EL CORAJE DE LA UNIÓN

 

Tomar una decisión produce un cambio tanto a nivel interno como en tu entorno.

Cuando lo que está sucediendo a tu alrededor apoya a dicho paso, algo en nuestro interior se siente en paz, acogido y como no, recompensado.

Sin embargo cuando el exterior no acompaña y las contradicciones se solapan entre sí, rápidamente entramos en caos cuestionando nuestra actuación para pasar a una retirada de lo que en un principio habíamos decidido.

Para mí, el encuentro de esta semana era un día donde conocer más de cerca el elemento del fuego. Sentía necesario poder encarnar su sabiduría; reconocer su significado en nuestro físico; incluirlo como nuestro propio espacio de escucha y de danza en el día a día.

Lo que en un principio parecía ser tan sólo un encuentro íntimo en una sala, se unificó a un conflicto externo en el que el fuego danzó en una tierra falta de escucha y carente de orden y armonía.

¡Qué mejor forma de volver a recordarnos la importancia de cuidar nuestro propio fuego! ¿Qué está expresando todo este caos externo de mí mismo?

Cuando las situaciones llegan a límites tan extremos, mi tendencia es automática: volver a mí. Y desde ahí comienzo a revisar cuál es mi posición frente a mi propia coherencia, a mi propia humildad. Me llevo de la mano hacia mi compromiso íntimo con la autenticidad. Y desde ahí, observo la relación que mantengo con mi responsabilidad y la forma en la cuál ésta me lleva a unirme con la vida, vinculándome a aquello que siento como parte de mí.

Cuanto mayor es el caos externo, más enraizada es mi posición de escucha, el silencio me devuelve al hogar, y es desde ahí que esta mañana puedo expresar con humildad desde una posición de aprendiz lo que siempre permanece más allá de las intenciones de que no sea así.

Todavía con más ternura y calidez afianzo todo lo compartido en nuestro viaje a través del fuego.

 

Importa lo que vives. Importa más cómo vives lo que vives. E importa mucho más, lo que de la realidad se te queda dentro, para que la próxima vez, puedas responder de otra manera, o no.

Ulha Maleva

 

Es nuestra relación con el fuego, con la vida, con el caos, con el conflicto, con la propia desarmonía, la que crea, a partir del descontrol externo, un factor de orden interior.

El movimiento es sencillo, para que el fuego no se propague sin control, necesitamos entregarle un espacio donde arraigarse, una tierra que lo acoja y le entregue un anclaje de pertenencia, un hogar que le permita expresarse desde su poder.

Dar tierra al fuego puede verse como una metáfora un tanto complicada de traducir en el día a día. Sin embargo todos sabemos que para mantener un fuego armonioso es preciso que haya una tierra que le de base.

La mente en proceso destructivo y crítico se convierte en ese fuego devastador.

Nuestros pensamientos son los que proyectan el fuego que hay en nosotros. Para crear una hoguera que cree hogar, nuestros pensamientos necesitan mantener una armonía con el resto de nuestros elementos.

Nuestro campo físico compone la tierra. Las emociones crean el agua que circula y nos brinda la posibilidad de sentirnos tocados por las situaciones, vinculándonos con la vida. Y nuestra mente, toma el puesto de guardiana del fuego, el espacio que da luz, claridad, que suelta y comprende, que une puntos que conectan escenas y aprendizajes de nuestro camino; y a la vez, que sentencia, controla o desvirtúa el sentido cuando se separa del resto.

En nosotros es imposible la vida sin uno de nuestros campos. Tratar de ver la vida en una de sus perspectivas es perdérsela. No hay posibilidad de percibir una totalidad desde una parte, pues sólo mantendrá una perspectiva de la realidad.

Es la unión de los tres elementos que puede dar una correcta visión armónica y ordenada de lo que hay en ti y ante ti.

No hay más que observar cómo funciona la vida. La ley del 3 se repite una y otra vez. El color en nosotros se manifiesta a través de 3 colores básicos, y así una infinitud de ejemplos que animo a encontrar como exploración individual.

No se trata de generar un fuego, ni de tan siquiera buscarlo.

El fuego es, y se manifiesta porque no puede no existir.

Nuestra responsabilidad reside en cómo lo cuidemos, cómo lo nutramos, cómo lo comprendamos, cómo lo unifiquemos a cada parte de lo que somos.

Necesitamos el coraje de mantenernos unidos a nosotros mismos. Es tu hogar quien precisa de ti, tu orden interno, tu reconocimiento, tu valor, tu amor.

Para mí no hay mayor miedo que el de ser uno con nosotros. Cuando vinculamos nuestras partes, la claridad muestra cada espacio sombrío, el ruido y el desorden. Y ahí comienza el camino hacia nuestra armonía, como respuesta a nuestra coherencia. Quien se une, se ve, se siente, se comprende y la certeza aparece. Lo único que necesitas es el coraje para llevarlo a cabo a través de la tierra: tus decisiones materializadas.

En ello está la respuesta a cómo vivir esos espacios en los que todos opinan sobre tu vida, donde cualquiera tiene más seguridad que tú mismo, pareciendo conocer cada punto de tus pasos, y lo que tocara transitar sí o sí en el minuto que sigue.

Tan solo son grandes fuegos que tratan de vincularse a tu parte emocional controlando tu propia historia.

Las ideas, las opiniones y los consejos que vienen del exterior, son regalos hermosos que la vida nos pone en frente para que de nuevo podamos unirnos, reconectar y comprobar que donde estamos es donde queremos estar. Y descubrir si la forma en la cual vivimos esa posición es la que sentimos realmente o necesita unos retoques para que lo que nos aporta y queda como sedimento sea armonía y cuidado en nosotros.

Últimamente estos espacios acontecen de forma continuada y esto, me está llevando a tomarme con mucha ternura cada nueva escena que me cuestiona con tan buena intención qué es lo que estoy haciendo con mi vida.

Hace poco hice una ficha mental sobre la cantidad de opiniones que había recogido en unas semanas. Lo más divertido era observar la cantidad de personas que me invitaban a cambiar de forma de vida. Cuando las escuchaba sentía que algo en mí se despertaba, como si hubiera verdad en sus palabras. Sin embargo, cuando escuchaba opiniones contrarias a esa mayoría, también me sentía parte de esa verdad. ¡Vaya lío!. Las contradicciones se retroalimentaban, cuanto más atendía esa cantidad de información externa mayor era la confusión.

¿Cuál fue mi reflexión? La verdad está en todas partes.

No importa el camino que escoja. Lo que importa es cómo viva ese camino y lo que quede en mí dentro de esa vivencia.

Soy yo quien va a dar tierra a esa decisión. Soy yo, quien la va a nutrir con mi sentir. Soy yo quien creará hogar en ella para que el amor pueda manifestarse en múltiples acciones.

¿Qué es lo que me genera duda?

Que tengan razón, que esté equivocada…. El fuego transmuta, purifica, y aclara la oscuridad. Cuando uno decide, pone tierra a un pensar y un sentir, lo materializa. Si una vez en ese espacio, hay algo que deja de ser armónico o auténtico… ¡continúa hacia otra nueva decisión!.

No hay nada que podamos perder, pues nada es nuestro.

Y si lo que tememos es perdernos la vida, la única forma de perderla es permitiendo que otros decidan por nosotros pues nunca estaremos tomándola.

Así que… gracias a la luz externa manifestada por la experiencia de sus propias historias, podemos escoger cómo iluminar con amor nuestras decisiones.

La propuesta es cuidar tu fuego, desde su inclusividad a tu historia, a tu sentir… y desde ahí siempre habrá un lugar por el cual continuar donde sientas que no estás equivocado sino decidiendo aprender por ti mismo rodeado de seres que siguen mostrando que puedes escoger, y que sus perspectivas son parte de la inspiración de tu propia integridad.

Anoche hubo hogueras masivas.

Mi apuesta es seguir mostrando que hay una tierra que las acompaña hacia la coherencia y un agua que las conecta a un sentir de corazón. Somos uno, y me incluyo en ese dolor, trayéndolo a mi propia historia. Me comprometo a seguir coherente a la verdad que emerge cuando mente, cuerpo y corazón danzan por un bien común, donde nada me separa y todo suma.

Doy gracias al fuego, pues su danza silencia e integra. Sólo has de darte el permiso para vivirlo.

No generemos más humo, viajemos hacia la tierra de la presencia para que el agua del sentir invite a los incendios a sumarse al círculo del que todo parte, y hacia lo que todo va.

Con amor y profunda gratitud, me inclino ante vuestra danza y vuestra generosidad.

No sé lo que ocurrirá fuera, pero sé lo que ocurre en mí y me comprometo a mantener el fuego de la unión tanto en mi interior como en mi vida.

Bello caminar

Noelia