Acercándome a la Tierra, ENCONTRÉ EL CIELO

 

El cuerpo tiene mares… con islas donde el agua canta sus mensajes de eternidad… con ríos que van a morir adonde un día nacieron aunque de ello no nos demos cuenta… con arroyos que son también arrullos donde se cierne la ternura para después darse en unas manos… con fuentes que son manantiales de frutas que nos alivian la sed y el hambre… con pozos donde el rostro mira su reflejo para verse o para hacerse verso entre los susurros del agua.

El cuerpo tiene mares… donde los dioses nos hablan… nos cantan y nos sueñan… o guardan silencio.

Eso hace el agua… sobre todo antes de hacerse sangre y ser de una naciente primavera entre las células y en la carne.

 

Ulha Maleva

 

Hay momentos en la vida que puedes llegar a sentir tanta incapacidad para abarcar todo lo que ocurre que ni tan siquiera eres capaz de tirar la toalla, pues incluso tras ello, no sabrías dónde colocarte.

En estos espacios ni las palabras se comprenden así mismas y las sensaciones que aparecen ante cada circunstancia se amontonan con tal rapidez que pierdes incluso la necesidad de intentarlo.

 

Entonces, aparecen respuestas que por mucho que tratemos de evitarlas, nos acompañan. Como es arriba es abajo y así es dentro como fuera. Por ello, si observamos el comportamiento del Universo comprenderemos lo que ocurre en nuestro propio universo entero.

 

Cuando lo externo es demasiado grande y se me viene encima, vuelvo a esa perspectiva que me hace observar desde un lugar donde nada está separado y todo tiene su lugar estratégico. Y ese punto de observador no es otro que el de la frecuencia de la quietud.

 

Volvamos a nuestro universo, donde cada espacio externo tiene una representación a mínima escala dentro de nosotros.

Para poder abarcar la imagen, podemos centrarnos en el Planeta Tierra. Si ese planeta habitara en nuestro interior, y cada una de sus situaciones que suceden en él, las pudiéramos vivir como pensamientos, emociones y sensaciones propias, ¿viviríamos de la misma forma nuestras crisis y nuestros callejones sin salida?.

 

Si por un momento nos diéramos el permiso para atender el propio movimiento de nuestro cuerpo-planeta sin intervenir en su proceso; observándolo con amor y entregándole el mejor cuidado para crear las condiciones óptimas para desempeñar su camino, ¿qué estaría ocurriendo?.

Estaríamos cuidando la tierra para que lo que allí se cultivase fuese libre para desarrollarse sin manipulaciones externas.

 

Ahora vayamos a nuestra vida. No hace falta irse muy lejos. Cojamos lo que estamos viviendo en esta última semana y dejemos que nos cuente de qué forma estamos relacionándonos con ello. Si ese todo externo ocurriera en nuestro cuerpo, ¿cuál sería nuestro comportamiento con él?

¿Existe rechazo, desconcierto y negación? ¿Quizá necesidad de que sea de cualquier otra forma? ¿Hay absoluta confianza en lo que está generando inquietud en ti?

¿Ofreces un acompañamiento sin crítica, abierto a encontrar lo que ese nuevo desafío muestre de ti mismo?

 

Imaginemos por un momento que todo lo que ocurre fuera se tratara de puros movimientos de un planeta en plena reconstrucción. ¿Qué ocurriría si interviniéramos en ello? Las interferencias serían nefastas.

 

Ahora ampliemos nuestro universo. Si las circunstancias son movimientos de un planeta en pura reubicación, y lo que vivimos como resonancia internamente es un movimiento paralelo de un reajuste propio… ¡qué bonito sería comprender ambas perspectivas desde esa contemplación que admira la sabiduría de la vida en todos sus ángulos!

 

Para mí la frecuencia de la quietud nos coloca en la posición de no juicio y plena admiración. Un espacio donde reconocer de dónde venimos y la grandeza de su existencia. Un lugar donde sentir la inutilidad de cambiar lo que es desde un hacer o una resistencia, que lo único que consigue es cegar tu mirada hacia tu propia razón de ser.

 

Cuanto más se supone que avanzo en mi camino, más perdida me encuentro. La inmensidad que se va haciendo visible a través de hechos cotidianos, es tan impactante, tan intensa y magna, que mi movimiento de consciencia se afianza al saber que nada sé. Es así como me siento y me muevo en mi día a día. Confío y me entrego a mi sentir. Nada de lo que está ofreciéndome el presente depende de mí y al mismo tiempo siento ser incapaz de llegar a su sentido. Por ello, en estos momentos de mi vida, siento vivir en una entrega que no busca, que escucha sin buscar diálogo, que ofrece sin percibir una petición, que reza por mantener la claridad de su coherencia y su humildad.

 

Por ello, ahora siento que mi forma de vivir se ha transformado en un acercamiento a la vida.

Antes, para comprender me apartaba a la guarida que me creaba a través de los espacios artísticos. Ahora, la dirección ha cambiado su sentido.

Para comprender me acerco a la vida.

Cuanto más puedo incluirme en la realidad que se muestra en ese momento, más sentido encuentro para estar ahí aunque no pueda entenderlo ni explicarlo.

Y es precisamente esa cercanía la que despierta un estado de paz inmutable en cualquier fase de la crisis que ese momento se esté dando en mi entorno.

 

Hay unas palabras que definen este camino que llevo tiempo experimentando:

Acercándome a la tierra, encontré el cielo reflejado en mi agua.

 

Si permito que el agua de mi interior, fluya sin atascos, acogiendo todos los estados emocionales por los que toque transitar, sin enganches a ninguno de ellos, estaré creando en mí un espejo puro para que lo externo se reciba en ella como un reflejo de la luz que hay en esa situación.

 

Si estamos en una vibración serena, nuestro propio océano puede discernir lo que venga de fuera, haciéndonos receptores de información, de comprensión y como no de frecuencias capaces de generar un cambio necesario en nosotros.

 

Hay espacios difíciles de describir con palabras donde el sentir es su único lenguaje. La quietud está caracterizada por ello. Por esta razón, hoy me siento incapaz de describir mejor mi experiencia en ella.

 

Ojalá que pueda llegar a acariciar vuestra tierra para que desde ella podamos compartir lo que se hace imposible a través de una pantalla.

 

Gracias por vuestra confianza

 

Con lágrimas que endulzan la incertidumbre pulsada en mi corazón os abrazo con todo mi amor

 

Noelia