La visibilidad de tu presencia

 

¿Qué es hacernos visibles? 

¿Cómo lograrlo?

¿Cuál es su sentido?

 

Quien no tiene nada por esconder vive en paz. Quien no tiene nada pendiente disfruta del momento sin expectativas. Quien se conoce así mismo descansa en toda situación pues sabe con quién cuenta a cada momento y reconoce que todo lo que dependa de él estará bien cuidado.

 

¿Qué sientes al leer estas palabras? ¿Cuánto de ello forma parte en tu día a día?

 

Sólo cuando nos hacemos presentes de forma consciente a nuestra presencia, podemos acceder a lo que de verdad forma parte de nuestra responsabilidad. Un hecho que se convierte en guía hacia nuestra auténtica libertad, pues es la luz hacia nuestra verdadera identidad.

 

En el momento en que somos conscientes de partes de nosotros que no conocíamos nada puede ser igual. Sólo tú puedes decidir qué hacer con ello y sólo tú puedes pasar a la acción gracias a ello.

 

Cuando nos hacemos presentes a nosotros mismos y nos abrimos a vernos profundamente, la información se dispara a tal velocidad que muchas veces nos abruma. Descubrirse conlleva conocerse y en ese encuentro podemos contactar con aspectos agradables y con aspectos no tan deseados de nosotros. Aquí lo importante es mantener una aptitud de acogimiento incondicional desde una posición interna que acompaña, observa y aprende. Aquel que guarda tesoros sin desarrollarlos desaprovecha fuentes de posibilidades pero aquel que guarda espacios rechazados está en la misma posición. Todo cuanto existe crea posibilidad. Y la posibilidad es una vía infinita de opciones de vida. Por lo tanto, todo encuentro es una fuente de vida. Lo único que necesitamos es relacionarnos con el hallazgo de la forma adecuada para crear algo que sea verdadero, bueno y bello para nosotros, pues así también lo será para nuestro entorno.

 

Hacernos presentes es hacernos visibles, y cuando esta visibilidad nace desde la presencia consciente, lo que se muestra no es lo que queremos sino lo que somos, y desde ahí, es cuando podemos sincronizar lo que somos con lo que hacemos con ello, y así convertirnos en un sembrador de coherencia a cada paso.

 

En muchas ocasiones mantenemos tensiones relacionadas con la falta de aceptación de lo que nos ocurre o de lo que encontramos dentro de lo que sucede. Nos volvemos irascibles y nuestra paciencia se desboca. Tratamos de que todo se mantenga bajo un orden que para nosotros es adecuado, cómodo y correcto, pero la imposibilidad de que suceda potencia nuestra propia resistencia generando un círculo vicioso de desencanto y de insatisfacción. 

 

¡¿Cuántas veces nos sentimos fuera de lugar? ¿Y cuántas veces tratamos de que se mantenga un lugar que ni siquiera existe para nosotros más allá de en nuestra propia búsqueda mental?!.

 

El lugar que buscamos o pretendemos crear nunca podrá materializarse con naturalidad si no es el que nos corresponde. Cuanto más empeño pongamos en ello con más claridad la vida nos sacará de él invitándonos a vivir alternativas que nos conduzcan de la forma más directa posible a lo que realmente nos corresponde.

 

Buscamos facilidad según nuestros criterios, pero la facilidad desde el deseo nunca llega. 

 

Nos perdemos en las condiciones. Queremos esto así y si no, no es válido. Exigencia, control y limitación. ¿De verdad aquí hay facilidad o comodidad?. Estoy casi segura de que si a los 10 minutos de haber lanzado nuestro veredicto pudiéramos ver nuestra grabación a través de una pantalla nosotros seríamos los primeros sorprendidos. ¿Quién está hablando por ti?.

 

Cuanto más profundizo en el significado de la presencia a nivel físico mayor es la fascinación que siento. El aprendizaje es ilimitado. Siempre hay más para ti. Cuanto más tiempo entrego a esa presencia en mí a través del movimiento, mayor es la comprensión que se asienta dentro de mí permitiendo crear un nuevo paisaje de mi propia realidad. 

 

Son tantos los hábitos incorporados a través de corrientes que nos arrastran, si ni tan siquiera haber cuestionado su función en nosotros, que la vida puede resultar corta para llegar a identificar su gran número. Pero ¿sabéis qué?. He encontrado un camino que me facilita muchísimo ese encuentro con cada uno de ellos. He comprobado que no sólo me hace el viaje más sencillo sino que lo convierte en una ruta que me apasiona. No soy una persona afín al sufrimiento ni al dolor, no opto por los caminos duros y complicados, tampoco voto por aquello que me hace sacar lo peor de mí; sin embargo, cuando todo esto aparece en mi día a día, soy capaz de sentirlo como una bendición; y cuidado, no estoy poniendo esta palabra por inercia. Lo pongo en negrita, consciente y firme. Para mí una bendición es un hecho concreto que permite encontrarte con tu esencia de la forma más clara, precisa y directa posible. A todos nos gusta estar conectados a nuestra fuente, vivir desde el corazón y manifestar nuestra misión de vida en todo su esplendor. Pero cuidado. Ese mundo ideal tiene una vía de expresión y un mundo en el cual materializarse. La vía de expresión somos cada uno de nosotros y el mundo donde vivir es aquello que creamos entre todos. Por lo cual, bendigo y agradezco cada circunstancia que se hace presente ante mí porqué sé que tiene un propósito mucho más amplio del que pueda reconocer a primera vista. Por ello, pese a que muchas veces pueda caer en los caprichos de la razón y las exigencias de mis deseos, rápidamente puedo ubicarme en ese lugar que observa, escucha, siente y vive los detalles en presente y gracias a ellos comienza un viaje dedicado a eso que te enturbia en primera instancia. Así que sí, cada acontecimiento, con toda su diversidad, es una bendición que permite emprender el camino hacia la esencia, tanto en ello, como en uno mismo.

 

Con vuestro permiso, allá vamos, a ponérnoslo fácil, cómodo y consciente. El primer paso es invitar a que la consciencia sea tu compañía en cada una de las etapas que vivas. Sin ella estás perdido, pues será todo aquello que viva en ti y haya sido “tocado” lo que te lleve de un lugar a otro sin rumbo a la espera de que algo te rescate. ¿Y cómo podemos conseguir que la consciencia viva en nosotros?. Tan fácil como respirar. ¿Quién respira en ti de forma consciente?. ¿Quién observa en ti?. ¿Quién escucha en ti?. En el primer instante que somos nosotros los que dirigimos nuestra experiencia ya hemos logrado que la consciencia se ponga al timón. A partir de ahí, nos toca a nosotros mantenerla en su lugar y cada vez que nos despistemos, retomar su ubicación.

 

Así como muchos van al gimnasio para conseguir cierto nivel de fuerza y potencia, para ejercitar la presencia de la consciencia es necesario un gran entrenamiento. Y a diferencia del anterior, no lograremos masa muscular sino fortaleza. Existen infinitud de virtudes dentro de la consciencia, pero para llegar a incorporarlas es preciso ponernos en marcha y optar por esa vía de la presencia presente en presente que hablábamos en la anterior reflexión sobre el éter.

 

Ahora, con todo cuanto nos acompaña y con todo eso en lo que estamos, siempre estamos a tiempo y tenemos la posibilidad de ponérnoslo fácil. ¿Vamos a ello?. 

 

Ponte cómodo. ¿Cuál es la primera imagen o el primer movimiento que se ha despertado en ti?

 

Sí, es momento de poner de nuestra parte y de acomodarnos dentro de todo cuanto es. Si somos nosotros los que adoptamos ese reposo y descanso interior, ¡no discutiremos con la vida ante su insistencia de poner los retos cada vez más complicados.! Es así, acomódate y la incomodidad externa será tan sólo el camino por el cual seguir viajando. 

 

Cuando nos damos la posibilidad de entrar en un espacio de reposo interior, todo nuestro cuerpo interpreta que se abre un campo de permiso, en el cual se producen una serie de reacciones químicas donde nuestro interior segrega información de paz, serenidad, seguridad, felicidad; lo cual produce a su vez una disponibilidad de apertura al aprendizaje, a la capacidad de crear, de empatizar, de comprender, de pasar a la acción desde la calma… Es decir, cuando nos entregamos el descanso interno nos volvemos accesibles a nuestras capacidades, dando lugar a aquello que nos da valor. 

 

Si este reposo lo ponemos en la órbita del presente desde esa unificación al timón de nuestra consciencia, lo que conseguimos es que puedan convivir varios espacios dentro de nosotros sin vernos arrastrados por patrones adquiridos.

 

Por ejemplo, una situación puede despertar en nosotros aspectos de todo tipo, haciéndonos conscientes de la parte que duda de sí mismo, de la parte que se enfurece y se resiste a lo que ocurre, de la parte que se culpa por ser como es, de la parte que se critica una y otra vez sin pasar a ningún tipo de acción, la parte que te empuja a hacer algo sin cuestionamiento previo, la parte que se emociona, la parte que saldría corriendo, la parte que niega completamente tu validez ante ello, la parte que te recuerda sucesos parecidos en momentos de tu pasado, etc. Mientras somos conscientes de todo ello, si mantenemos el descanso interno con las manos en el timón de la consciencia, al mismo tiempo que la escena de ese momento va ocurriendo, una parte de nosotros observa lo que subyace bajo el gran diálogo mental y comienza a unir puntos, a reconocer el mensaje, y a identificar el espacio de oportunidad que ofrece ese hecho en sí.  Desde ahí, toma una decisión y pasamos a la acción.

 

Más allá de si el resultado es el deseado, nuestra forma de relacionarnos con la situación ha creado una realidad diferente. En el momento en el que tomamos esa perspectiva de visión más allá del impacto emocional o del bloqueo mental del primer contacto con la situación, estamos posicionándonos en otro lugar. Nos estamos dando un lugar diferente dentro de la obra. Y desde ese nuevo espacio, se abren caminos de relación diferentes ante situaciones de las mismas características.

 

Si damos lugar a todo cuanto es visible en nosotros y nos damos lugar en todo cuanto es visible fuera de nosotros desde el descanso interno, nuestra percepción de la realidad cambia completamente. Comenzamos a conocernos de verdad, y entonces damos una oportunidad a que nuestras acciones sean también de verdad. No sean tan sólo reacciones de huida, enfado, deseo, temor, desencanto, frustración, culpa o rencor. Sino que sean ofrendas conscientes de comprensiones internas. Así como un agricultor siembra la semilla precisa para cosechar un alimento concreto, nosotros creamos cosecha a través de nuestra siembra. Pero nuestra siembra no se hace visible a los ojos en la mayoría de las situaciones. Sino que más bien pasa inadvertida. Nuestra gran confusión comienza porque la atención ha sido enfocada en una recolección constante de frutos a nuestra conveniencia, desconociendo que la ley natural tiene como punto de partida una buena selección de semillas, una exquisita siembra, un cuidado impecable de su crecimiento, y una ofrenda incondicional de sus frutos. ¿Acaso vivimos bajo estas leyes? ¿Quién conoce sus semillas? ¿Quién las acompaña hasta su completo desarrollo? ¿Quién se desprende de sus frutos y los entrega a la vida para que sean adquiridos en los lugares necesarios?.

 

El territorio de la tierra tiene mensajes precisos, sencillos y profundos allá donde la observes. Por ello, hoy me gustaría retomar esa observación y ese bello simbolismo que es parte de nosotros. Demos visibilidad a todas nuestras semillas para que ellas puedan mostrar un territorio completo y verdadero de nuestra auténtica identidad. Así como es demasiado costoso pelearse una y otra vez con la vida y lo que es, emprendamos la vía de la facilidad, y descansemos en nuestra presencia para encontrar lo que somos y ser accesibles a nosotros mismos. Si tú no sabes quién eres, nadie podrá conocerlo, y permanecerás invisible toda tu vida.

 

Para acompañar ese encuentro fascinante contigo, deja que tu acción te ayude. Hazte visible, camina con ello y aprende qué es ser eso con lo que es. Y entonces sabrás lo que eres en lo que es, gracias a lo que es y a tu sí a que sea posible.

 

¿Quién es el que te da lugar en la vida?

¿Quién es el que te da lugar en ti?

 

Que la presencia de tu consciencia sea tu acompañante de ruta y el descanso el ingrediente secreto.

 

Gracias por tu presencia en este baile.

 

Continuará.

Noelia

 

Imagen perteneciente al retiro A solas conmigo: encontrando mi Soledad

Autora: Marta Casanovas Abril