La grandeza de «NO SABER»

 

Muchas veces nos acomodamos tanto en lo que creemos conocer que dejamos que la idea nos aprese. Podemos llegar a tal punto de sumisión que acabemos sintiéndonos víctimas de un mundo imposible, rutinario y carente de sentido.

En cuanto nos acomodamos en una forma de pensamiento y observamos cada circunstancia como un “empujoncito” hacia ese estado de derrotismo y vacío, estamos llegando a un lugar de alarma, es justo ahí que necesitamos tomar una perspectiva auténtica de lo que está ocurriendo.

Si nos pillamos sabiendo demasiado, quiere decir que estamos encarcelados en múltiples creencias cerradas sobre lo que es la realidad, la vida y como no, nosotros mismos. 

Si queremos reconocer de verdad si estamos en un aspecto auténtico, es preciso que volvamos a sentir ese básico estado de NO SABER. Cuando nos sentimos en ese lugar donde la mente no encuentra razonamiento para salvarte o calmarte, ni tan siquiera puede entregarte la más mínima dosis de alivio, es justo donde podemos comenzar a sentirnos a salvo. 

Las estrategias que pueden llegar a crearse a nivel cognitivo nos oprimen a tal punto que desconectamos de lo valioso de sentirse perdido o sin respuestas dentro de un espacio de tu vida. De hecho, sólo cuando podemos caer en esa certeza de no saber qué es lo que viene ni lo que se supone que debemos hacer, es cuando quien sabe en ti toma el mando.

En verdad somos muy afortunados por viajar a través de la vida. Podemos pensar lo contrario, sin embargo, para la vida somos unos verdaderos hijos a los cuales cuidar y entregar lo más adecuado y eficaz para cada uno en el momento preciso. Es así. Aunque claro, para poder llegar a percibirnos como los “privilegiados”, necesitamos situarnos en un lugar interno carente de filtro que condicione la realidad. De ahí, la insistencia por parte de la vida de ir incluyendo en nuestro día a día todos esos espacios tan desafiantes e inciertos, pues sólo a través de ciertas frecuencias que se traducen en hechos concretos podemos abrirnos a la enseñanza que traen para nosotros.

En esta ocasión, me gustaría traer una particularidad que despierta en nosotros el territorio del éter. Si en lugar de ir a buscar aquello que no conocemos y perdernos en el intento de encontrarnos, nos centramos en precisamente eso que ya conocemos de sobra: ¿Qué pasaría si nos dejáramos tocar, sentir y caer en esa presencia de lo que hemos etiquetado o que ya nos empacha por repetición?. Hay algo que ocurre en nosotros cuando ya creemos que hemos llegado a saber todo de esa situación o de ese espacio. Vamos tan de “sobrados” que nos perdemos lo que hay más allá de la obviedad de nuestras lentes. Dejamos de tener en cuenta que hay muchas formas de contactar con la realidad y que a través de nuestro cuerpo y sus múltiples formas de relacionarnos con lo que ocurre, podemos entrenarnos para alcanzar una amplia cantidad de información diferente, proveniente de múltiples perspectivas.

¿No te ha ocurrido en algún momento que frente a una misma situación, eras consciente de que tu mente quería una cosa, tu corazón te llevaba hacia otro lugar y tu necesidad física te indicaba un nuevo camino?. Todos sabemos lo que se siente ante un desacuerdo en tu propia percepción. Y cómo no, todos reconocemos cuando damos la prioridad a la creencia de lo que se supone correcto, razonable e incuestionable.

Entonces, viene el éter y te propone una nueva forma de vivir lo que ya conoces tanto de ti como de tu alrededor.

¿Podrías viajar hasta ese primer momento cuando siendo un bebé comenzabas a encontrar la vida desde ese lugar inocente y puro de sorpresa y exploración?

¿Qué es lo que aparece diferente en ti?

Nuestra estructura mental puede llegar a soldarse hasta tal punto que nos creamos ser lo que ella ha considerado auténtico y verdadero. Y es perfecto. Siempre y cuando no nos consideremos ser lo que ella ha construido. Si retomamos ese estado de escucha y de resonancia con el sentir profundo de nuestro interior, podemos recuperar esa esencia inocente que sabe sin saber y que reconoce a través de lo que siente sin juicio previo de su certeza. Jugar a ver más allá del saber nos adentra en un viaje donde multitud de conceptos que sentíamos inamovibles se desploman sin esfuerzo. Cuando esto ocurre comenzamos a dar valor a la sensación de no saber con anticipación absolutamente nada. Entonces podemos identificar sensitivamente en el físico, lo que ocurre en nosotros al no tratar de dar solución a esa falta de información, y podemos descansar en el momento en concreto tomando contacto con una parte que genera paz sin hacer algo especial. Ese lugar interno es la confianza. Una confianza que cuesta situar pues no procede de algo externo, ni siquiera de un éxito, una respuesta cierta o una opinión que te agrada. Se trata de una confianza de ser parte de ese momento. Ocurre cuando abandonas la lucha por lo que crees que sabes y por lo que no conoces dentro de eso que creías saber, soltando cualquier duda. Un espacio singular que aparece cuando dejas de escuchar y de ver a través de los condicionantes de tus ideas y das liderazgo a tu sentir de corazón. Quien escucha es quien sabe aunque te cueste identificarlo. Muchas veces la forma de acceder a este espacio tan sutil, es actuar de forma completamente diferente a la que solías hacer. Puede que con el simple hecho de cuestionar esa “sentencia” que tu mente dicta ante una circunstancia concreta, puedas encontrar en ti algo diferente.

Para llegar a contactar la parte de ti que sabe, es necesario adentrarse en lo que conocemos hasta percibir lo que no sabemos de ese lugar, y entonces, escuchar a quien sabe en nuestro interior, que normalmente nunca satisface lo que la mente necesita, entregándote información a través de sensaciones, imágenes o intuiciones que no saciarán la duda de la razón. 

Caminar hacia la grandeza del no saber es un acto heroico que sólo se puede conseguir cuando se está dispuesto a ser desmontado de toda estructura adquirida a través de la razón.

Necesitamos soltar lo que creemos ser para en verdad escuchar y sentir lo que somos. 

No puede escuchar quien siempre habla, ni se alcanza a reconocer lo que siempre está tapado.

Sólo en la frecuencia de la consciencia podemos recuperar lo que es vivir a través de su realidad.

Comencemos a agradecer lo que viene, recibiendo lo que opinamos y emprendiendo el viaje abiertos a desmontar y a perder toda perspectiva que nuble el verdadero espacio que vive en nosotros. 

La inocencia es la que nos ayudará a mantener siempre la frescura del explorador que se entusiasma con cada paso recorrido. Está en nosotros, ¿seremos capaces de sentirla como propia?

 

Que cada momento sea el aliciente perfecto para fortalecer ese encuentro.

Todo mi amor

Noelia