“FRACASA” BIEN

 

Nos sana la flor en el jardín y adentro del jardín… Y nos sana la palabra en la boca o en los pies.
Nos sana lo que decimos a tiempo de decir lo necesario… y nos sana lo que siempre es expresado a tiempo de vivir.
No nos sana lo callado que a destiempo se guarda y no se expresa con la voz o con el alma.
No nos sana lo que quisimos decir y no dijimos ni nos sana lo que quisimos amar y nunca amamos.
Nos sana la flor de la palabra que pone en la boca el corazón y que en los pies camina…y nos sana la palabra que ya es flor del corazón y que al dolor domina.

Ulha Maleva

¡Fracasa bien!, así me recibió una escena que aparecía ante el televisor. ¡Bendita sea!. Estas dos palabras produjeron un efecto inmediato dentro de mí. ¿Me estaba permitiendo fracasar de verdad?

 

Para alguien que busca la máxima perfección y eficacia en las acciones conscientes de las que es responsable, la palabra fracaso, se convierte en una sombra en su lista de sueños.

 

Pero estas palabras no quedaron en la superficie, viajaron hasta la profundidad de mi interior. ¿Hasta dónde estaba arriesgando en mi vida? ¿Había espacios íntimos a los que no podía dar un lugar en mi vida para ser expresados? ¿Qué me estaba recordando que yo había apartado de mi lista de objetivos?

 

Repasando uno a uno todos los rincones internos, descubrí que estaba en paz. Era transparente, no había nada callado por expresar, ni historias por las cuales temer si fuesen sacadas a la luz. Entonces…. seguí buceando todavía más dentro. ¡Ahí estaba!

 

No se trataba de algo carente de expresión. Estaba claro, se trataba de una apuesta firme hacia mí misma. ¿Arriesgaba por mí? ¿Me relacionaba con la vida desde un reconocimiento propio? ¿Estaba dispuesta a darlo todo por mí más allá de lo que el exterior opinara?

 

Había dado en el clavo. Era coherente en mi relación hacia la vida. Actuaba alineada a lo que sentía y lo que pensaba. Sin embargo, ¿estaba dando la oportunidad a mis sensaciones de tomar el espacio que correspondía?. ¿En qué momento dejaba de cuestionar mi sentir y tomaba el paso para descubrir que era válido?.

 

Todos tenemos la experiencia de ver en el otro un gran potencial. De saber con exactitud hasta dónde va a llegar, y cómo no, poder identificar su capacidad inagotable de resurgir de las cenizas… pero, ¿y nosotros? ¿tomamos el riesgo de creer en nosotros?

 

Apostar sin reservas por lo que uno reconoce de sí mismo, es lo que yo llamaría “fracasar bien”. Pues se trata de desnudarse ante uno mismo en cada acción. Es como si no nos permitiéramos en ningún momento apagar nuestra luz. ¿Imagináis lo que significaría esto?

 

Si nos concediéramos ese tesoro estaríamos creando una red de aprendizaje global pues nuestro movimiento facilitaría el camino de otros. Quien se deja ver genera una corriente de inspiración para que otros reconozcan en sí mismos la información que guarda la frecuencia en la cual se ha movido.

 

Sé que podéis decir, ¡vaya novedad!, no es nada nuevo. Todos lo hemos escuchado infinitud de veces. Sin embargo, ¿qué haces con ello? ¿eres de los que dan todo su potencial confiando en cada rinconcito interno?

Y ¿qué me decís cuando tras haber descubierto y puesto en práctica tus virtudes y dones, te desmontan todo el templo que habías considerado el hogar de esa verdad?

 

¿Qué sucede cuando has fracasado hasta el fondo y bien, y lo que te muestra el exterior es que realmente se trata de un fracaso con todas sus letras?

 

Entonces necesitamos un doble click en nuestra certeza. ¿A qué me refiero? La frecuencia lírica nos recuerda lo que se siente cuando estamos conectados en cuerpo y alma. La coherencia de acción, pensamiento y emoción te lleva a una integración y ésta, te hace ser consciente de qué es estar conectado a ti mismo. Todos lo sabemos, sólo que no es algo que nos hayan ayudado a entrenar ni a mantenerlo. Basta con tomar una pequeña pausa para saber leer lo que guarda tu corazón en ella.

Cuando hay algo que forma parte de tu naturaleza, de tu esencia, de esa frecuencia que aportas al mundo simplemente con tu presencia, lo sientes. Nada puede explicarlo y al mismo tiempo nada puede negarlo. No es palpable pero es real.

 

Cuando del exterior hay un cuestionamiento de lo que creías de ti mismo, si lo tomamos como una anulación de lo que era real empezamos a quebrarnos. Y no es lo que se conoce como integración.

Si algo tiene el aire, (elemento de la frecuencia lírica), es que no excluye ningún elemento, su movimiento es inclusivo por lo que crea una red de interconexión con cada una de las partículas que viven en él.

Muy bien, ahora pasemos a nuestra vida.

Cuando aparece algo que parece tirar por tierra todo lo anterior, necesitamos abrir nuestra mirada de mente y corazón para que el cuerpo pueda sentir la nueva información. Hacer que lo ajeno sea parte de nosotros, facilitará el propio proceso de confianza personal. “Fracasa bien”. ¡Claro! También es posible desplazarlo a este espacio.

Si lo que recibes parece no ir contigo, ¿qué sientes si lo haces formar parte?

 

Ayer recibí una información de mí misma que no me gustaba. Sin embargo, si permitía que mi cuerpo la sintiera, podía reconocer que era cierto. ¿Era responsable de no ser completa? ¿había sido posible ser de una forma diferente? No estaba siendo acusada, estaba siendo informada de que había lagunas en mi camino que no podía ver, y ahora se mostraban conscientemente ante mí. ¿Me gustaban? No. En un primer instante, recibo lo que veo como un defecto, como un jarro de agua fría. Lo sé, lo reconozco. Pero también sé que esto dura un minuto a lo sumo. Navego en el fracaso interno de “no soy perfecta”, “soy incompleta”, “no encajo”, “¿a quién puedo acompañar desde este lugar?”. Y cuando me he dado un espacio de caída a los inframundos… resurjo a la superficie retomando el oxígeno de la vida.

 

Cierto, no soy perfecta, y esto muestra mi humildad.

Soy incompleta y gracias a ello, puedo seguir conectando con personas y espacios que me hacen encontrar nuevas piezas de mí misma.

No encajo en un pensamiento o creencia cerrada; encajo en una corriente siempre cambiante que te enseña a no aferrarte a nada aprendiendo a nutrirte de cada experiencia.

La única persona que necesita de mi compañía soy yo misma; ése es mi objetivo, el resto vendrá por resonancia.

 

Fracasa bien ante el fracaso.

El lírico nos recuerda la importancia de soltar lo liberado. Pero al mismo tiempo nos ofrece el regalo de no perder la perspectiva de nuestra naturaleza. Todo lo que ya forma parte de ti es lo que seguirá viajando como parte de ti para seguir conectándose a la esencia que te traiga lo nuevo que aparezca en el camino. Si sueltas lo que ya sabías que eras… no habrá materia a la cual seguir incorporando información .

La vida no puede recordarte cada una de las lecciones que has vivido en la vida, pues significaría que no las has hecho tuyas y no habría integración alguna.

 

Si fuésemos un árbol, para seguir desarrollándonos tendríamos que mantener nuestra conexión a tierra; gracias a ella nos nutriríamos del agua necesaria y recibiríamos la energía solar. El aire permitiría el intercambio de gases facilitándonos nuestra respiración; además de entregarnos a través de su movimiento nuestra capacidad de flexibilizarnos, y de ser sorprendidos con nuevos seres en nuestras ramas…

Si el árbol olvidase con cada golpe de viento que posee unas raíces que lo conectan a la tierra, nutriéndolo y sosteniéndolo… ¿qué ocurriría? Si en cada nuevo pájaro que se asentara en sus ramas, olvidara su fortaleza y su apertura a la energía del sol… ¡Dejaría de ser un árbol!.

 

Cada nuevo espacio que aparece en nuestra vida nos recuerda en qué debemos seguir fortalecidos para incorporar más vías, perspectivas, aprendizajes y experiencias en nuestro viaje hacia la unión íntima con uno mismo.

 

Para mi propio aprendizaje personal es vital no perder de vista a nivel sensitivo quién soy, y esto requiere una gran toma de consciencia de mi tierra, de lo que soy en contacto con la vida en su nivel más palpable. Tras ello, necesito cuidar mi sentir y acompañarlo con dulzura en cada prueba a la que es sometida mi mente.  Y con ello confiar… y jugar. Con una buena raíz arraigada, un tronco dispuesto a ser más adaptable permaneciendo al servicio de unas ramas siempre dispuestas a encontrar hasta dónde pueden llegar… ¡el disfrute está garantizado!

 

Sí, la vida está ahí para ser disfrutada. Claro que hemos venido a aprender, a encontrarnos, a completarnos… pero todo eso no resta disfrute. La forma en la cual vivamos marca la diferencia y cambia la información que se transcribe en el ADN.

 

El pasado fue la base; construyó el árbol… ahora, nos toca enriquecerlo y como no… escoger cómo vivir ese paso.

 

Gracias por ser apertura y frescura.

Gracias por acoger con tal generosidad la riqueza de la fuerza grupal.

 

Con amor

 

Noelia