La presencia de la presencia

 

¿Alguna vez te has parado a pensar qué es lo que impide que “el conocimiento” o “la teoría” puedan incorporarse en ti con naturalidad y sin obstáculos?

 

Muchas veces tratamos de imponer información desde la rigidez sin habernos desprendido de grandes archivos que guardamos en nuestro interior. De alguna forma pretendemos cambiar o ser mejores desde la razón, manteniendo lo que ya forma parte de nuestra vida. Sin embargo todo proceso natural de renovación y de cambio, implica un espacio de un valor incalculable llamado muerte.

 

Cuando nos observamos anhelando un sueño o persiguiendo un ideal que sentimos justo y perfecto para nosotros, nos estamos aferrando a un pequeño territorio de nuestra mente, en el que se asocia el éxito o la felicidad a una creencia. Dicho espacio es muy estricto y poco inclusivo. Si nos observamos cuando lo estamos vivenciando podemos apreciar que cuando no estamos viviendo su realidad nos tensamos y nos sentimos ser parte de una corriente de fracaso y de frustración. Unido a ello, pueden aparecen infinitud de sentimientos y de patrones que acaben creando un verdadero infierno a nivel interno. 

 

Para evitar sufrir, también optamos por anestesiarnos, desconectando nuestra capacidad de sentir atenuando cualquier sensación con una rápida respuesta a nivel racional.

La película puede tomar una dimensión infinita. Y con ella, nos perdemos al soltar las riendas de nuestra vida y ceder nuestro trono a cualquier opinión que en ese momento tenga protagonismo, ya provenga desde fuera o desde nuestro propio archivo juicioso.

 

Lo bello es que siempre estamos a tiempo de recuperar eso que es nuestro. El éxito reside en ello. La frustración o el desánimo se disuelven en el momento en que tomamos la dirección oportuna, que no es otra que la que señala hacia nuestro corazón, nuestro centro, nuestra referencia, nuestra esencia, nuestra verdadera necesidad. Para que sea posible necesitamos comprometernos con la facilidad, con la sencillez, con la honestidad, con la dulzura, con la calma, con la calidez… Un compromiso que se convierta en compañía permanente. Un estado de amistad perenne, visible y activa. 

 

¿Te imaginas lo que significaría para ti, sentirte en todo momento acompañado por ti mismo desde las cualidades señaladas anteriormente?

 

La “presencia”, es una palabra que tiene un peso indiscutible pese a su gran ligereza. Cuando está es plenamente visible, y cuando no lo está, también. El sentir que se genera en uno mismo cuando la habitamos es preciso y claro, inigualable a ningún otro estado. Todos podemos identificar muy rápidamente cuando está y cuando no. Por lo tanto todos podemos escoger igualmente que nos acompañe o que no. Entonces, si reconocemos con claridad lo que ocurre en nosotros cuando la presencia de la presencia nos invade, y es algo que nos entrega una plenitud rotunda, ¿qué hacemos sin ella?. ¡¿Pero si está ahí para nosotros?!.

 

Que la presencia está ahí esperando a nuestro sí, es tan cierto como la resistencia que aparece cuando damos presencia a nuestra presencia.

 

¿Qué es lo que podemos vislumbrar al dejarnos caer en ese estado de presencia presente?

Cuando tomamos la decisión de pausar, respirar, observar, escuchar y sentir lo que nos acompaña en ese momento presente, sin interferir en absoluto sobre lo que se hace visible, comenzamos a ver, a identificar, a reconocer y comprender diferentes tipos de información que forma parte de nosotros. Estar presente en nuestra propia presencia nos permite hacernos visibles a nosotros mismos. Y una vez que esa puerta se abre, encontramos aspectos de lo más variados. Este hecho es sublime y de una generosidad incalculable, pues por fin, comenzamos a caminar por la ruta de la honestidad. Nos volvemos sensibles a nosotros y nos atrevemos a mirar aquello que nos duele, aquello que nos frustra, aquello que despreciamos y negamos de nosotros, aquello que criticamos hacia fuera y que en realidad se expresa hacia dentro, donde nadie pueda reconocerlo. Tomar asiento en este momento dentro de uno mismo, supone abrir nuestras puertas de par en par y dar permiso a que la verdad que vive en nosotros exponga su historia. Colocarnos con suavidad en la presencia de este instante, nos vuelve vulnerables a nosotros mismos, y nos invita a fortalecer la humildad que necesitamos para convivir y caminar con lo más doloroso y desordenado de nosotros mismos. Cuando la presencia nos abraza, tenemos la oportunidad de dar continuidad a ese abrazo acogiendo cada revelación que aparezca en ese camino hacia nuestra verdad. La presencia cualifica a la presencia. Cuanto más espacio le entreguemos en nosotros, más sencillo será para nosotros hacer de esa relación una forma de vida, perpetuándola en el tiempo. La presencia no busca, reposa en sí misma y eso permite crear un espacio de silencio y apertura que regala la visibilidad y la claridad de lo que ya hay. La presencia es en sí el fuego que alumbra, que calienta y que entrega la posibilidad de que cada cosa ocupe el lugar que le corresponda y emprenda el camino que requiere para sí misma. 

 

Si consideramos a la presencia un estado que requiere esfuerzo y exigencia, nos volvemos rígidos y la colocamos en un lugar ajeno a nosotros altamente inalcanzable. Sin embargo, si la sentimos como ese espacio que enciende el fuego en nuestro interior, acceder a ella será un acto de gozo y de bienestar pues nos habremos colocado en la calidez, la claridad y la comprensión amorosa que desencadena y nutre cualquier camino coherente en uno mismo. 

 

Por ello, para facilitar la presencia en nosotros, necesitamos disolver cualquier tensión, expectativa, deseo, negación, resistencia, rigidez… en nuestra forma de actuar con la vida y por consiguiente con nosotros mismos. La presencia precisa suavidad, soltura, calidez, reposo, confianza, respiración, y como no, a ti mismo con toda tu atención y entrega. La presencia necesita de tu compañía.

 

Dicho en palabras puede parecer tan raro como difícil, sin embargo es instantáneo. Todos la hemos sentido en muchos momentos de nuestra vida. Sólo necesitamos darle el valor que nos merecemos. 

 

¿Qué se despierta en ti cuando dejas resonar en ti “la presencia de la presencia”?

Sé que puede emerger el miedo, de hecho, es lo primero que se muestra. ¿Sabéis por qué? Porque en el momento en que estamos presentes en nosotros, el que manda es el alma, y entonces nos ponemos en la butaca del observador y sentimos todo lo que se engancha a nuestro cuerpo físico que se resiste a soltarlo por miedo a….

 

La presencia de la presencia implica muerte. Muerte, desprendimiento, disolución, transmutación, cambio… hay muchos nombres, pero todo se sintetiza en dejar que cada espacio ocupe el lugar que le corresponde a su presencia esencial. 

 

Deja que las cosas sean lo que son, y ocúpate de encontrar y dar lugar a lo que eres en lo que es. Así descubrirás que lo esencial es mucho más simple, más fácil y más afín a tu verdadera necesidad.

 

Tememos sentir que lo que nos empeñamos en sostener y mantener vivo es precisamente lo que más nos obstaculiza. Pero creemos que sin ello no seremos lo que creemos ser y nunca lograremos ser lo que somos, llegando a rebozar tanto nuestra vidas que olvidamos que precisamente somos algo completamente distinto y nuestra necesidad mira en dirección opuesta.

 

Conectar con nuestra presencia, despierta súbitamente el fuego en nosotros. Esto significa que aflora la consciencia del desapego, del reconocimiento a lo que es esencial y de la entrega a lo que es verdadero y justo para el orden superior (dentro y fuera de nosotros). Dicho de otra forma nos hace visibles a nosotros, mostrándonos todas las capas de autoengaño y negación que creamos hacia nosotros mismos.

 

La presencia nos ayuda a simplificar nuestra vida y a enfocarnos en aquello que hemos venido a hacer.

 

Muchos buscan su sentido de vida, pero esto aparece cuando nos damos la posibilidad de emprender ese viaje hacia nuestro encuentro verdadero, interno, íntimo y sincero. El sentido está en caminarnos, y gracias a ello ir aprendiendo y comprendiendo de cada encuentro. El camino revela el sentido siendo cada paso la razón para el siguiente.

 

¿Qué necesitas dejar morir y te ofuscas en mantener vivo? ¿Qué parte de ti muere para que eso que crees siga pulsando y predominando en tu vida? ¿Y si escogieras descansar? ¿Y si decidieras observar qué es lo que te dice la sabiduría del presente sobre ese aspecto que mantienes con tanta necesidad?. 

 

Todo es más fácil si optamos por estar presentes en nuestra presencia en este momento. Mantén las cualidades del fuego en ti y podrás experimentar el valor de tus propias respuestas. Deja que el espacio te encuentre y te cuente. Descansa la alerta. Reposa en tu fe. Confía en tu capacidad y con dulzura cada encuentro te acercará con más generosidad hacia el siguiente. Permite que la presencia del fuego se encargue de lo que le toca y únete a él para acompañarte hacia tu verdadera necesidad.

 

La presencia de tu presencia sólo necesita una cosa, y es a ti. Cuando compruebes que la presencia de tu presencia es parte de tu equipaje esencial… descansarás y vivirás desde otro lugar. 

¡A por ello!

 

Un abrazo cálido y sincero de todo corazón

Noelia

 

 

Imagen perteneciente al retiro A solas conmigo: encontrando mi Soledad

Autora: Marta Casanovas Abril