Darse luz… despertando

 

Cada despertar interno es como un pequeño nacimiento donde rompemos aguas a nuestra propia autenticidad.

Cuando uno despierta pone luz a una parte que permanecía en la oscuridad. Pero, para que sea posible es necesario pasar por una prueba, y en ella cómo nos relacionemos con nuestro agua será clave.

Para mí, el agua en nosotros actúa como un receptor y un vínculo. Es como si las arterias de la Tierra y el propio universo pudieran conectarse a través de nosotros; siendo los encargados de mantener en armonía el flujo entre la Tierra y el propio cosmos. El agua en ese caso es el vehículo de información y de comunicación, que al mismo tiempo, conecta nuestro cielo y nuestra tierra, vistas como cabeza y pies, o como mente y físico. Por ello, el agua forma ese campo emocional que conecta y enriquece la vida entre la mente y la materia. Sin la correcta alineación todo permanecería en un caótico desorden incapaz de reconocerse y de relacionarse entre sí.

Implícitamente, para mí, el agua, ocupa un lugar muy especial en nuestras vidas, y en este presente en particular es vital que despertemos a lo que implica más allá de lo que vemos en las noticias.

El agua es el campo relacional. Sin ella no hay vida. Pero antes de salir fuera, es preciso revisar la calidad de nuestra agua, de nuestras relaciones, de nuestro cuidado de la armonía y la belleza en cada acto que regalamos segundo a segundo.

 

“La luz recibida, traduce su canto saliendo de las sombras”

Ulha Maleva

 

Cuando uno toma las riendas de su vida y comienza a realizar cambios significativos. De alguna forma es como si toda su estructura modificara su forma.

Nuestro cuerpo físico se adapta a la vida que le ofrecemos. En el instante en que hay una nueva colocación en el propio orden de nuestra vida, nosotros también cambiamos ese orden.

 

Si algo me enamora de las etapas de giros tan profundos como lo es tomar la responsabilidad de tu camino, es, que el movimiento interno que creamos, como mínimo, es equivalente al cambio que hemos creado fuera.

Y esto conlleva a una oportunidad de aclarar no sólo lo que queremos sino la información en nuestro interior. En nuestro cuerpo nada está fuera de lugar y todo lo que existe tiene un sentido. Si hay un nuevo orden más armónico, internamente, todo se adapta a ese nuevo orden y al igual que hacemos limpieza en nuestra casa, en nuestro cerebro comienza un proceso de reestructuración en los archivos de información. Lo que permanecía guardado como material inaccesible, sale a la luz para que nuestro propio agua pueda reconducirlo a su lugar apropiado.

 

Nuestras acciones coherentes crean campos armónicos y dichos campos son transparentes y cristalinos.

En nuestro cuerpo, el agua, sostiene el campo emocional. Gracias a ese medio acuoso, podemos canalizar cualquier emoción o información que se haya traído al terreno consciente.

En el momento en que hay coherencia, el cerebro comprende que ya es el momento para transitar un espacio que hasta el momento necesitaba estar bajo llave en el inconsciente.

Para mí, el crecimiento como humanos, significa un viaje de aprendizaje en el que vamos reconociéndonos y haciéndonos transparentes a cada una de nuestras perspectivas. Sólo si somos capaces de cuidar ese espacio podremos disfrutar de tal aventura. Necesitamos estar dispuestos a ver la parte más negada en nosotros, la que más se repite, lo que nos produce dolor, miedo y arrepentimiento.

A medida que nos vamos acercando a esa verdad individual e inherente en cada uno, nos vamos brindando la oportunidad de alumbrar los espacios sombríos.

Quitarnos la venda es una bendición. Sin embargo, no podemos paralizarnos en ese hecho. Debido a que no es un acto consciente sino una consecuencia de tu propia colocación y de la comprensión de tu camino, la forma en la cual te relaciones con las partes más ásperas en ti, precisa un trato sincero de compañía y desapego.

 

¿Qué es lo que quiero decir con ello?

 

Tomar tierra en nosotros es un paso hacia nuestro encuentro verdadero.

Cuando nos colocamos en ella, tomamos consciencia del agua que circula a través de ella. Somos tanto un continente como un contenido. Y ese contenido al mismo tiempo contiene gran variedad de vida.

 

Cuando cuido mi posición en la vida, estoy favoreciendo a la armonía de la estructura y funcionamiento de la vida.

Cuando cuido la relación conmigo mismo, estoy nutriendo las relaciones con el exterior.

 

El agua es el elemento que permite la circulación, y evita el estancamiento.

Si somos los guardianes de tal virtud en nuestro propio terreno interno, seremos capaces de dar la oportunidad a que lo borroso, lo oscuro, lo enjuiciado y negado, se haga transparente, encontrando una vía de expresión y de transformación. 

 

Tras mi regreso de Colombia, sentí que había vuelto a nacer. Las experiencias fueron tan potentes que sentía haber creado una nueva estructura en mi cuerpo físico. El aterrizaje me brindó situaciones nuevas, no sólo había sido yo la portadora del cambio, mi familia también vivía uno de gran dimensión. Durante estos días no sólo tuve que aprender a relacionarme conmigo, sino a unificarlo con el aprendizaje de la nueva situación familiar. Esto me trajo movimientos realmente interesantes. Pues al mismo tiempo que mi propio inconsciente, la memoria del núcleo del hogar se hacía voz expresándose en conversaciones inesperadas.

Durante toda la semana he estado envuelta en una fascinación continua, al observar como una situación de lo más neutra podía desenmascarar espacios del pasado que se conectaban dentro de mí y me traían situaciones de temor, incomprensión, rechazo, fracaso y como no, de culpa. Que al mismo tiempo se entrelazaban con lo que despertaban conversaciones que paralelamente mantenía con mi entorno.

Podría semejarlo a las propias cadenas de ADN. Una cadena propia que trae una información y una cadena familiar que muestra otra, uniéndose para crear un tsunami de los que no hay retorno.

 

En estos momentos, la clave es dar más voz a lo que somos a través del agua.

Permitiendo que el flujo de ese movimiento interno no se paralice en un pensamiento que lo encasille. La clave está en observar, tomar consciencia y colocarse como respuesta. No consiste en tratar de quitarse el temor, más bien, se trataría de que nuestra tierra lo acogiera y lo sostuviera con tal firmeza que nada la turbara. Si la información y las emociones necesitan el agua como medio para circular… ¿por qué no tomar todas las cualidades del agua para evitar cualquier intoxicación?

Quien cuida de un río, no trata de desviarle el camino, ni de estrecharlo. Tampoco lo retiene en grandes presas, ni lo impregna de residuos tóxicos. Quien ama el río sabe que necesita respetar su cauce y su naturaleza.

 

Por ello, quien crea una tierra de calidad y permite que el agua circule a través de ella, no sólo estará creando una solidez sino una flexibilidad desde sí hacia el mundo.

 

La tierra nos da firmeza y el agua, amabilidad. Su adaptabilidad todo lo acoge, nada la frena…

 

Que nada frene tu amor ni tu confianza.

Hay muchas formas de vivir la vida, pero no tantas que sean sinceras y amables contigo.

 

Quien da luz a su vida, encuentra una expresión amorosa que emerge cuando ha sido capaz de crecer reconociéndose desde la más profunda oscuridad.

 

Cada nacimiento atraviesa un túnel. Si dejamos que el agua nos haga circular por él, por mucho que duela la información que nos traiga, siempre será posible alcanzar el otro lado.

 

Pero atención no podemos olvidar algo clave, focalizarnos sólo en un aspecto de nosotros nos aislará de nuestra grandeza. Si sólo vemos temor o fracaso, estaremos dando la espalda a toda la riqueza que acompaña a esa mínima parte de la que somos consciente.

Por eso, es imprescindible, que cuando hablamos de nuestro agua, tengamos en cuenta, que es gracias a la tierra que el agua pueda circularnos. Cada vez que nuestro agua se vuelva turbia y turbulenta, regresar a la base, a esa firme coherencia que ha creado los movimientos para llegar a esa consciencia, nos dará la seguridad necesaria para continuar con el viaje. Pues será el referente, el recuerdo de que es ahí donde decidimos estar, y si hemos llegado a esa nueva vivencia, es precisamente lo que nos corresponde y estamos preparados para vivir.

 

El hecho de conectarse al sentir íntimo dentro del día a día, hará que se convierta en el ancla para mantener el equilibrio dentro de los movimientos de nuestra agua.

Ese sentir profundo, nunca se ve modificado ante las mareas, y en ciertos momentos puede convertirse en esas manos amorosas que abrazan tu interior en los espacios de mayor tensión.

 

Será precioso que durante la semana sigamos conectados con nuestra propia investigación en relación al agua en nosotros y en cómo la tierra dialoga con su sentir para que puedan dar lo mejor de cada una y gozar de la coherencia y la armonía en sus relaciones.

 

Gracias por acompañarme en este viaje

 

Abrazos acuosos en cada bello despertar

 

Noelia