¡BRILLEMOS!

 

Entrega tu luz. No ahorres, pues reprimir lo que forma parte de ti supone un desgaste.

La luz se da sin prejuicios. No hay excusas ni justificaciones. No encuentra momento para dejar de serlo. No está condicionada con lo que le rodea. Si hay oscuridad, sigue alumbrando. Si lo que le rodea es desorden y desánimo, continua iluminando incesantemente. ¿Acaso algo puede negarla?. Sólo ella podrá decidir dejar de hacerlo, pero en su naturaleza la fuerza de su verdad es inquebrantable y lo que ofrenda es su vida y su vida, es ser luz.

Eso es lo que somos. Sin embargo, creemos que es más sencillo acomodarse en espacios que nos consumen hasta apagarnos. Reconocer qué nos apaga y qué nos aviva es parte imprescindible de nuestra lista de objetivos. Dominamos con perfección muchos aspectos de nuestro exterior. Sin embargo, desconocemos lo más esencial, aquello que no depende de nada para ser. Si nosotros tomamos contacto con la necesidad básica y real que pide nuestra luz, dejaremos instantáneamente de desear que las cosas sean diferentes. Pues encontraremos que cada situación, cada circunstancia, a cada segundo, es la mejor opción que podía darnos la vida para acercarnos a nuestro propia capacidad de brillar. 

Si utilizamos el momento en el que nos encontramos como la tierra, como el sostén que nos mantiene presentes en una nueva misión, descubriremos que ese hecho en concreto es la forma de saber qué somos dentro de esa situación, qué es lo que nos sigue doliendo, qué nos arrastra, qué se despierta, qué se desubica, qué nos toca… Para así, ordenar lo que se hace visible. Escoger qué es válido y que ya no forma parte de nosotros. Qué es creencia pasada y qué es verdad que nutre y fortalece. Sólo nosotros podemos encontrar lo que se despierta en cada nuevo imprevisto, y sentir que ese infortunio es la pieza clave para reconocer aquello que no tiene lugar en ti, y así, aprender a modificar tu forma de ser junto a eso. 

Darnos el espacio para poner tierra a nuestra luz, es sinónimo de abrirnos a cada espacio que nos trae la vida, manteniendo la cualidad que nos entrega ese estado de luz. La alegría, la aceptación, la humildad, el respeto, la suavidad, la dulzura, la entrega, la belleza… son cualidades que viven cuando nos sentimos vibrar en eso que somos. Sin embargo, no son cualidades exclusivas para los momentos en que sentimos gozo y plenitud. Son regalos que forman parte de tu naturaleza para que sigas entregándolos. Si los guardas en exclusiva para ti en determinados momentos, nunca serás partícipe de lo que realmente son capaces de transformar.

Tu luz no es tuya, no te pertenece, es parte de ti, para que cuidándola y ofrendándola puedas reconocer cuál es el sentido de su presencia. Tu luz, no te alimenta si está condicionada a las circunstancias. Tu luz te necesita para expandirse, para ser parte de algo mucho más grande. Tu luz es tejedora, si la reprimes deja de ser. Tu luz vive gracias a ti, pero tú eres capaz de vivir gracias a ella. Es una relación de simbiosis. 

Para mí dar tierra a nuestra luz es comprometernos a mantener vivas en nuestras acciones cotidianas los valores y las cualidades que son parte de ella. Encontrar las tuyas te dará conocimiento. Ponerlas al servicio te dará plenitud. El poder no se consigue conociendo, sino poniendo nuestros dones al servicio del bien común. No hay mayor satisfacción que observar el resplandor de otros seres. Al igual que podemos disfrutar cuidando de una planta y observando sus cambios y su crecimiento; cuando se trata de un ser humano, el impacto que sucede en tu corazón, es capaz de modificar y liberar hasta la creencia destructiva más arraigada que conviva en ti durante generaciones. 

Cuando damos realidad a esa parte que no podemos explicar pero sí sentir, afianzamos nuestra confianza en nuestra capacidad. Y así reconocemos que podemos hacerlo. Nos damos el permiso de caer y de intentar nuevas vías. Nos acompañamos en el sendero del que aprende y siempre guarda la esperanza como combustible. Incorporamos la humildad del que no sabe y pide apoyo. Cuando damos espacio a poner en marcha aquello a lo que vinimos, el simple hecho de estar en el camino, es la recompensa. Permanecer en él, mantiene viva la ilusión y el poder de nuestra luz. Despistarnos forma parte del camino, y reencontrarnos refuerza los vínculos y compromisos con nosotros y con la propia vida.

Optar por hacerse visible y real, poniéndose al servicio de lo que todos somos, es la mejor opción como regalo de nuevo año.

Éste es mi compromiso. Cuidar de mi luz gracias a la prueba diaria del camino. No evitando sus características, sino uniéndome a ellas para sacar el mayor partido y la máxima fortaleza a esa luz que apenas he comenzado a conocer.

Que tu luz no dependa de las circunstancias.

Que las circunstancias sean el camino para su ofrenda.

Unida a vuestros corazones,

Continuamos hacia el próximo destino 2021.

 

Todo mi amor

Noelia