Libres en Cadenas

Si son cadenas
y son dobles
son de ADN
son tu herencia
son tu vida
son tus proteínas
y son más
son 46 cromosomas
23 más 23
46 es 10
10 es perfecto
46 es 64
8 por 8
es un tablero
de infinitas posibilidades
es un arte
para jugarlo todo
jugar como niños
aunque seamos adultos
jugar a vivir
con todo presente
lo que pasó
lo que pasará
todo está escrito
nada está hecho
todo es posible
incluso lo imposible
hasta el amor
que busca fundirse
para ser otro
ser de otro
y todo sigue
nada se termina
queda la memoria
y es Universo
y es poesía
es verbo conjugado
con cuatro letras
4 es 10
todo es perfecto
no sirve quejarse
sirve vivirlo todo
todo el amor
que nos dieron
en clave encadenada
y el amor
nos hace libres
libres de polvo
libres de paja
libres…libres…libres.

Ulha Maleva

 

Esta semana me he sentido llegar al límite y traspasarlo. La realidad llega a percibirse a tales grados de manipulación que en un momento dado lo único que ves íntegro es desaparecer. Sin embargo al mismo tiempo, incluso eso carece de sentido. El grado de desubicación es total. No hay más espacio para estar más perdido. No es posible sentirse más desencajado. Y como no, la tristeza impide toda chispa de ilusión por seguir investigando la razón por la que todo es como es…

 

Observarse así mismo navegar en estas sensaciones mientras los días van pasando a través de la dificultad, es tan duro como doloroso. Una parte en ti sabe que hay algo más, que no puedes perderte en tal oscuridad ante la percepción de la vida tal y como se expresa para tu camino. Pero al mismo tiempo, la debilidad es tan apreciable físicamente que resulta imposible cambiar la frecuencia en la que te mueves en tu vida.

 

Sabemos que la manipulación externa llega a límites insospechados. Es algo que no va a desvanecerse así por así. Es cierto; pero también lo es, que si sigo perpetuando el estado de profunda desdicha y desconexión con cada parte de la vida que me rodea, seré yo la que se desvanezca.

Lo externo es. Y partes de él son oscuras, para dar a través de ellas mayor brillo a las luminosas. Todos lo sabemos, pero vayamos más allá. ¿Cuál es la razón que provoca en mi interior un apagón de tal dimensión? ¿Estoy fundida? ¿Qué he dejado de atender para que el exterior cobre tanta fuerza sobre mi propia forma de ser, de percibir, de vivir…?

 

¿Era posible que todo lo que la vida me estaba dando como respuesta a mi forma de ser en ella tuviera el don de anularme? ¿Tanto poder tienen los resultados? ¿Podía darme por vencida de verdad? Después de todo lo que he pasado, ¿ahora es el momento de abandonar mis valores y mis creencias?

Estaba claro, sabía que nada podía acabar con mi latido. Y cuando digo latido es la forma en la cual vivo a través de lo que resuena en mi corazón. Así siento y así actúo. El pensamiento era quien me animaba a continuar, el que conocía la certeza de vivir alineado a ese -sentir y actuar- coherente. Sólo había un problema, mi mente estaba nublada. No alcanzaba la claridad. No sabía hacia dónde dirigirse. Debido a ello, decidí seguir viviendo lo que tocaba como si realmente tuviera la certeza de estar en el camino apostando por mí como siempre había hecho.

 

Los días pasaron, y mi sensación interna era de profunda tristeza ante la no comprensión. No podía palpar la realidad que yo conocía de la vida y que no veía por muchas perspectivas diferentes que tomase.

Pese a ello… continué.

 

Los pensamientos de dejarlo todo y dedicarme a acompañar exclusivamente a mi padre en su proceso degenerativo cada vez eran más constantes. Llegó el momento en el que me abandoné a tal punto que podía observarme desde lo alto de un anfiteatro, allí estaba. No había posibilidad de comunicarme con nadie debido a la falta de tiempo, cosa que jugaba a mi favor pues sentía que expresar mi estado sería la razón perfecta para que otros dejaran de verme como lo que era en realidad. ¡Si ni yo misma podía alcanzarme! ¿qué iba a ocurrir si me veían así?.

 

Estaba conectada a una fuerte desconexión y lo que me asustaba no era la fuerte sensibilidad frente a esos espacios de dolor, sino el no llegar a conectarme a mi esencia. No podía reconocerme. Era como si me hubiese quedado en aquel gallinero y mi cuerpo se moviera en automático.

 

Y la luz llegó… Una de esas noches, en las que junto a mi madre el sofá acoge todas las hazañas del día, una escena de la película que escogimos hizo saltar la primera chispa. Al fin pude llegar a mí:

 

  • ¿Por qué escribes? ¿Seguirías haciéndolo si nunca te publicasen, si todas las críticas fueran nefastas, si nadie compartiera tu verdad, si nadie te viera?

 

Esta pregunta me devolvió a la vida. ¿Por qué y para qué vivo de la forma en la cual lo hago? No cambiaría nada de mi integridad y nada podrá con ella. Todo enriquecerá mi compromiso con ella y nada será tan fuerte que anule mi verdad. Tengo un propósito conmigo misma y por mucha dificultad que aparezca, por muchas luchas que me propongan, siempre estaré del lado de mi corazón, sin batallas que lidiar, sólo compromisos que atender.

 

Necesitamos mantener la conexión interna capaz de enraizarnos a nuestro primer latido, a ese sí por la vida desde una verdad que sólo uno conoce. Perder este compromiso supone perder el norte. Y si sucediera, necesitamos estar abiertos a cualquier señal que vuelva a dar al interruptor de nuestra propia conectividad. En este caso fue una escena de una película, pero puede suceder en cualquier lugar.

 

La libertad vive en nosotros, y ella es fruto de la interconectividad. Cuando queramos volver a sintonizarnos, no podemos perder nuestras relaciones con el exterior, pues gracias a ellas, entraremos con mayor facilidad a nuestro mundo interno. Sólo necesitamos estar atentos y disponibles, el milagro ocurre cuando menos lo esperas.

 

El milagro ya es. Está en nuestra mano seguir nutriéndolo.

Podremos estar agotados, podremos estar lesionados, pero estamos vivos y esto permite que el milagro ocurra. Para mí la danza es uno de los medios más claros para encontrar dicho milagro tanto dentro como fuera de mí. Ella hace posible lo imposible abriéndote el espacio para creer creándote.

 

Esta semana perdí la órbita. Desconecté lo que ocurría de la danza. Lo corté en pedazos y nada encajaba. Olvidé que nada sobra, que nada falta. Que lo único que esperaba por mí, era yo misma. Volví a mí, toqué mi alma y renové mis votos. Pase lo que pase, seguiré danzando la vida desde una verdad que vino a mí gracias a las vivencias de quienes me precedieron, nada tiene tanta fuerza como para romper este vínculo, sólo yo puedo entregarla, y es algo que no estoy dispuesta a permitir.

 

Sólo nosotros podemos completar a la vida con nuestra aportación.  Abrámonos para que esa relación nutra ambos sentidos y enriquezca el propósito por el cual estamos aquí.

 

Abrazo vuestro compromiso y vuestra honestidad.

La vida es magia. Sólo necesitamos abrirnos a ella.

Seguimos…. libres en cadenas.

 

Con amor

 

Noelia