Cuando estés perdido… ¡ÚNETE!

 

Cuando estás perdido, el corazón te recoge… cuando no sabes, el corazón te informa… cuando te duele o estás solo, el corazón te acompaña… cuando tu corazón sabe darse, otro corazón lo espera… cuando el cielo te sueña, en tu pecho, el corazón te sueña.

Ulha Maleva

 

 

En la última semana he tenido la suerte de explorar con personas que nunca antes habían bailado. Estuvimos viajando a través de los elementos, y al llegar al aire, se quedaron completamente atónitos, pues descubrieron en su propio cuerpo que el aire no estaba solo.

  • ¡El aire lo tiene todo! Tierra, agua y fuego. De no ser así, nunca lo hubiera sentido ni reconocido.

 

Cuando nos entregamos a la experiencia física como espacio para leer y del cual aprender, comprendemos cosas que en el día a día resultarían inalcanzables.

 

El hecho de vivir en ti que nada puede separarse, que si comienzas a conocer lo que es la tierra en ti, enseguida hay una nueva sensación que te trae el agua, brotando de ella el fuego, hasta llegar al aire.

 

¿Qué es lo que significa esta cadena de sensaciones que aparecen más allá de tu propio control sobre ellas?

 

Cuando nos tratamos como partes, nos perdemos.

Aunque cada espacio en nosotros tenga un nombre, no está aislado, depende del resto de espacios que crean nuestro cuerpo.

 

Todo lo que suceda a un nivel físico tendrá una repercusión a nivel emocional, mental o energético.

 

Entendernos por secciones no sólo nos pierde sino que nos limita y nos aparta de nuestro sentir.

 

Y aquí es dónde está la clave.

El corazón. Ese gran maestro que nos invita a hacer las cosas desde otro lugar, “el sentir”, es el elemento conector más veloz y eficaz. Si dudas, siente, y entonces te encontrarás en lo que pareces desubicado.

Cuando lo hayas hecho no quedará más que un simple acto de unificación para que cada parte de ti vaya en resonancia a él. Sencillo, escucha, siente y síguelo.

 

En ese movimiento, estamos entrando en la danza del corazón. Un órgano que a través de su tierra (musculatura), está distribuyendo el agua (sangre) a todo el organismo (tierra) gracias al impulso de su acción (fuego). Mientras, conectado a lo que su intelecto vivencia, responde con coherencia a través de su sentir. Unificando así nuestro cielo (mente) con nuestra tierra (cuerpo físico).

 

Si esta imagen la llevamos más allá de nosotros podemos observar que nuestro pasado podría ser esa tierra que quedó como lo que sostiene nuestro próximo presente y la mente, lo que abriera nuestro futuro.

¿Quién da sentido a lo que fue?

¿Quién impulsa o abre lo que será?

El presente es lo único que puede unificar creando un hilo conductor, un viaje donde cada parte integre las anteriores.

 

Y ese presente no es otro que el corazón. Es el que se dedica a darlo todo en cada latido y el que nunca se plantea reservar parte de su energía para momentos más productivos.

 

Por ello, cuando llegamos a la frecuencia lírica, en la cual se unifican nuestros tres cuerpos: físico, emocional y mental, el corazón tiene una llave crucial en este alineamiento.

Sin esta consciencia no podemos alcanzar la escucha de esa voz interna que todos buscamos por la cual el alma se expresa.

 

Sentirse perdido es una experiencia que brota en el momento en el que nos dejamos arrastrar por una falsa presencia. Nos cortamos; descartamos partes de nosotros por miedo, incomodidad o pereza. Pero esto, en lugar de ayudarnos a que las cosas se hagan más sencillas, agrava nuestra sensación de duda y desarraigo.

 

El hecho de dedicar esta semana a la reflexión y a la profunda escucha de cada elemento, concedí un espacio a ver cómo mi vida se movía entorno al propio aprendizaje. ¡Es una obra de arte!

 

La vida nos lo pone delante una y otra vez, siempre hay una nueva oportunidad para descubrir hasta dónde puedes despistarte cuando antepones cualquier espacio al de tu propia unificación.

 

Y entonces la vida te pone todos los frentes en la misma escena. ¡Encuentra prioridad!. ¿Qué escoges? ¿qué dejas ir? ¿a quién escuchas?

 

He comprobado que la danza tiene todas las respuestas, porque en ella nos mostramos tal cual somos y su reflejo es quien clarifica dónde están nuestras propias desconexiones.

 

Conéctate y sabrás de ti.

Mírate y te verás.

 

La prioridad es tomar tierra. Estar presente en tu realidad y desde ella, actuar en consecuencia. Cuídate, nútrete, y ante el caos del conflicto, sigue unificando. Lo que ocurre es parte de lo que es y tú eres parte de ello también. Encuentra tu lugar y sé fiel a él. Desde ahí será más fácil soltar lo que no permite respetar tu espacio. El aire limpia la tierra, purifica el agua, y nutre el fuego sin dejar de ser él mismo. Cambia lo que viaje a través de él pero no su esencia.

Así somos nosotros cuando vivimos de corazón a través de nuestra verdad.

Sanamos lo que nos sostiene cuando damos movimiento y corriente a lo que fue con plena gratitud, aprendiendo de cada experiencia que nos trajo hasta aquí, creyendo en lo que el sentir nos invita a explorar y a arriesgar sin la seguridad del éxito.

 

 

Cae en ti y la prioridad se mostrará como una forma natural de moverse con lo que es.

 

Todo es simple. Pero para ello, necesitamos vivir en un continuo estado de gratitud a lo que fue y de desapego a lo que ya no es.

El alma no puede habitar un cuerpo que no descansa en presente. Pues no encuentra un lugar en el cual situarse.

 

Ni antes ni después, ahora.

 

Ahora únete.

Ahora escúchate.

Ahora siéntete.

Ahora síguete.

 

Entonces… ¡te habrás encontrado!

 

Bienvenido al hogar.

 

Nos volvemos a encontrar en presente, y mientras tanto…¡presente!

 

Bellas vacaciones para todos

 

Todo mi amor

 

Noelia