Confiar «TE SOSTIENE»

 

El alma ama desde nuestro corazón en todo el cuerpo… y se sale de nosotros y a nosotros regresa después de ver y tocar el mundo.

El alma ama el mundo que vemos y el que no vemos… el que sabemos que está y el que intuimos que se oculta tras el rostro de los seres y las cosas.

El alma se marcha con el corazón al mundo y se hace de él… después regresa del mundo y nos acerca el corazón del mundo… nos hace de otros latidos en los nuestros.

Así viaja en el amor y nos hace de la luz del cielo aquí en La Tierra.

Así ama en nosotros y nos va haciendo del amor sin que apenas nosotros nos demos cuenta de ello.

Ulha Maleva

 

¡Qué sencillo resulta vivir cuando tu mundo interno coincide y se ve apoyado por el mundo exterior!.

Si hiciéramos una encuesta estoy casi segura de que la gran mayoría optaría por esta forma de vivir, catalogándola como un estado de perfección y gracia, nacido de un alineamiento interno con el mundo físico y espiritual.

¿Cuántos de nosotros no creemos que lo que ocurre en el exterior es una consecuencia de nuestro grado de evolución? ¿Quién no espera por el momento en el que no haya necesidad de “luchar” por mantenerse en una posición de integridad?

 

La perfección de la vida no cesa de mostrarnos la imperfección de nuestros propios ideales. Esa búsqueda del descanso interno a través del apaciguamiento de las aguas externas sólo nos genera una expectativa errónea que se llega a convertir en una meta común con un falso fondo.

Cuanto más consciencia tomamos del funcionamiento del proceso personal de cada uno, más necesitamos soltar el autoconvencimiento de que un día las cosas serán diferentes. Las cosas son y las que vengan seguirán siéndolo, todo cambia de forma pero la riqueza del presente seguirá llevándonos a espacios donde volver a despertar lo que todavía no se ha desarrollado en nosotros. La vida es un viaje y como tal las etapas se superan así mismas aumentando en grado de dificultad y de especificidad. ¿Acaso tendría sentido acabar en un espacio de no crecimiento, de comodidad y de estancamiento?. El caos es el fenómeno más necesario para nuestra capacidad de encuentro y hasta que no dejemos la búsqueda del descanso no podremos vivirlo como tal.

 

Los últimos días están siendo muy intensos. La cantidad de información que me están trayendo hace que resulte difícil formar el puzle de su significado. Cuanto más sensible al presente me vuelvo mayor número de perspectivas diferentes aparecen dentro de un mismo escenario. Siempre nos han hablado de la necesidad de crecer espiritualmente, pero pocos te explican cómo dar los pasos y mucho menos cómo sostenerte en cada uno.

 

Todos tenemos una llamada interna que nos impulsa en una dirección concreta. Muchas veces pasamos casi una vida para encontrar la dirección exacta, pero eso no es lo importante, lo válido está en cada una de las experiencias que te han dado forma hasta llegar a tu último paso en La Tierra. Desprenderse de todo el equipaje de expectativas, ideales y prejuicios puede llegar a durar toda una vida; y si tuviera que destacar un cómo dentro de las instrucciones para disfrutar de una vida en La Tierra, sería éste: soltar el sostén de todo lo que te aparte de sentir lo que está ocurriendo como un milagro. Confiar te sostiene, esa es mi experiencia y la verdad para mí.

 

Y para que este relato no se perciba como pura teoría inalcanzable, voy a mojarme tal y como el caos me enseña día a día.

En este momento mi vida es un océano. En él me siento totalmente libre para escoger cómo vivir su oleaje, sus tormentas, sus tsunamis o sus estados de calma. A causa de ello, siento la necesidad de cuidar cada uno de mis movimientos en él. Sé que por pequeña que resulte mi acción, creará un cambio en esa agua, produciendo un efecto totalmente imprevisible e incontrolable.

Nada de lo que emerja tras mi acción dependerá de mí, pero sí seré completamente responsable de cómo me relacione con ello.

Ese océano se ofrece voluntariosamente a mostrarme lo que todavía no he descubierto de mí misma, creando experiencias precisas y perfectamente diseñadas para ello.

Tiempo atrás fui consciente de mi gran necesidad de que el mundo cuidara su responsabilidad. Me hiere ver la falta de coherencia que mostramos en los detalles más simples. Nuestra comunicación se convierte en un campo interferente que aleja cualquier idea de encuentro entre dos personas o un grupo. Si esto lo llevamos a una perspectiva mucho más amplia entramos directamente en una carencia total de sentido ante una falta tan activa de humanidad.

 

Pero entonces, cuando siento que el ahogo ante tanta información dañina… voy al valor de lo pequeño y regreso al océano, a mi cuerpo, a ese dejarse mecer en el momento y sin ejercer ningún ruido mental dejarme sentir por lo que siempre está y no siempre atiendo.

El pasado domingo, dentro de uno de los espacios más sagrados que se pueden llegar a compartir en grupo, en una de esas danzas de corazón a corazón, reencontré lo que permanece en el olvido y siempre nos sostiene. Tras esa capa de realidad que nos empeñamos en identificar como lo “único y verdadero”, había un espacio ilimitado donde una fuerza luminosa de amor incondicional, sostenía cada uno de nuestros movimientos. Una voz me recordó lo que significa vivir y dónde nos estamos moviendo en ese viaje. Bajo cada obviedad hay un universo de amor recordándote que no estás solo, que el amor te sostiene y sólo has de dejarte caer para alcanzar su apoyo.

Es hermoso y gratificante caer en los brazos de alguien que te ama, pero ¿por qué no es igualmente hermoso caer en la pérdida, en el fracaso, e incluso en la sensación de retroceso?

 

¿Alguna vez nos hemos preguntado qué es lo que sostiene la inestabilidad, la muerte, la derrota, el dolor, la desubicación y la desorientación de todo norte? ¿Quién es el que cuida de esa oscuridad? ¿Quién acoge la densidad y la imposibilidad de salida?

 

¿Qué ocurriría si de pronto nos concediéramos la oportunidad de confiar en que las manos del caos están conectadas a un corazón que cuida de ti y pulsa al servicio de tu bienestar y de tu aprendizaje?

¿Y si esa capa de “lo que nunca elegiría” fuera el canal de parto de tu auténtica versión?

¿Y si el miedo que sientes ante tener que pasar por un abismo fuera lo único que te apartara de él?

¿Y si te dijeran que el único lugar al que puedes caer es a un océano de amor desinteresado que sólo busca que reconozcas lo que eres y no ves?

 

Sé que es duro. Sé que es difícil. Pero también sé que somos capaces.

Todos hemos llegado a este planeta a través de una dura prueba. Nacer no es fácil pero resistirse a morir tampoco lo es. La vida es un viaje de continua muerte y renacimiento. Retrasar lo que la vida nos propone sólo aumenta la dificultad. Cuando nos soltamos de la idea mental del miedo, el fracaso, el prejuicio y el adiós, encontramos que lo que identificábamos como seguridad era una muerte y lo que temíamos por falta de estabilidad era la más absoluta presencia de libertad y satisfacción.

 

Todos hemos sido avisados de que necesitamos dejar de sostener y de creer que todo depende de nosotros. Y es muy cierto, pero hoy propongo algo más allá. ¿Y si dejáramos de sostener la resistencia y la barrera ante lo que está ocurriendo y nos desmorona? ¿Y si cuidáramos ese bello espacio por oscuro y desafiante que se sienta?

 

Hay muchas teorías sobre el caos que me han acompañado en mi día a día, y que con el paso de los años he podido integrar a través de mi experiencia. Pero hoy me encuentro ante desafíos mucho mayores. Todo lo que he construido hasta ahora se encuentra a un paso de desvanecerse en el vacío del recuerdo. Muchas situaciones me traen escenas de un pasado que me apartaba de mi esencia. Ahora estoy en otro punto, observo todas las perspectivas y esta vez no me siento manipulada por nada. Soy libre. Y esa libertad todavía asusta más. Cualquier paso será decisivo. Y por ello, lo único en lo que me puedo sostener es precisamente en esa incertidumbre. Necesito dejarme mover por su oleaje, sin adelantarme a una respuesta pues la voz del pasado tiene tanta intensidad que me vería empujada hacia una reacción condicionada por él. Tirar la toalla es fácil, lo complicado es seguir cuidando de ese desconcierto, sentir su voz, unirse a su sentido y hallarte en él.

Me siento en medio de tres tsunamis. Cada uno arropa un aspecto de mi vida de igual importancia. Y ello me devuelve a mí. No me siento atrapada, me siento bendecida por la oportunidad de ser libre ante mi relación con cada uno de ellos. Mi decisión creará movimientos concretos en ellos, y por ello, sé y siento que no puedo apresurarme. Dicho tsunami me invita a la calma. Voy a abrir mis poros para no perder detalle de cada gota de agua que me impregne. El dolor está; el aroma a cambio y a despedida también. ¿Y sabéis lo mejor? No hay arrepentimiento, sólo gratitud.

 

Desconozco a dónde me llevará el contacto con lo que este momento está despertando, pero sé dónde decido ser recibida, y es en esa realidad. Suelto el control y permito que la voz de la realidad sea clara con la entrega de mi confianza hacia su presencia.

 

La única forma de transitar un túnel es dejándose guiar a través de él. Ir en contracorriente frenará el encuentro con la luz. Obstaculizar su paso, creará mayor desgarro. Confiar en su existencia te conducirá a un sentido que sólo puedes encontrar gracias a su cuidado y su respeto.

 

Si sentimos la adversidad como un espacio oscuro sin salida nos aislaremos apartándonos del mundo, encerrándonos en un solo campo de visión. Si la visualizamos como un océano abierto, un simple momento de confianza y contacto con él, serán suficientes para hacerte sentir que no estás solo. La presencia grupal te entregará la llave para seguir confiando y formando parte del viaje.

 

Siempre a vuestro lado conectada a cada corazón.

 

Gracias por mostrarme la belleza de la confianza

 

Con amor

 

Noelia