«HUMILDAD» – Inclúyete y serás parte –

 

Muchas veces la vida nos concede el dolor o el impedimento físico para que disminuyamos la velocidad de “nuestro hacer” y entremos en la frecuencia del “estar”. Nuestro deseo de llegar a ejecutar todos los compromisos impuestos por un patrón de acción que nunca tiene suficiente y nunca llega a alcanzar todos los objetivos, nos aparta incluso de nuestra sensación de saber si eso es lo que queremos conseguir.

 

Esta semana está siendo clave para mí y mi relación con la fluidez. He sido consciente de que durante años he pasado mis días dando la bienvenida a la dificultad y a los impedimentos, pero olvidándome de que la suavidad y la delicadeza era un manjar que merecía igualmente.

Un fuerte dolor en mi columna ha despertado un mundo dentro de mí que no sólo permanecía aislado, sino que de no ser por el malestar, nunca lo hubiera identificado como parte de mí.

 

Algo en mí estaba aprisionado. Las circunstancias me hacían ver que toda mi vida se movía a través de la adversidad. Conocía perfectamente lo que era fluir en ello, era especialista del conflicto, pero de pronto llegó un espacio que me hizo reflexionar sobre mi relación con la vida y en cómo me incluía en ella.

 

Mi dificultad de movimiento ligada al dolor me estaba despertando a una nueva relación con el cuidado.

Fui consciente de que para poder sostener una corriente de amor y de cuidado hacia uno mismo, ha de haber una tierra capaz de acoger cada tempestad, cada cambio imprevisible, cada nuevo precipicio… y esa tierra se llama humildad.

Conocía lo que era tratar a otros desde ese lugar, pero, ¿y yo?. ¿Soy merecedora de entregarme a ella?. He descubierto que se requiere mucha humildad para dejarse caer en ella. Pero la vida siempre te da nuevas oportunidades. Ahora me encuentro en un momento donde lo que me rodea es realmente delicado y yo, sin haberlo previsto, me estoy sumando a esa necesidad.

 

Estos días ha habido un cambio que ha desestructurado mi campo de acción. He recibido ayuda. En esta ocasión tenía espacio para mí. La sensación era irreconocible, no la encontraba en ningún archivo, fue como dar unos primeros pasos y en verdad lo estaba haciendo. Tras ser consciente de que otros estaban haciendo lo que yo había decidido hacer durante un largo tiempo, me llevó a querer sumergirme en el océano de la culpa, pero me rescaté de inmediato y me fui a escuchar lo que me empujaba hacia él. Ahí estaba, el conflicto aparecía en cuanto la facilidad tomaba la batuta en el presente. ¿Dónde está la cámara oculta? ¿En qué momento va a aparecer la catástrofe?.

Hicieron falta dos tardes para tomar consciencia de que eso era parte posible en mi camino. Podía recibir delicadeza, espacio, pausa, facilidad, tiempo… y lo mejor de todo es que no era algo que me ofrecieran como novedad desde un exterior, sino que era algo que al fin, estaba dejándolo entrar desde mí misma. El machaque de mi mente había cesado. Sentía que ya era el momento de darme el permiso de recibir todos esos bellos espacios de la vida desde mí.

 

Y así fue como descubrí mi patrón de relación conmigo misma. Y así experimenté lo que en verdad sostiene el amor. La creencia del pasado me recordaba una y otra vez que para ser aceptada debía estar a la altura, alcanzando la destreza de la perfección en todos los campos en los que me relacionaba. La sensación de este momento es que ese falso condicionamiento me daña y me aparta de mí misma, pues he llegado a creerlo desde mi ADN. Pero no lo necesito, me amo como soy y sé que haga lo que haga seguiré siendo la persona que elijo ser y habitar.

 

Cuando te unificas a una frecuencia lenta y suave, comienzas a sentirte y a escuchar lo que realmente eres cuando te dejas caer en ella. Es instantáneo, cuando te abres a ese silencio, aparece una corriente de sensaciones internas unidas a imágenes, que te relatan la verdad que necesitas conocer sin ningún tipo de pudor. Es como si tu inteligencia superior aprovechara el momento de debilidad para expresarte todo lo que no has querido escuchar por haberte enganchado al flujo del hacer.

Basta un instante de “estar” para que la información llegue a ti, y entonces, aparece el verdadero contacto íntimo contigo mismo. Y con él, tu inclusión en la vida. Gracias al dolor nos volvemos más accesibles y cercanos al mundo, y no porque hagamos algo para ello, sino porque estamos más accesibles y cercanos a nosotros mismos.

 

Acercarme a la humildad me hizo ser consciente del valor de lo sencillo, de la grandeza del trato respetuoso y delicado conmigo misma y de la puerta tan hermosa que se abre hacia la imposibilidad de controlar.

 

Sí, cuando te entregas a la humildad, te recibes en ella y si te recibes no puedes hacer, sólo estar, y cuando estás no puedes controlar, por lo que nada depende de ti, y todo ha de encontrar su propio lugar, y tú no puedes impedir que lo que ha de desmoronarse lo haga o que lo que no quiere reconocerse se separe.

 

La humildad es la tierra para la fluidez y para la corriente del amor en ella.

 

“El amor cura a dos personas, a quien lo da y a quien lo recibe”

Karl Menninger

 

Os invito a que sintamos esta cita. Léela de nuevo y ponte a ti como esas dos personas. En realidad esas dos personas son dos partes de ti. La parte que da y la que recibe. Ahora sustituye el amor por humildad. ¿Qué sucede en ti cuando eres quien da la humildad a tu parte exigente? Y ¿qué ocurre cuando sientes que esa parte de dureza es recibida con delicadeza sin ningún tipo de petición?

¿Eres capaz de entregarte a lo que está sucediendo recibiendo con humildad tu necesidad real y lo que conlleva soltar?

 

El amor y la humildad curan dos partes de ti, la que los da y la que los recibe.

¿Podremos permanecer en ambos bandos? ¿Seremos capaces de integrarnos en las dos vertientes para navegar presentes en la entrega a lo que está sucediendo recibiéndonos con respeto y delicadeza?

 

Entregarse a la corriente del sentir tiene unas consecuencias claras, no puedes dejarte arrastrar por la exigencia de un protocolo del deber. Ella te invita a desprenderte del control de una forma suave, siendo consciente de que sólo has de recibirte. En ese modo de vivir, el único lugar que puedes habitar es tu propio cuerpo, y la propia acción no podrá dividirse en una inversión de sentido hacia el exterior.

 

Quien se recibe nunca se abandona y siempre estará conectado así mismo. Así es como se crea la tierra en la cual el corazón puede sostenerse para actuar de forma coherente e íntegra.

 

En esta semana te propongo que sigas este juego: sigue entregándote a la humildad y recibiéndote en ella. Observa qué partes de ti se despiertan y qué partes dejan de ser necesarias para ti.

 

Será precioso acompañar esos pasos desde el otro lado.

 

Con todo mi amor, os abrazo con humildad y agradecimiento

 

Porque la vida no para de darnos motivos para encontrarnos desde la belleza de lo que es… que su danza siga inspirando nuestra forma de relacionarnos con lo más íntimo de nosotros.

Que la humildad sea clara a tus ojos y un manjar para tu cuerpo.

 

Hasta el próximo viaje

 

Noelia