Lo que quiero & lo que necesito – LA ARTESANÍA DEL CAOS

 

Lo que servía, ya no vale para el exterior… ¿te sigue valiendo a ti?
Lo que siento no genera resultados suficientes en mi día a día… ¿es suficiente lo que genera en ti?
Quienes confiaban en mí han dejado de hacerlo… Y tú, ¿confías en ti?

Esta semana han sido varios los maestros que me han mostrado nuevamente dónde escojo llevar mi atención y mi energía.

¿A qué te resistes? Con eso te igualas

Luz Ángela Carvajal

Una conversación fue suficiente para aterrizar lo que en aquel momento estaba danzando en mi interior de forma inconsciente. ¿A qué me estaba resistiendo?. Fue necesario tan sólo un segundo para tomar consciencia. La simple presencia de aquella mujer creaba un reflejo tan palpable de mí misma que no había necesidad de explicación. Un pequeño intercambio de palabras bastaron para dar en el blanco de diferentes dianas en mí. No necesitaba explicación, me estaba viendo.

 

¿A qué me resisto? A soltar lo que quiero y no está ocurriendo.

 

Sí, todavía hay espacios de búsqueda externa dentro de mí. Sigo esperando el resultado de aquello que considero justo, natural, íntegro, amoroso… Si me paro a observar mi vida por capítulos, puedo ver concretamente que he llegado a un punto en el cual permanezco enganchada a que las cosas concluyan de una forma bella y coherente bajo mi propia visión. Es cierto, sigo creyendo en los cuentos de hadas, continúo viendo la vida desde una perspectiva poética donde la armonía toma forma con trazos de amor y respeto en las relaciones humanas.

Sin embargo, es una visión muy corta en la que dejo de lado multitud de perspectivas.

 

Vivimos en un mundo donde hemos abandonado la belleza por la velocidad y la artesanía por la eficiencia. Estas palabras me calaron hondo. Es lo que ocurre fuera, pero, ¿y nosotros? ¿qué ocurre en mí cuando lo leo? ¿cuál es mi resistencia?

 

Como el mundo ha hecho este giro, ¿yo también he de seguir la corriente?.

Durante aquella conversación me vi a mí misma defendiendo mi coherencia. Mi necesidad de dar belleza a la vida, de actuar desde el arte tanto en mi trabajo como en la forma en la cual me relaciono con otros. Tenía un anhelo de expresar lo que soy y cómo lo vivo. Hasta ahí lo estaba haciendo, pero había una resistencia oculta, me estaba resistiendo a que los resultados no estuvieran en la misma frecuencia.

 

¿De verdad tengo que esperar a que los otros respondan en mi mismo idioma?

¿Necesito que me comprendan, que no critiquen un hecho nacido del amor y del respeto hacia mí misma, que no se aparten por simplemente no recibir lo que buscan o no alcanzar sus expectativas?

 

Os aseguro que aquel encuentro me hizo tomar tierra. Lo que estaba flaqueando era mi propia seguridad, mi propia confianza en mi verdad, en lo que yo soy. Cuando actúo íntegra a mi sentir, me siento plena, mi fortaleza es impecable, la belleza se palpa y siento tocar el alma… sé que las palabras no logran llegar a describirlo, es puro estado de gratitud y de unión a lo que soy con la vida, me hago uno, somos uno. Sin embargo, cuando pasa el tiempo y la cadena de resultados no llega a lo esperado, siento la opción de abandono, apareciendo la crisis de sentido. ¿Para qué continuar?

La duda se materializa. No dudo de mi coherencia o de mi integridad. Observo los hechos y confirmo que no podría cambiar nada, ha nacido de mi honestidad. ¿Entonces? Aflora el impulso de dejarlo todo, de soltar mi ofrenda. No soy entendida, todo se trastoca. Entonces me pregunto, ¿podría vivir sin ello?, ¿qué es lo que estoy soltando cuando abandono?, ¿qué me estoy haciendo?.

 

Tomemos unos segundos de escucha:

“El otro” vive una realidad separada de la mía y por ello corta el vínculo apartándose de diferentes formas, pero con algo en común: resentimiento, dolor, juicio, incomprensión, frustración… Hay una resistencia, y lo único que puedo ofrecer es mi acogimiento y respeto, seguido de una escucha del eco que produce en mí.

 

La resistencia que ofrecen la pluma y el papel impone una lentitud reflexiva.

 

Al igual que esta bella observación sobre la escritura, pude encontrar que esa fricción que sentía con los resultados de mis acciones en la vida, producía un caos tanto dentro como fuera de mí al cual me estaba cerrando.

Comprendí que la resistencia que vives ante lo que está sucediendo por estar centrado en conseguir lo que quieres, está evitando que disfrutes de lo que está llegando para ti: lo que necesitas. El secreto no es proyectar lo que quieres cerrándote a su logro, sino en ver que lo que necesitas ya está aquí, sucede en este instante y el arte comienza relacionándote con ello, la armonía se reconoce cuando te colocas en su misma frecuencia.

La fricción produce un movimiento, si nos abrimos a vivirlo con dulzura y fascinación, veremos el nacimiento de un nuevo espacio que nos trae lo que sintoniza con nuestra verdadera naturaleza.

La vida coloca a los personajes perfectos en el momento adecuado.

El arte requiere su tempo, no hay prisas, no hay excusas que modifiquen tus decisiones en él. Entregas lo que eres y lo expresas sin tapujos. Quien lo reciba, será dueño de su visión y de su consecuente respuesta. No puedo condicionar mi forma de ser y de expresión, a la percepción que otros tengan de mi integridad.

 

Y ahí de nuevo aparece el caos. Soltar las críticas y los resultados. Si crees en ti, si sabes el valor de lo que aportas a la vida, no lo dejes. Lo inesperado sólo está reforzando tu valía. Quien apuesta por el arte del amor en su máxima expresión, precisa construir un gran espacio que lo sostenga. Siempre habrá un exterior que cuestione cada parte de ti, y eso es una bendición. Pues es la vida que refleja tus propias dudas, tu propia necesidad de fortalecer el vínculo contigo mismo.

 

El arte de ser humano es un don que la vida pule instante a instante. Cada uno lo expresa bajo prismas diferentes. No necesitas moverte en el mundo del arte para alcanzarlo, se trata de ser artesanos del don que cada uno guarda en su interior para ser entregado a la vida. Cómo lo ofrezcamos será lo que nos entregue el oficio de artesanos. Cómo permitamos que la vida lo desarrolle y lo fortifique nos dará la maestría. Para mí, no hay títulos que nos haga humanos. No hay papeles que muestren la verdad. Todo está en nosotros y en nuestra forma de expresarnos ante la vida.

 

Personalmente, siento al caos como las manos del Universo que nos moldean para que desnudos de seguridades externas, encontremos la adaptabilidad del desapego a cualquier circunstancia, como vía para reconocer nuestra forma única de vivirnos y de compartirnos.

 

Esta semana he vuelto a sentir que la vida me ha dado lo que necesito. Soy consciente de que lo que quiero disminuye mi propia abundancia. Lo que viene es mucho mejor. Sólo que no puedo engancharme a los tempos de mi cerebro analítico. Este momento, y no otro, es el que me invita a bailar. No puedo esperar a que suene la música que deseo, pues perderé el encuentro que todavía no me he permitido vivir. Quizá lo que busco sólo se puede conseguir si atravieso el camino que aparece ahora; quizá si lo niego nunca llegaré a ello; puede que incluso lo que sueño sea un simple escalón del templo que está por llegar… ¿para qué controlar nuestra vida?

Aquello que ahora se muestra como impedimento, en realidad es un peldaño más hacia tu propia necesidad… hacia tu propio encuentro; confía en lo que eres dentro de lo que es y no te enganches a lo que suceda, nunca traiciones tu coherencia y pese a tus condicionantes, sigue adelante apoyándote en tus valores, la vida nunca te traicionará pues no está separada de tu propio corazón…

 

Llegados a este punto os propongo jugar.

Si dentro de los ritmos el caos, tiene como elemento el agua, y el agua es la mayor parte de nuestra composición química, ¿qué será lo que mueva el caos en la vida?

Nuestro propio reflejo.

El caos nos entrega aquello que precisamos para mantener en condiciones óptimas el agua de nuestro interior. El agua es el vehículo de vida. Si se estanca se contamina. Si paramos la vida en nuestro interior aferrándonos a paradigmas  mentales que impiden intercambiar fluidos con el exterior nos intoxicaremos con nuestras creencias. El caos externo genera un caos interno como invitación a renovarnos y reconocernos. Es un fenómeno de ósmosis. Todo tiende al equilibrio. Si hay mucha actividad fuera, la forma de hallar la calma es permitiendo la actividad interna de escucha, contacto, toma de consciencia y liberación. Para que este fenómeno se dé, necesitamos que haya otros elementos al servicio de tal cambio. Nuestro cuerpo representa la tierra y nuestro corazón el fuego. Por ello, si unimos nuestra coherencia cardiaca con la coherencia de nuestras acciones conscientes, crearemos el sostén preciso para que el caos de nuestra mente sienta la confianza de entregarse a su máxima expresión.

 

Muchas veces la danza de la vida tanto dentro como fuera del espacio de baile provoca verdaderas diarreas mentales. Es normal. Es parte de la armonía del equilibrio. Para soltar lo dañino es preciso verlo, reconocerlo y despedirlo. Reestructurar un cuerpo coherente dentro de una consciencia real, requiere un compromiso fuerte con uno mismo para no abandonar a la primera de cambio.

Para mí, es crucial que cuando nos focalicemos en un aspecto de nuestra vida o de nuestro trabajo, como por ejemplo el agua en este caso, permanezcamos conectados al resto de nosotros que lo sostiene, como es la tierra y el fuego.

 

No podemos vivir a través de uno de nuestros cuerpos. Necesitamos la triangulación.

Es lo que nos entrega la perspectiva necesaria para no engancharnos a nada.

Imagina que no pudieras separarte. Que para tomar una decisión, tuvieras que unirte a tu sensación física y a tu emoción. Sin ello no podría funcionar. ¿Alguna vez has comprobado la diferencia?

Las buenas noticias son que es imposible separarlo. Nuestra resistencia a desconectarlo es nuestra ruina. Pasamos horas en un gimnasio inconsciente tratando de separar nuestra mente del resto para alcanzar eficacia libre de distracciones y luego nos vamos al gimnasio de la esquina para soltar la tensión física, que es el reflejo de la desconexión, concluyendo con una buena dosis de comida para llenar el vacío emocional que llevamos todo el día evitando.

 

Somos muy divertidos, ¿no creéis? ¡Con lo sencillo que es permanecer unidos!, tal cual somos. Pero no, nos empeñamos en trocearnos para facilitarnos la vida… No sea que algo se nos escape… ¡pero si nos escapamos de nosotros!

 

Menos mal que por lo menos hay una inteligencia superior que no deja de lado sus compis de existencia y nos envía el tsunami para que reaccionemos a tiempo.

 

¿Permitiremos que la velocidad del caos sea eficiente en su labor? El arte corre de nuestra cuenta. Date espacio y deja que la vida te entregue la vía para alcanzarte.

 

¿Que viene el caos? Toma tierra y conecta el corazón.

Y ahora… disfrutemos encontrándonos.

 

Gracias por hacer de este encuentro, una auténtica conexión sin cortes ni recortes, con pura expresión íntima de un idioma universal.

Con profundo amor y agradecimiento.

 

Noelia