Nada de lo que era es, ni nada de lo que fue sirve

 

“Decide cómo quieres respirar, no esperes que alguien lo haga por ti”.

Luz Ángela Carvajal

 

Me atrevería a asegurar que en los momentos de la historia en los que nos encontramos somos muchos los que sentimos que nada de lo que antes nos servía, ahora, nos funciona. Estamos ante un presente en el que todas las estructuras creadas como hábitos o fórmulas incuestionables de vivir han dejado de tener validez. La sensación puede llegar hasta tal punto que cuestionemos seriamente el sentido de uno mismo dentro de esta humanidad. ¿Qué está pasando?

Las seguridades son espacios inaccesibles, antes de poderse crear en pensamiento, la vida ya las ha disuelto en el espacio.

De alguna manera es como si hubieran cambiado las reglas del juego.

Nada de lo que fue, sirve.

 

Por muchas excusas que nos pongamos es inevitable que lo nuevo emerja, y depende de nosotros poder integrarnos en esa nueva realidad.

 

Sé que cuesta vivir situaciones a las que no puedes etiquetar ni explicar su origen o su propio movimiento. Sé que lo primero que aparece ante el no entendimiento es la negación y la necesidad de salir de ahí. Sin embargo, hasta que no nos permitamos reposar en el vacío (ausencia de todo control) no alcanzaremos a recibir los regalos que la vida nos está invitando a experimentar como despertar y renacer.

 

Todo lo que nos ha movido externamente hasta ahora tendía al separatismo, al aislamiento, a los peldaños de poder y al nunca es suficiente. Sin embargo, por mucho que nos empeñemos en manipularlo, la naturaleza de la existencia nos recuerda que todo está interconectado, nada está aislado. Cada pequeño cambio repercute en la red. Lo que parecía vacío es un potencial infinito de información, lo que parecía lleno, no es más que un armazón que se hace polvo cuando lo traspasas.

 

¿Y cómo lo vivimos en el día a día?

Las formas son infinitas.

Puede que lo que siempre te había impulsado a seguir adelante, ya no tiene la forma que le dabas hasta ahora.

Si trabajas en algo que te da sentido, puede que la perspectiva que en realidad tiene ese trabajo ya no sea un enfoque válido. La esencia es la misma, pero el medio por el cual transmitirla no corresponde a lo que resuena en ti. Es el momento de confiar en aquello que te quita del territorio seguro y te adentra al vacío, es justo ahí que podrás reconocerte en lo que ahora está despertando y ser una prolongación de ello dando tu toque personal.

Puede que tus relaciones ya no puedan ser vividas de la manera habitual. Lo que antes te llenaba siendo suficiente para permanecer en ellas, ahora sea una distracción que no deseas para ti. Puede que aparezca una gran claridad sobre lo que necesitas en diferentes relaciones, tanto a nivel pareja como en el terreno de la amistad o en el ámbito social.

 

Indistintamente del lugar al cual miremos de nuestras vidas, todo se rige bajo el mismo código. En vez de apostar hacia aquellos espacios que antes eran estabilidad garantizada, nuestra esencia nos dirige directamente al vacío sabiendo que no hay otra alternativa para ser íntegro y feliz.

Y en verdad es completamente comprensible. Sólo cuando nos despojamos del lastre de los espejismos entramos en la dimensión de la conexión. Cuando nos sentimos desnudos y nos mostramos como tal en la vida, emerge la sensación de lo que no querías ver, los lazos que conectan a cada ser.

 

Todo tiene un propósito, y para despertar a él, necesitamos despertar a nosotros.

La vida nos lo está poniendo muy fácil. Tras largos años de sugerencias, ha llegado un punto en el que ya nos tiene rodeados de sucesos que nos llevan directos al espejo de tu verdad.

El corazón ha recuperado su voz y la mente no encuentra un mapa conocido para seguir su ruta.

Por supuesto que el cambio se siente con todo lo exterior, pero sólo es una consecuencia del cambio de tu propia relación contigo mismo.

Tal y como dialogues contigo, lo harás con la vida.

Ahora ya no sirve el yo. Cuando sientas que algo es para ti, tendrás una delicada sensación que lo extenderá al espacio. El yo, se transforma en nosotros. Servirse a uno será un acto de servicio al planeta entero. Es como si para llegar al exterior tendrías que traspasar un portal situado en ti mismo.

 

¿Te imaginas que fuéramos portales para llegar a tocar a la humanidad? ¿Te imaginas que fuéramos el canal para que cada cosa se colocara en su Orden?

 

Para mí lo somos. Somos tanto el camino como el que lo transita.

 

Y así la quietud me mostró que entregarme al abismo de mi propia incapacidad para sostener lo insostenible, te abre a la verdadera esencia, donde todo se conecta y se sostiene por sí solo, compartiendo un movimiento dirigido a un objetivo común hacia un orden natural.

 

El vacío nos ofrece la oportunidad de mostrar nuestra diversidad creando en ello el vínculo de la unidad.

 

Gracias por haber vibrado en vuestra luz como nunca antes había observado.

No tengo palabras para expresar el regalo de anoche.

Ya nada de lo que era es, y nada de lo que fue sirve.

Gracias por entregaros al espacio sin nombre, donde la danza se reinventa a cada segundo, en cada espacio.

Seguimos conectados

 

Amor en movimiento

 

Noelia