COLÓCATE Y LO SABRÁS

 

¿Cuántas veces nos quedamos estancados en un espacio a la espera de respuestas? ¿Cuántas veces no damos el paso por no comprender lo que está ocurriendo? 

 

Hay circunstancias que requieren una cierta distancia para poder observarse en la globalidad antes de tomar una decisión. Pero hay otras ocasiones, en las que es precisamente la falta de contacto con la realidad la que te adentra en un bucle de incertidumbre donde tu mente sólo genera dudas innecesarias.

Sostener un estado desde un mismo lugar acaba creando una herida, ya sea a nivel emocional o físico. El dolor, en cualquiera de sus manifestaciones, es una llamada al diálogo. Un diálogo interno donde sólo tú puedes acceder a su autenticidad. Nada externo puede hacerlo por ti. Y cuanto más retrases el encuentro, mayor incomodidad y sufrimiento puedes llegar a experimentar.

 

La vida nos muestra a través de los síntomas las señales que tanto pedimos, y que sin embargo, tan poco atendemos.

Queremos que las circunstancias nos hablen en un idioma concreto, sin tener en cuenta nuestra verdadera necesidad. Buscamos la libertad, sin pasar por su túnel de acceso. Pedimos materializar nuestros sueños sin tener en cuenta las leyes de la propia vida.

Podemos llegar a cerrar nuestra mente hasta tal punto que sólo vemos posible nuestra propia ecuación obviando todo el gran mundo que se despliega más allá de ese logaritmo.

 

Cada vez que me anticipo a vivir una conversación o una decisión fuera del espacio que le corresponde, comienzo a crear tales películas que si me dejara continuar con la trama, podría crearme una realidad paralela en la cual sentirme víctima de mi propio temor.

 

¿Cuál es la razón que me lleva a vivir experiencias fuera de contexto y de su espacio-tiempo?

El miedo. Miedo porque suceda lo que pienso. Temor a que ocurra algo muy diferente. Pánico a que suceda lo que nunca me esperara y además, fuera lo que más feliz me hiciera.

Infinitud de ocasiones, cortamos nuestro sentir por miedo a recibir lo que nos da la libertad y la auténtica paz. Entonces, escogemos seguir enganchados a un falso estado de espera. Y digo falso, ya que nada de lo que venga del exterior podría sacarnos de esa casilla, puesto que el único freno que nos retiene es el temor a recibir lo que realmente nos merecemos.

 

Sólo cuando nos unimos a la llamada que impulsa nuestro sentir íntimo en presente, en ese espacio que corresponde, podemos reconocer la verdad.

 

Durante semanas, e incluso meses, he estado inmersa en una decisión que me ha invitado a viajar por espacios totalmente nuevos dentro de mí, manteniendo un diálogo fijo y repetitivo, en el que viejos esquemas mostraban una serie de puntos básicos que no podía descuidar. Cuando me encuentré en el espacio físico en concreto, y escuché lo que estaba pasando, todo lo que durante días me había planteado con su propio guión, se desmoronó súbitamente.

El momento me abrió otra puerta. Me regaló nuevas perspectivas y todo el escenario anterior se hizo cenizas.

¿Dónde está la autenticidad? ¿Dónde emerge mi paz? ¿Qué escenario es el que sigue el guión de la realidad libre de condicionantes de un pasado o de creencias disfrazadas?

 

Esta semana he sido consciente de una gran lección. La vida es la que realmente sabe abrir el portal de las perspectivas de tu evolución. No sirve de nada sostener un aprendizaje que era válido unos días antes. Es imprescindible integrar su lección, pero al mismo tiempo lo es soltar su fórmula para el siguiente encuentro que aparezca. MI sensación ha sido muy clara. No hay menú que coincida en el buffet del día a día. Nada se repite. Ninguna pieza encaja en otro lugar. Lo que me sirvió con una persona, no puede continuar siendo útil unas horas más tarde. Ninguno somos el mismo. Y el momento ha hecho que tengamos una oportunidad de conocernos desde este nuevo instante, sin residuos de un pasado, por muy inmediato que sea.

 

He sido plenamente consciente de que lo que realmente condiciona lo que compartimos en nuestras relaciones es todo lo que nos ha llevado hasta ese momento. Vivir una conversación en presente, sin sentirnos contaminados por lo que sucedió unas horas antes, es prácticamente imposible de imaginar, y mucho menos de permitírnoslo vivir.

 

¿Cómo voy a olvidarme de lo que pasó? ¿Cómo no voy a estar alerta para impedir que vuelvan a hacerme daño?

 

 Todo acontecimiento, toda circunstancia de la vida, llega para proponerte una nueva elección.

 

¿Y si nos concediéramos la oportunidad de adentrarnos en la vida como un viaje donde experimentar una secuencia de encuentros que concluyen al final de su escena, volviendo a la siguiente con una mente limpia de referencias, dándonos a un lienzo totalmente en blanco?

 

¿Qué ocurriría entonces?

 

Nos convertiríamos en puros exploradores del presente. La sensación física es equivalente a estar leyendo el libro de tu vida a través de tus actos. Es como si para saber lo que eres y lo que ocurre en tu historia, sólo tuvieras que mantener silencio y observar lo que está ocurriendo a través de las experiencias que tu cuerpo está viviendo.

 

En realidad es fascinante. Gracias a lo que ves a través de ti, puedes aprender si lo que escoges es lo que necesitas, comprendiendo la razón por la que tomaste la primera decisión.

 

Vivir desde esta perspectiva no es sencillo, pues necesitamos desapegarnos de multitud de patrones impuestos. Sin embargo puedo asegurar, que si realmente queremos conocernos, esta forma es la que nos muestra con claridad lo que somos más allá de los límites establecidos.

 

Vivir decidiendo en presente, in situ y sin entrenamientos previos, implica un desapego del futuro. No tener control sobre la preparación ni sobre el resultado nos hace vivir desde una despreocupación extraña, la cual es preciso enraizar, haciéndola natural en nuestro día a día.

Os propongo un juego: Dejarnos sorprender por el presente.

Permitirnos leer nuestras propias acciones al momento en que las vivimos, reflexionando sobre ellas una vez experimentadas.

Convirtámonos en el protagonista de nuestro aprendizaje y en el instrumento que la vida afina con soltura y destreza al disolver las resistencias a lo que está ocurriendo.

No te anticipes. No entrenes. Entrégate a lo que está siendo y profundiza sin flotadores de suposiciones pasadas. Date la oportunidad. Vive este nuevo momento desde tu nueva versión, desde la perspectiva que sólo este nuevo instante puede despertar en ti.

 

Por mucho que otros nos digan, nos avisen, nos condicionen…, sólo nosotros podemos escuchar con claridad lo que toca. Pero para ello necesitamos entrenarnos. No para preparar lo que queremos que ocurra, sino para colocarnos en ello coherentemente sin absoluto control previo.

 

Prepárate para estar disponible, no conviertas el presente en un futuro condicionado.

 

La vida es diferente desde ese lugar.

Nuestras relaciones son un mundo aparte, porque nosotros… también lo somos.

 

Será precioso compartir vuestra experiencia durante esta semana.

Juntos, es posible.

Colócate y lo sabrás.

 

Con amor y un profundo agradecimiento

 

Noelia