AclararSé

Dedicar un espacio de tu día a tomar contacto con la consciencia del agua en ti, trae grandes obsequios. En ocasiones, por no decir, la mayor parte de nuestro tiempo, entregamos nuestra energía a espacios que creemos vitales para nosotros según la razón, aunque no nos motiven ni nos concedan bienestar. Confundimos el deber o el querer con la verdadera necesidad, conectándonos a un gran archivo de justificaciones que seguimos sin preguntarnos el motivo por el cual las utilizamos. 

 

Pasamos la vida buscando y esperando, y la mayor parte no sabemos a qué. A veces es difícil identificar lo que realmente es necesario cubrir en nosotros mismos debido a la gran falta de escucha a la que estamos habituados. Otras veces sabemos exactamente lo que es preciso para recargarnos y encontrarnos con nosotros. Pero entonces, llega el patrón de culpa, de duda, de falta de valor, de inercia, de justificación, de miedo… y ¡de nuevo al calabozo!, a la prisión del quehacer bajo los parámetros que nos condicionan, nos limitan, nos ahogan y nos consumen la vitalidad. 

 

La vida nos muestra múltiples opciones. Pero sólo nosotros podemos escoger cuál seguir. Sabemos reivindicar la libertad, sin embargo, ¿la permitimos o vamos a contracorriente?.

 

Si algo entrega un espacio de tiempo dedicado al descanso o a actividades fuera de la dinámica rutinaria, es la capacidad para tomar perspectiva en la visión de uno mismo. Cuando observamos nuestra forma de vivir y de relacionarnos con lo que nos ocurre, podemos identificar con mayor sensibilidad cuál es el impacto de ese presente en nosotros, para así tomar decisiones coherentes y alineadas a nuestra integridad. 

 

“Cuando la corriente nos arrastra nos muestra con total claridad que hemos perdido nuestro propio agua.”

 

Fluir es un estado de bienestar y de integridad. La fluidez, como todos sabemos, es una capacidad innata en el agua, pero para que pueda asentarse como hábito y podamos integrarla en cada una de nuestras formas de relacionarnos, es necesario ser parte del movimiento de su consciencia en nosotros. ¿Y cómo lo hacemos?, con práctica, con ternura, con soltura y con mucha frescura. Es preciso instaurar en nosotros unas leyes universales que nos permitan acceder a su vibración y lograr su consecuente materialización. ¿Vamos a ello?.

 

Entremos en el portal del agua. Y ahora, vayamos a una situación incómoda que reconozcamos en nuestro día a día. ¿Puedes observarte cómo la situación te consume, te arrastra y te lleva a un lugar de desgaste, saturación, e incluso de confusión?. Cuando nos relacionamos desde lo racional, estamos moviéndonos en la superficie del hecho. En esa superficie cualquier acción toma un impacto de gran dureza, tomando fácilmente el control de la situación. En ese plano, nuestra mente teje una cantidad de información de tal calibre que podría mantenerse ilimitadamente sin necesidad de que sucediera nada diferente a nivel externo. Si en lugar de posicionarnos en la superficie, nos sumergimos hasta la profundidad del hecho, somos capaces de percibir unas frecuencias muy diferentes; en el fondo, podemos sentir lo que ocurre con otra percepción de la realidad, tanto dentro como fuera de nosotros; identificando así cada movimiento y cada sensación desde una referencia pausada y libre de condicionantes. Mantenernos en el terreno superficial nos permite vislumbrar inmensidad de pensamientos, lo cual está muy bien; acompañarnos a la profundidad, nos facilita el acceso al sentir, hecho que permite reconocer lo que resuena en nosotros y es afín. ¿Qué es lo que logrará claridad, una cantidad de información incesante, contradictoria y sumamente rápida, o un estado interno que te coloca en una serenidad instantánea más allá de las características de las circunstancias?. 

 

Cada uno puede encontrar sus respuestas si se da lugar a tomar contacto con ellas. Pero las respuestas vibran a unas frecuencias concretas. Si no estamos en su medida, no podemos alcanzarlas. El pensamiento se simplifica con un sentir concreto. Siente y lo sabrás. Y entonces, lo único que necesitarás es continuar. ¿Con qué? Con tu presencia en el siguiente tramo del viaje. ¿Para qué? Para continuar descubriendo tu resonancia, tu afinidad y todo aquello que sea parte de tu esencia, de tu cualidad, de tu integridad. El propósito nace de la experiencia de cada tramo del viaje. Sólo uno mismo puede vislumbrar su claridad. El sentir es interno e individual, así como cada sendero recorrido. Ser fiel a uno mismo comienza con la inmersión en el sentir y continúa con la voluntad de mantenerlo en cada espacio de vida. Es ahí donde el agua se manifiesta en nosotros y donde podemos practicar la sabiduría del fluir. 

 

Mantén la profundidad en ti para permanecer en el vínculo real con tu sentir, confía en su experiencia y deja que lidere en el flujo de aquello que te reta diariamente. Permite que ese timón te muestre el verdadero significado de su experiencia. Da una oportunidad a lo que sientes y tu pensamiento se hará cristalino. Mueve tus aguas y lo estancado se colocará gracias a ti. 

 

¿A quién entregas la dirección? 

 

Lo que nos tensa, reprime el flujo. ¿Qué genera una continuidad serena en ti? ¿Qué te acerca a la realidad sin lucha ni reproche?

 

El movimiento del agua nos entrega claridad cuando nos sentimos en él. Hay muchas formas de bailarlo. Más allá de si danzas explícitamente o lo vives en la cotidianeidad, te animo a que sintonices con esa consciencia acuosa que vive en ti, y concedas a la experiencia, la oportunidad de mostrarte su valor. 

 

Hay infinitud de hechos que no dependen de nosotros, y muchos que sí. Mantener la naturaleza del agua viva en nosotros es uno de los que sí. Confía en tu capacidad. La experiencia te lo mostrará y te lo facilitará.

 

Seguimos en ruta.

Gracias por vuestra compañía.

Con amor,

Noelia

 

Imagen perteneciente al retiro A solas conmigo: encontrando mi Soledad.
Autora: Marta Casanovas