En lo que ES…

 

Llevo días observando de cerca el constante caos que me regala la vida y os aseguro que me he sorprendido. He encontrado una forma diferente de vivir en él. Ha sido sencillo. El puro agotamiento por seguir tratando de que las cosas fueran de otra manera y sucedieran cuando tuviera el tiempo adecuado, ha conseguido que sienta por fin, y no sólo en la teoría lo que es soltar la lucha.

Hay cosas que no podemos controlar, en realidad todo es incontrolable. Es algo que sabemos, pero, si nos paramos a observar, ¿a que dentro de ti estás deseando que las cosas ocurran como quieres? Siempre hay una resistencia oculta, un sueño que no sueltas, un empuje para conseguir aquello que has visionado de una forma específica.

Sé que siempre nos han impulsado hacia el “logro”. ¡Alcanza tus sueños! ¡Ve a por lo que te hace sentir vivo!. Y por supuesto, es una dirección. Pero nos enganchamos a ella y esto hace que nos pasemos la vida buscando algo que nunca llega perdiéndonos el paso que hemos caminado hasta llegar a ello. Conclusión: pasamos la vida confundidos. En nuestro idioma denominamos inconvenientes a las señales y pérdidas lo que son encuentros; llamamos libertad al logro de una meta cuando lo que hacemos es secuestrarnos en una idea que nos aparta del éxito real.

 

Nada está puesto al azar, pero es cierto que trazamos el sendero de nuestras decisiones. Cada uno es libre de danzar como escoja esa libertad que adquirimos desde el primer momento que venimos a este mundo. La vida camina contigo, te entrega pistas, te da la mano, te impulsa, te acaricia y te acoge. Si nos empeñamos en ir en contracorriente, no sólo convertiremos la vida en una dificultad permanente sino que no cesaremos de culparla por lo que nos toca vivir.

 

No somos conscientes, pero pasamos la mayor parte de la vida juzgándola. Siempre buscamos lo opuesto a lo que está sucediendo. Y nos empeñamos en crear una vida a nuestra imagen y semejanza que nunca nos llega a satisfacer.

 

Entonces me pregunto, ¿realmente lo que está sucediendo en este momento no está hecho para nosotros?, ¿quién puede saber lo que realmente nos conviene sino la vida?, ¿no es ella la que puede observar la globalidad del Plan, del viaje que el Alma tiene preparado como propósito de vida?, ¿no es sino la vida la que alberga toda la red de Almas que trabajan por un Propósito Común regido por el Amor Incondicional de Unidad?

 

Esta semana he jugado junto a los “inconvenientes”. Cada vez que iba a dar un paso en una dirección, la vida me llevaba a otra. Todo imprevisto era una necesidad a cubrir desde el exterior. El acúmulo de “cosas pendientes” se ha desbordado en mi libreta. No hay momento para llevarlo a cabo. Mi mente se enfoca en ello, lo recuerda, pero, sin embargo, la necesidad externa es tan inmediata que no hay momento para priorizar mis planes. Así que, decido comenzar a deslizarme en lo que la vida propone: ¿y si lo hago y pruebo qué ocurre? Éste ha sido mi mantra: ¿Y si lo vivo?

 

¿Queréis saber a dónde me ha llevado esto? A un lugar hermoso. Estoy completamente fuera de control. Nada está en mi mano. Tengo una sensación de no conocer ninguna consecuencia de mis acciones dentro de lo que ocurre. Las cartas se van colocando y quitando solas. Yo sólo formo parte del juego. Me muevo con la vida, y sin embargo no voy a la deriva.

He encontrado que si me centro en lo que está pasando en el momento, y me entrego con total presencia, mi única necesidad se convierte en cuidar de ese espacio. Mi acción está enfocada en un acompañamiento y un dar lo mejor de mí en esa situación. No busco acabar. No espero pasar página para volver a mi “tarea”. Escucho lo que hay y observando lo que puedo ser dentro de ello, aporto mi toque. Muchas veces no es preciso hacer algo especial, tan sólo estar, y justo ahí, encuentras lo que la vida te propone para acompañar ese momento desde tu propio toque.

 

He pasado una semana para poder concluir la reflexión del último retiro que vivimos hace dos domingos. Y ha sido precisamente la insistencia que ponía la vida para que no lo pudiera finalizar la que me ha mostrado la necesidad de no apresurarme, pues cada día tenía un nuevo folio que mostrarme, el aprendizaje de aquel aterrizaje en el día a día ocupó un ciclo de 7 días. Si lo hubiera escrito el primer día para llegar a tiempo y no dejar al grupo sin el sostén, me hubiera perdido el sentido real de ponerme en contacto con ellos.

Pero esto no se puede encontrar si nos obcecamos en un fin o una meta, se puede vivir si nos entregamos al viaje sin esperar llegar como pensamos.

 

Cada vez que vamos hacia un lugar diseñado por una idea, un proyecto, un sentir, un sueño, etc., necesitamos estar dispuestos a enriquecer nuestra visión. El primer paso, es tan sólo eso, un primer paso, pero la vida está a nuestro favor, y sabe cómo desarrollarlo en su mayor potencial. No tenemos más que ir hacia atrás. ¿En verdad creías que tu vida iba a llevarte al momento en el que estás?. Observa si en algún momento has luchado con lo que ocurría hasta desgastarte, y pregúntate si hubiera habido algún movimiento por tu parte que lo hubiera hecho más sencillo y rápido.

 

Yo tengo millones de experiencias. Desde niña tenía muy claro lo que quería hacer con mi vida. En este momento, no tiene nada que ver con mi proyección mental, sin embargo sí con mi sentir. La mente suele dar forma a lo que nuestro alma anhela bajo unos parámetros fijados por condicionantes de varios tipos: heredados, personales, sociales.., por eso es muy importante que nos unifiquemos. Para tener una acción integrada necesitamos ser íntegros desde nuestro interior. Y para lograr una unión estable en cada uno de nuestros campos físico, emocional y mental, necesitamos estar alineados con lo que sucede fuera de nosotros. Ésta es la razón por la cual la vida nos sacude de tantas perspectivas diferentes. Su misión es entrenarnos en nuestra fortaleza flexible y amoldable a cualquier cambio. Necesita personas capaces de mantener un compromiso firme (que parte de su petición de alma) aceptando cualquier cambio en su camino.

 

Pasamos la vida confundidos. Creemos que la finalidad es el éxito de… y los logros sólo nos secuestran la capacidad de crecer. El fin es el viaje, y en una pequeña versión, “el fin” es este momento. Cuídalo, deslízate y encuéntrate en él. Deja que te muestre algo que no sabes de ti mismo. Siente lo que es ser tú en lo que no puedes conocer ni crear a través de ti. Deja que la vida te moldee y te demuestre la multitud de versiones que puedes encontrar en tu interior de lo que es ser tú íntegramente.

 

¿Sabéis lo que he descubierto estos días? La delicadeza del caos.

Solemos asociar caos a fuerza, lucha, agotamiento, resistencia y persistencia. Pero ¿qué ocurre con su naturaleza femenina? El caos está formado por dos corrientes, una femenina y una masculina, y ninguna de ellas mueve la oposición ni el enfrentamiento. Lo único que nos muestran es cómo se puede vivir la unión a través de la entrega al encuentro.

Allí donde las dos polaridades se encuentran, emana un potencial de cambio. Y ese cambio es una unión que hace nacer un nuevo espacio. Sólo cuando las dos corrientes entran en un estado de equilibrio aparece el milagro de la unión. Cuando hay un empuje por un lado, el otro se desplaza por lo tanto no hay una armonía de encuentro.

 

Vamos a aterrizar estas últimas palabras, pues es algo crucial para vivir el caos como merecemos.

¿Alguna vez has tratado de tomar una decisión cuando estás en puro estado de duda, desconcierto, irritabilidad, confusión, miedo, desubicación o incertidumbre?

Jamás podemos encontrar una decisión que nos aporte la calma y el cobijo que buscamos.

Cuando estamos en ese estado de “no control” lo único que necesitamos es esperar y confiar en el movimiento que te entrega el presente.

Sólo tras ese tsunami puedes divisar la isla que espera tras esa tormenta.

¿Verdad que cuando hay una tormenta fuerte tu cuerpo te pide recogimiento en tu hogar?

Es lo mismo.

Si vives una tormenta, recógete dentro de lo que toca vivir, no te apartes, estate presente, observa la situación a través de otras perspectivas, pero nunca saques la espada pues la lluvia no se cortará. Si sales fuera te mojarás. Si buscas a alguien no estará allí. Encuentra lo único que puedes buscar: a ti mismo.

 

Sé que cuanto más preparados estamos, más esmero hay por parte de la vida para llevarnos al límite de nuestras posibilidades. Se trata de una acción heroica por su parte. Está abriendo puertas bajo llave en nuestro interior. Hasta que nosotros no mostremos nuestra cerradura, ella no podrá penetrar en su interior y mostrarnos lo que guarda tras ella.

 

Existen muchas formas de abrir esa puerta. Podemos ser nosotros quienes nos deslicemos en el vacío de lo desconocido y confiar en este tobogán sin un final visible o podemos mantener la postura y aguantando los cambios que aparecen como si nos utilizara de saco de boxeo. Son perspectivas que sólo dependen de nuestra elección. ¿Dónde quieres situarte, desde dónde quieres vivir el caos?

 

Esta semana he hecho un pacto conmigo misma. Me he prometido ser coherente con mi descubrimiento y soltar todo empeño de manipular el buen hacer de la vida.

Por mucho que me pese, es lo que es. Y la única forma de dejar el sufrimiento de lado es beber de ello llenándome de lo que soy dentro en su espacio. Así que he decidido que lo único de lo que me voy a ocupar es de estar presente cuidando lo que va ocurriendo segundo a segundo, observando si la versión que ofrezco de mí es la mejor que puedo entregar. El resto ya se revelará. Si estoy presente en lo que es, puedo ofrecerme lo que soy de nuevo en él y con ello, enriquecer tanto lo que está ocurriendo como lo que soy.

 

Y para llegar a alcanzarlo un último apunte:

 

Las pruebas del discípulo están relacionadas con restablecer a través del cuerpo físico y su naturaleza divina, el cuerpo emocional y su poder de tender a algo más y el cuerpo mental y su capacidad para revelar, el contacto con la luz, el amor y el poder del alma.

La gran dificultad, es la sobreidentificación con la naturaleza humana, física, emocional, mental, que hace de lo que es un medio, un fin, una finalidad.

La finalidad de la existencia no es el bienestar físico, las sensaciones, el tener; ni la armonía emocional, o el amor entendido como apego; ni el saber por saber, por poder.

Tan sólo son el medio para manifestar el alma, condición para restablecer las correctas relaciones, el Plan sobre la Tierra.

Como individuos, personalidades, vamos optando por el Nosotros, por el grupo. Es allí donde el amor grupal empieza a despertar el amor por la humanidad, el amor del Alma.

Luz Ángela Carvajal

 

 

Para poder alcanzar esas nuevas versiones de nosotros, la inestabilidad externa también se vive internamente. Un equilibrio no significa bienestar físico. El viaje hacia la esencia tiene malestares y produce ruido interno. Pero no podemos engancharnos a ello. Es precisamente este descontrol, el que nos conducirá hacia un aprendizaje mayor, pero necesitamos soltar la apariencia de lo que nos molesta e ir a lo que hay tras esa puerta.

 

Cada alma ha optado por un viaje personal. Necesitamos confiar en él y dejar que revele su camino. Para ello, la presencia del grupo es la mejor forma de hacernos tomar consciencia de lo que en realidad es, dentro de lo que es y de lo que somos en ello.

 

El entrenamiento nunca termina, la preparación se da en cada etapa de la vida, y una meta que creías como culminación de un logro, tiempo después descubres que no era sino el comienzo de lo que vendría años después.

Todo está conectado, y si quieres encontrarlo, necesitas perderte en ello para poder verlo con una nueva visión que necesita liberar la antigua para ser apreciada.

 

El caos nos vuelve delicados y exquisitos, pero no sólo en nuestra percepción del significado de las situaciones sino de nuestra forma de vivir en ellas.

 

Si queremos comprender lo que no conocemos, necesitamos entrar en lo que no conocemos dentro de nosotros.

Es sencillo si nos volvemos agua para la vida, y muy duro si nos convertimos en muros de contención.

 

Gracias por permitir que la fuerza de la unión grupal abra lo que en soledad nunca es posible alcanzar.

 

Por lo que nos espera tras los imprevistos… ¡un sí a lo que ya es y aún no hemos encontrado!.

 

Os llevo en cada latir

 

Con amor

 

Noelia