DESCANSA: no dependas de nada; todo cuanto necesitas está en ti

 

La vida reta, y lo hace en pleno estado de consciencia. Hay momentos en los que resulta difícil identificar, dentro de todo lo que está ocurriendo, qué es tuyo y que no. Sucede -tanto- al mismo tiempo, que tu mente llega a cuestionarse qué es lo que estás haciendo para que las cosas sean así. Incluso comienzas a sentir que hay cosas fuera de lugar, como si estuvieras tomando decisiones que no te pertenecen o estuvieras viviendo situaciones que no tocaran por el hecho de sentirte fuera de lugar.

Esta semana ha sido muy interesante. He llegado hasta un punto de vivencia tan profundo que me costaba poder expresar con palabras todo lo que sentía dentro de mí.

Desconozco si estas palabras pueden llegar a alguien, pero no voy a centrarme en ese objetivo. Tan sólo quiero expresar aquello que ha movido un estado de consciencia muy revelador interno.

¿Qué tenían en común las diferentes escenas de esta semana?

Nada de lo que yo suponía que iba a suceder estaba ocurriendo.

En cada perspectiva había un cambio radical. No eran actos sin importancia. Eran vivencias fuertes y con una resonancia destacada.

Todos sabemos que los planes se rompen y que no puedes controlar ni un ápice en tu camino; pero esto iba más allá.

Se trataba de algo muy profundo, era como si a través de las experiencias estuviera llegando a partes nucleares de mi vida. Si pudiera poner una imagen, sería como si mi propio ADN estuviera relacionándose con la vida.

Como si lo invisible en mí hablara con lo invisible en el mundo a través de cada situación.

Observando mis sensaciones día a día y relacionándolas con lo que había pasado, he sido consciente de que lo que estaba buscando era una seguridad. Una seguridad que dependía de la forma en la cual sucedían los hechos. En definitiva, la confianza en mí misma pendía de mi propia dependencia a mi forma de ver lo que la vida me estaba dando.

Sé que no puedo ejercer ningún poder sobre las cosas, lo dejé de buscar hace años. Me limito a navegar en este océano que cada día nos sorprende haciéndonos soltar toda iniciativa de ir en contracorriente.

Pero, hay más. ¿Qué ocurre cuando todas las olas te traen oportunidades de naufragio y no hay avistamiento alguno de calma?

¿Qué hacer cuando en tu interior existe un sentido claro de tu sentir que no coincide en ningún resultado del exterior?

¿Qué ocurre cuando nada parece mostrar un sentido lógico, ni tiene muestras de que algún día lo tenga?.

¿Cómo puedes relacionarte con la vida cuando al dar lo mejor de ti recibes estados de desconcierto, de negación, de crítica o de ausencia de interés?

 

Lo que más te perturba es lo más cercano a tu corazón, porque es lo más repetitivo en tu mente, lo más condicionante de tu reacción.

Ojalá algún día lo más cercano sea lo que amas, que lo amado sea a lo que le concedas tiempo, pensamiento, consentimiento, acción, corazón.

Lla-ámalo.

Luz Ángela Carvajal

 

Lla-ámalo.

Ahí está la clave. ¿Sabéis qué? Un simple contacto con mi mano en la parte central de mi pecho, con suavidad y mucha delicadeza, hizo que la tormenta se desatara de verdad. Naufragué. Sola y sin escapatoria. Tragué lágrimas y me bañé en ellas. La tempestad fue mostrándome una verdad oculta tras la necesidad: la dependencia de señales que me indicaran que el camino era por ahí. Eso es lo que buscaba. La señal. El acompañamiento. La luz que me dijera, sí, es por aquí.

En aquel momento mi incapacidad de resolución, mi gran bloqueo y mi necesidad de conseguir un trabajo de valor y de calidad, fueron la más bella expresión de amor para poder alcanzar lo que vino después.

Un simple contacto físico conmigo misma, me llevó a las profundidades, a mi más guardado sentir. La tempestad era mi medio de liberación y al mismo tiempo mi portal de claridad. Cuando las aguas se calmaron, sentí haber llegado a un espacio de suma claridad. Encontré la coherencia de lo que era. Lo que era en mí. Lo que podríamos llamar la verdad “en mí”.

Cuando pasó ese momento de intimidad, continué con mi agenda. Nada había cambiado. Los resultados eran los mismos que antes de mi “danza personal”, y sin embargo todo era diferente.

Mi perspectiva era otra. No dependía de lo que en un pasado suponía básico para seguir transitando un camino. ¿Cuál era mi punto de claridad? Amaba con todo mi ser lo que era cuando resonaba honestamente a mi sentir interno. No había espacio para dudas. Si me centraba en esa firmeza interna las circunstancias dejaban de tener relevancia. Se convertían en simples movimientos a los que abrazar desde mi propia presencia, en esa naturaleza que había encontrado.

Cuanto más conectada internamente estaba, mayor comprensión externa aparecía, disolviéndose completamente la dependencia a la señal del por aquí sí o por aquí no.

Quizá mi mente esté más nublada que antes. Puede que no sepa el sentido que guardan los hechos, ni entienda las actuaciones de ciertas personas. Sin embargo, tengo más visión que nunca.

No necesito señales externas ni respuestas lógicas bajo mi forma de ver la vida. La dependencia a la claridad externa, se desvanece cuando hay contacto y confianza con lo que sucede en mí. Tomar contacto con mi universo interno me conecta instantáneamente con el universo fuera de mí. Así como permito que mi interior vaya revelando la información cuando esté preparada para ello, me entrego a ese mismo movimiento dentro de la vida.

Cada acto de la vida es coherente y transparente. Sea lucha o fraude, dentro de la luz o de la oscuridad, se muestra en su pura intensidad. La única forma que tenemos para relacionarnos con ello desde el mismo punto, es siendo comprometidos con nuestro sentir de corazón. Desde ese lugar, el cambio se da por sí mismo.

Es simple. Cuando creemos que algo está fuera de lugar está en nosotros ser el elemento conector, a través de nuestra propia vuelta al lugar que nos corresponde.

La vida está compuesta de viajes, y esos tránsitos no son sino oportunidades para descubrir y encontrar más luz, más amor y mayor capacidad de entrega a una red que conecta cada punto de la existencia.

La frecuencia de la quietud recuerda a cada uno la necesidad de centrarse en sí mismo como vía de conexión a todo lo demás. Pero al mismo tiempo, no podemos quedarnos en mitad del viaje. Nadie dijo que fuera sencillo, pero lo que nos espera del otro lado merece la pena.

El sentido no es el resultado, sino tu capacidad de amar a lo que aparentemente carece de él, tanto dentro como fuera de ti.

Respetar el tempo de cada movimiento, de cada encuentro que revela una nueva parte en ti, es la forma de evitar atajos y de llegar a lo necesitas.

 

Darse cuenta es el principio.

Comprender, asumir y emprender, es el camino.

Ser tú mismo en común unidad es el destino.

Luz Ángela Carvajal

 

Que las manos de la vida te recuerden la bondad con la que tu corazón te concede cada latido como nueva puntada en el tapiz de la vida.

Por un movimiento íntimo que une, acoge y ama cada uno de los movimientos de un mundo que viaja en tu mismo barco.

Gracias por acercaros con tanto respeto a vuestra verdad

Con amor

Noelia