LO ÚNICO QUE DEPENDE DE TI ES EL «CÓMO»

 

“Escuchar es una forma de aceptar”

Stella Terrill Mann

¿Qué estoy haciendo mal para que esto ocurra? ¿Qué se supone que la vida espera de mí?

Una lista interminable de preguntas puede acompañar a este comienzo. Todos sabemos de esto. Todos hemos estado en un momento en el que crees que lo que ocurre depende de ti. Nos sentimos responsables de las circunstancias y nos hacemos víctimas de lo que sucede.

En verdad es algo que no podemos separar: si te haces culpable de lo que pasa en tu vida, te conviertes en víctima de la realidad. ¡Con lo fácil que podría ser!  Y sin embargo… nos enredamos sin ayuda.

¿Y si en lugar de sentirnos responsables del desastre que nos acompaña nos hiciéramos responsables de cuidarnos en ese espacio y de escuchar lo que en verdad nos está trayendo ese espacio que tanto rechazamos?.

Durante esta semana la palabra aceptación me ha acompañado escena a escena. Parecía estar viviendo una auténtica película. ¿Se podía complicar más? Ya lo creo. El paso de los segundos era un nuevo ¡no puede ser! Y sí; lo era. ¡Y con qué elegancia!. De hecho lo más divertido fue, que al darme cuenta de que este martes propondría trabajar la aceptación, todo lo que iba sucediendo me ponía más a prueba.

Llegó un momento en el que pensé, ¿qué es lo que no estoy escuchando?.

Prometo que sentí que los retiros de crecimiento personal se quedan a ras de suelo cuando se comparan con la vida. ¡El retiro es la propia vida!.

Durante los últimos días he concentrado las pruebas de aceptación que más necesitaba para reconocer dónde estaba en ese momento. Aceptar, no es desvincularse de lo que ocurre; todo lo contrario, es sumergirse en ello sin que ningún interruptor de la crítica o la justificación salte automáticamente.

Necesité unas horas para apaciguar la tempestad que una simple conversación había desatado en mi interior. ¿Es posible que la vivencia de alguien pueda llevarte por un diálogo que toque cada uno de tus puntos débiles? Lo es. En apenas 5 minutos, puedes llegar a arruinarte en tu propia caja fuerte.

¿Cómo es posible que él consiga en unas horas todo lo que yo no he hecho durante un año? ¿Cómo aquello que tanto me desvalorizó pueda estar dando luz a quien no consigo alcanzar? ¿Por qué no soy vista? ¿Qué necesito hacer para que me valoren de la misma forma? ¿Cómo puedo frenar la repetición de la historia? ¿De nuevo este personaje? ¡Volví a caer!

El vómito de la mente no tiene fin, pero hay alternativas más interesantes donde sumergirte.

Aquella conversación tan corta y tan directa me brindó la oportunidad de vivir mis asuntos no resueltos hasta lo más profundo de mis entrañas. En 3 minutos de reloj me di el permiso de transitar toda la rabia y la tristeza que todavía permanecían latentes en mi interior dentro de la caja fuerte de la desvalorización, la crítica y el desprecio. ¡Quién iba a imaginar que me caería del cielo una oportunidad como aquella!

Tras darme el permiso a transitar la expresión física de ese maremoto interno, comenzó la danza de la gratitud. La luz me fue mostrando un tesoro que necesitaba enraizar en mi día a día con más ahínco: la humildad.

Deja de cuestionar a la vida y escúchala. No protestes antes de unir todos los puntos que se conectan a ese impacto. Con el foco individualista que ve la situación como algo aislado sólo alimentas a la culpa o al victimismo. Por mucho que pretendas camuflarlo es así. No sientas lástima de que todo te ocurre a ti, no creas que la dificultad te ha escogido como conejillo de indias, no te veas como la protagonista del drama más catastrófico del planeta, las cosas son, y si te paras a observarlas y a sentir lo que evocan en ti, encontrarás nuevas formas de relacionarte con ello y te plantearás un diálogo de escucha y aceptación inequívoco.

El Universo actúa a tu favor. No hay otra posibilidad. Los únicos que no ayudamos a esa corriente somos nosotros con nuestras alternativas de chantaje a lo que es. Pero la vida tiene una inteligencia de un nivel más allá de nuestro entendimiento, y no se ve condicionada por nuestros intentos seductores. Quienes condicionamos nuestra propia capacidad para aprender del momento disfrutándolo somos nosotros.

Para cambiar es preciso cambiar. Y eso conlleva un gran acto de desprendimiento de lo que estamos modificando. Es como si quisiéramos estar 10 metros más a la derecha pero no quisiéramos despegar el pie izquierdo del suelo. ¿Cuándo alcanzaríamos esos 10 pasos?

Debido a que mostramos un gran empeño en guardar en los museos de nuestro cuerpo los traumas y las experiencias más dolorosas, la vida se esfuerza en abrir sus puertas para que corra el aire en sus pasillos, y así, tener la oportunidad de volver a ponernos delante de ellos y conversar, hasta llegar a la comprensión de que es momento de dejar de avivar el fuego que nos engancha a ellos.

Y es que en realidad somos capaces de buscar hasta los rincones más perdidos de nuestro interior antes de entrar en el vacío de la incertidumbre. Si supiéramos que cuando nos damos a ese precipicio todo lo que antes nos condicionaba deja de hacerlo, cambiaríamos sin dilación.

Colócate y lo sabrás, ¿recordáis? Así fue la danza de la semana pasada.

En este caso podríamos añadir, escucha el espacio donde la vida te coloca y cuida tus movimientos en él. No caigas en la tentación de la crítica. Sal de toda negación y ponte la capa de la humildad. Recibe esa nueva verdad hasta que su escucha resuene tanto en ti que puedas sentir la magnitud del amor que os une.

La vida nos posiciona para que decidamos cómo colocarnos en ese nuevo escenario y comprobar hasta qué punto podemos mantener nuestra integridad. De no conseguirlo, su generosidad seguirá trayéndote nuevas opciones para que caigas en la rendición de la lucha.

La vida nunca te abandona. ¿Por qué no probar a confiar? ¿Por qué no observar lo que ocurre internamente ante cada nueva rotura de esquemas? Siempre hay una razón para optar por la aceptación.

¿Nos daremos el permiso para escuchar lo que hay tras las apariencias de cada zancadilla?

Propongo un juego: durante una semana suelta el juicio ante los impactos. Escucha y continúa escuchando. Responde desde la escucha. No pongas adornos dramáticos a los hechos. Si es preciso un giro de 180 º, a por ello. Si necesitas justificarte ante algo o salir a tu defensa, descansa en la humildad del silencio. Escucha y permanece en ella. Llegará un momento en el que escuches lo que hay en cada hecho.

Ahí encontrarás el cómo. Hasta entonces… no caigas en la queja, no te sumerjas en el desastre de la culpa, ni despiertes a la víctima.

Únete al ciclo del agua en tu interior. No permitas que se estanque. No te aferres a ningún meandro. Sigue su corriente en ti. Conviértete en la tierra que sostiene el terreno para que esa agua siga circulando. Deja que te nutra cuando pasa a través de ti y permite que lo que arrastre se coloque en el lugar que corresponda. No impidas lo que es. No manipules ni un pequeño tramo del recorrido. Cada parte da sentido al todo. Si una se modifica, todo lo hará.

Será precioso compartir experiencias.

Que la danza de la vida dé el sentido a lo que compartimos en la sala.

Que nuestra escucha se agudice en ella y podamos vivir con autenticidad el milagro de la aceptación.

Os abrazo con ternura desde la humildad de un corazón de aprendiz

Noelia