” que se ofrenda al aprendizaje del instante que emerge sin más búsqueda o expectativa que ser parte de él.

 

Si algo tiene el vacío es la certeza de que está sostenido por la plenitud. Y esa plenitud es un tejido de amor en sus infinitas manifestaciones.

 

Por ello, hoy con vuestro permiso ofrendo estas palabras al ser que más me ha enseñado de la vida y quien me ha llevado al portal del amor incondicional.

A su lado, he comprendido que no hay lugar correcto, ni sueño que alcanzar. El único requisito que necesito cuidar es cómo soy parte de lo que es, pues en ese “lo que es” está todo. Ningún escenario me ha dado lo que puedo vivir en un momento tan simple como es el cambio de pañal. La vida está llena de eternidades, tan sólo necesitamos querer formar parte de ellas y ello requiere un salto al vacío para encontrar…. el infinito.

 

Gracias papi, no importa si vives o mueres… pues me has mostrado la belleza del viaje y de lo que todavía queda por exprimir en él. Sea cual sea el lugar que ocupes en este viaje me has mostrado de qué forma elijo vivir mi parte en él y eso es lo más grande que he podido recibir.

 

Feliz nuevo ciclo.

 

Gracias a todos los que hicisteis que esa noche de martes fuera infinita.

 

Todo mi amor

 

Noelia