El valor de lo que soy en lo que es
Comúnmente se ha asociado el valor con la productividad, con la efectividad o con el sumatorio de logros y éxitos. Tal creencia nos ha apartado del verdadero éxito: ser lo que somos dentro de lo que es.
El valor de ser incluye tanto el valor de estar como el valor de la presencia. Cuando lo escuchamos podemos llegar a imaginar su importancia, pero es preciso adquirir la experiencia para llegar a integrar la magnitud de su significado.
Hoy me gustaría acompañarnos a una reflexión que nos acerque fácilmente a esa naturaleza que vive en cada uno relacionada con el “estar sin más”, desde la visión del fuego.
¿Qué significa estar? ¿Hasta dónde llega su expresión?
Llevémoslo al día a día. Imagínate en tu hogar. Visualiza tu sala de estar, y siéntete dentro por unos instantes. ¿Qué tipo de actividad reservas en ese espacio? ¿Qué es lo que vives en esa habitación?. Ahora, imagina que ese hogar está en ti, en tu cuerpo, ¿dónde colocarías tu sala de estar?.
“Estar” es una acción que nos invita a descansar en presente sin exigencias ni expectativas. Darnos el lugar para estar en nuestro auténtico hogar, ése que seguirá contigo aunque todo tu entorno haya desaparecido, permite vivir la entrega a las circunstancias desde una realidad libre de creencias. En nuestro cuerpo conviven multitud de archivos de información, desde su estado más físico a su naturaleza más sutil. Cuando adquirimos un hábito y nos movemos desde un mecanismo condicionado no podemos acceder a ciertos archivos porque permanecemos atrapados por la orden de otros. El hecho de asentarnos en la acción de estar con lo que es, nos entrega el relevo de nuestras decisiones. Desde ese lugar nuestra percepción de la realidad cambia completamente y desde ahí, podemos relacionarnos tanto con el momento como con nosotros desde otra dimensión. ¿Te imaginas qué sería vivir sin que te controle ningún tipo de creencia o de opinión sobre lo que ocurre?. ¿Hasta qué punto estamos seducidos por el acúmulo de información desordenada y condicionada?.
En presente siempre existe la oportunidad de encontrarse.
Lo primero que necesitamos es dejarnos estar. Y ese estar requiere de tu consciencia, de tu presencia, de tu capacidad de respirar y de concentrar tu atención en este instante. Una vez presente, aporta la sensación de reposo, toma asiento, siente tu lugar en este espacio y ahí permanece abierto, respetando cada detalle que forma parte de este ahora. Sigue contigo y con lo que te acompaña, pues juntos, vamos a observar y a reflexionar sobre el fuego que ya está manifestándose:
Reposar, nos invita a descansar en lo que ocurre manteniendo nuestra presencia conectada a todos los detalles de esa situación, mientras nuestra acción permanece vinculada a cualidades como la suavidad, la delicadeza, la ternura, la dulzura o la fluidez. Si escuchamos la palabra reposo, no la relacionamos con nada rígido o tenso, sino que inmediatamente la asociamos a un aspecto cuidadoso y calmado.
Reposar genera apertura a la responsabilidad.
Cuando somos nosotros mismos los que tomamos la decisión de acompañarnos de forma consciente en ese reposo dentro de las circunstancias, y entregamos nuestra presencia a través de una respiración consciente, inmediatamente ponemos en marcha nuestra responsabilidad. ¿Y esto qué significa?. De una forma natural tomamos el timón. Somos nosotros los que elegimos cómo responder ante lo que sucede, sin dejarnos llevar por ningún patrón o condicionante. Es nuestra capacidad de discernimiento la que nos indica por dónde ir, sin descuidar en ningún momento las consecuencias de nuestros actos que dependan de nosotros mismos.
Reposar conlleva tomar riesgos.
De forma consciente, no asociamos el reposo al riesgo, sin embargo de forma inconsciente, impedimos que el reposo nos atrape añadiendo actividades constantes a nuestra lista de tareas diarias, y así evitar sentir lo que en verdad nos sucede cuando nos permitimos “estar” en lo que sucede sin interferir a ningún nivel.
Reposar facilita la acción.
Mantener un estado de calma ante las situaciones más intensas o de mayor estrés, nos ofrece una mente enfocada en lo esencial, en aquello que precisa de nuestra atención, y desde esa claridad cualquier acción que desarrollemos será sencilla, pues habremos reconocido cuál es la dirección y el sentido de la acción en sí.
Reposar nos hace sensibles.
Entrar en la pausa de interferencias y de control sobre lo que sucede, nos adentra a una escucha de lo que está siendo a nivel interno. Desde ahí es posible reconocer en nuestro cuerpo físico qué zonas son más sensibles al reposo y cuáles sin embargo empatizan más con la actividad. Si mantenemos la escucha y la presencia en estos lugares, el simple hecho de estar, genera un puente para el diálogo entre ellos; dicho encuentro de perspectivas diferentes de la realidad, si es apoyado por nuestra calma, confluye en una perspectiva unificada. En nosotros la propia información se ordena y se integra, entregándonos una perspectiva conectada a lo que verdaderamente es auténtico en nosotros. La acción que surge desde este reposo, es una acción calmada, concreta y dirigida con plena conciencia hacia un lugar.
Dejarte estar en este momento, es un riesgo esencial, pues en él vas a hacerte visible a ti mismo, a lo que te rodea, y al mismo tiempo, lo que tú eres y lo que te rodea, se hará visible a ti.
En el momento en el que descansamos en el estar, la visibilidad se activa en todas sus perspectivas y direcciones. Reposar en este momento te trae una visibilidad que te reta a seguir acompañándola, ahí está el fuego, si sales corriendo vuelves a lo conocido, si permaneces presente en ese reposo con lo que te trae el momento tanto a nivel externo como interno, la aventura comienza, y con ella, un nuevo encuentro contigo mismo.
Parece arriesgado el hecho de dejarnos descansar en lo que ocurre cuando lo que ocurre se nos escapa. Sin embargo sólo así podremos ir con ello y reconocer qué es lo que en verdad es necesario y lo que no. Muchas veces lo que queremos está dirigido por una creencia y esta visión es un gran obstáculo que impide contactar con la realidad del hecho en sí.
En nuestro cuerpo habita tanto la información de la creencia como de la esencia. Para llegar a identificar cuál es cuál y crear un verdadero estado de bienestar en ello, es preciso que nuestra presencia esté conectada a su naturaleza de fuego.
Ocúpate de estar para que la inteligencia actúe. No interfieras con caprichos o prejuicios y recibirás un regalo que no esperas. No hay valor más valioso que el que encuentras en ti cuando permites que el reposo en la acción te haga visible y sensible a tu verdad.
La vida te ahorra un gran trabajo si tú la dejas… vive en lo que es y conocerás qué eres.
Con todo mi corazón,
Noelia
Imagen perteneciente al retiro A solas conmigo: encontrando mi Soledad
Autora: Marta Casanovas Abril
