MANTÉN TU COHERENCIA SIN PERDER LA INTEGRIDAD

 

Sé íntegro, y todas las cosas vendrán a ti.

Lao Tse

 

Ayer fui consciente de cómo el caos que me había acompañado durante toda la semana comenzaba a encajar todas las piezas, al fin había comprendido lo que con tanto empeño trataba de explicarme.

 

Muchas veces por seguir una coherencia interna podemos perder la integridad. Atender a nuestra verdad y ponerla en práctica supone no perder la perspectiva del mundo en el que nos movemos. Si sigo mi voz interna pero no sé hablar en el idioma que la sociedad comprende, lo único que consigo es aislarme, apartándome del objetivo que esa coherencia quiere lograr. ¿Cómo puedo ofrecer algo a la vida si la forma de expresarlo me separa de ella?

 

Cuando tratas de encontrar un equilibrio entre tu verdad y la del mundo, puedes llegar a perderte completamente; hasta alcanzar un extremo en el que pierdas la perspectiva de la globalidad y al final acabes por olvidar para qué estás siguiendo ese camino que un día escogiste.

 

Al tomar consciencia del espacio en el que te has metido aparece todo aquello de lo que no estás orgulloso, comienzas a percibir lo que no hubieras escogido, lo que hubieras eliminado de inmediato, las propias piedras que has lanzado en tu contra. ¿Pero qué es lo que he hecho? Si te enganchas en ello, el destino es claro: culpabilidad y retirada del terreno de juego.

 

Son varios los aspectos de mi vida que en esta semana me han llevado a este lugar. Observando, encontré claramente un hilo conductor. Me estaba centrando tanto en mi mirada interna de lo que se suponía coherente en mí, que descartaba verdades palpables que me unían al exterior. Era capaz de anular mi pasado para sentirme libre dentro de mis acciones en el presente. La mutilación llegaba a tal escala que eliminaba de mis archivos de vida partes de un fuerte valor, no sólo emocional sino que también me daban una posición dentro de la sociedad. ¿Era necesario tachar tantas partes de mi pasado para sentirme coherente con el presente? Algo se me estaba yendo de las manos. Sentí físicamente fugas energéticas en diferentes partes de mi cuerpo. Las señales eran obvias. Mantener una idea de justicia me estaba castigando. Y con ello, no sólo dañaba las posibilidades de mi propio camino, sino que estaba extendiéndolo a mi entorno familiar, provocando estados nada agradables.

Dejarme mecer en este nuevo descubrimiento, hizo que observara la extensión de la resonancia de esa decisión que en un principio parecía tan afín con mi verdad.

 

Lo sentí claro: la coherencia sin integridad global deja de ser coherente.

Si la coherencia me impide conectarme con la sociedad, obstaculizando mi propósito de vida…¿se puede hablar de coherencia?

 

Durante esta semana confieso haberme sentido perdida al querer mantener mi pureza y mi autenticidad. No quería venderme a un movimiento del que no era parte para poder cumplir lo que se supone que había venido a entregar a este mundo. No podía someterme a nada que se apartara de mis ideales.

Una rápida conversación con “un ángel”, me regaló perspectivas de mi vida de las que no era consciente. Me había cerrado tanto en mi propia visión de lo correcto y de lo honesto que había perdido la autenticidad del espacio externo y de lo que me había entregado cada uno de los pasos de mi camino.

 

Recordé la búsqueda de reconocimiento en mi pasado. Visualicé el momento en el cual ya no lo necesité. Fui consciente de que el reconocimiento formaba parte de mí, todos mis aprendizajes se habían asentado en la forma de vivir y de expresarme con el exterior…. Sin embargo, caí en un sentir que trataba de anular lo que me dio ese reconocimiento. Es cierto, ya no necesitaba que lo recordaran, pero no podía tachar lo que es parte de mi tierra. Ahora ya no tengo que pensar en cómo mantener mi equilibrio mientras ando, pero si he de hablar de mis habilidades, el caminar es una de ellas…

 

Lo más bonito fue ver lo que vino tras este despertar.

El hecho de poner en marcha esa coherencia sin integridad, me llevó a tomar decisiones y a emprender proyectos. En ello involucré a más personas. Me vi en la prisa de ponerme en el pódium de la coherencia, apostando fielmente por ello y dando lo mejor de mí.

Mientras lo hacía, fui consciente de que el resultado no estaba conectado a esa verdad. Lo que veía era un producto de salvar el límite temporal marcado. Pero ¿para qué?

 

Fue bellísimo desenmascararme. Me pillé en un hábito repetido en mi vida: apartarme del camino restando valor a lo que soy tanto para mí como para otras personas.

Al hacerlo, no sólo “me tacho” de lo que realmente tiene un espacio para mí. Sino que mi falta de posicionamiento y de reconocimiento en él hace que las nuevas decisiones y los nuevos espacios que se abren con otras personas caigan en un sinsentido.

 

Y es entonces cuando puedes rescatar la integridad. Ese espacio que agradece y da lugar a cada experiencia que ha hecho que estés donde estás. Esa perspectiva de red que conecta y unifica sin impedir el movimiento desde la autenticidad.

Para ello es imprescindible saber entregarse al error. Es vital no echar a correr cuando te sientas naufragar en tu propio chapapote. Sólo en él puedes reconocer lo que te llevó hasta él. Sólo ahí, puedes escuchar la nueva señal que creará una perspectiva muy diferente a través del contacto con esa oscuridad. Sólo en el vacío de las certezas aparece el orden de la claridad.

 

Si no puedo identificar cada parte que ha hecho que sea lo que soy, será muy complicado poder acceder a todos los espacios externos que me corresponden.

Es como si cada parte de mi vida me hubiera dado una llave que en determinado momento abriría la puerta de un nuevo presente.

Si después de recorrer un duro camino, de pronto, te deshaces de las llaves y comienzas a caminar sin los regalos que has conseguido a través de tu propia experiencia en un pasado, ¿a dónde podrás acceder?. ¿Quién puede darte el lugar que tú mismo has descartado?

 

Gracias a uno de los caos más profundos que he vivido en los últimos años, he renacido al concepto coherencia. Sólo cuando podemos aterrizar, dando tierra a través de la acción y respetando cada parte de nosotros, llegamos a descubrir que somos íntegros. Ser íntegros es incluir, pero no sólo incluir nuestros ideales en nuestras acciones, sino sentirnos ser parte de todo lo que hay fuera. Negar es diferente de escoger. Quien escoge está clarificando y dando tierra; apuesta por algo y se da a lo que su resonancia le traiga. Quien niega, está cerrando las puertas y tirando las llaves que en su día consiguió.

 

Así concluyo mi viaje desde la defensa de una idea, hasta la toma de consciencia de su falta de perspectiva.

Me abro a vosotros con claridad compartiendo que mi falta de escucha y el miedo a ocupar mi espacio me llevó a tomar una decisión hace un tiempo. Ahora, tras la gran enseñanza de la experiencia del caos puedo expresar que continúo sintiéndome transmisora de los 5 ritmos. Gabrielle me dio un espacio, e inclinándome ante su sabiduría y su amor, desde la humildad y el respeto, seguiré honrándolo siendo una aprendiz eterna dentro de los ritmos. Es a esa tierra a la que honro y a la que incluyo todo lo que a través de mi experiencia puedo aportar. No sólo soy profesora certificada de 5 ritmos, pero también lo soy. Mi transmisión no es a través de una vía diseñada, sino desde la humildad que me lleva a investigar desde lo que el momento me enseña.

 

Gracias por seguir acompañándome a pesar de mis meteduras de pata, de mis faltas de visión y de mis caídas. Si algo soy, es transparente.

Aquí es donde estoy y desde aquí me entrego al siguiente espacio.

 

Seguimos compartiéndonos, aprendiendo a identificar el respeto a la integridad.

 

Todo mi amor

 

Noelia